
En un acto en la Rural de Palermo, se presentó el primer libro del concurso Rincón Gaucho en la Escuela y se entregaron los premios a los ganadores de la actual edición
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Desde 2004 el Concurso del Rincón Gaucho propone a chicos de escuelas rurales de todo el país el registro de historias de color local. Esta iniciativa, que tuvo eco en escuelas de isla y de desierto, en las de frontera y monte, en las de cordillera y puro cielo, tomó la forma de un libro que reúne además de los textos ganadores en los dos últimos años, citas de varios autores acerca de la transformación constante del paisaje y de las costumbres, ilustraciones de Rodolfo Ramos y propuestas de trabajo para el aula.
El libro Rincón Gaucho en la Escuela fue presentado públicamente el miércoles pasado en un acto durante el cual también se entregaron los premios de la presente edición del concurso organizado por LA NACION, la Fundación Cargill y el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología.
Los veintiséis alumnos premiados, que viajaron desde diferentes localidades de doce provincias, serán los autores de un próximo libro que se distribuirá en todas las escuelas del país e institutos de formación docente en 2007, según anunciaron ayer los organizadores, motivados por la coordinadora de la Campaña Nacional de Lectura y jurado del concurso, Margarita Eggers Lan, quien advirtió que "los chicos de zonas urbanas deberían leer estas historias que transmiten tanta esperanza y fortaleza".
Por su parte, el ministro de Educación, Daniel Filmus, destacó que la iniciativa de convocar a los chicos de escuelas rurales para investigar la historia local y escribir relatos breves favorece la comunicación entre escuelas ubicadas en áreas de difícil acceso o más cercanas a la frontera. Participaron del acto, entre otros, el presidente de Cargill, Cristian Sicardi; el secretario de Redacción de LA NACION Carlos Reymundo Roberts; el maestro Eulogio Argüello, y el alumno Gabriel Ermacora, de Formosa.
Este primer libro del concurso refleja también la intención de incentivar el reconocimiento de lo propio y de los otros para que se advierta la diversidad de la que somos parte. De hecho, el concurso, inspirado en la figura del gaucho, deja saber que los protagonistas que han hecho y hacen la historia nacional lo exceden y que una memoria equilibrada debe incluir también al inmigrante de lengua extraña que llegó a partir del siglo XIX y al nativo hijo de las culturas originarias que habitaron la geografía sudamericana desde tiempos inmemoriales.
Los relatos de los chicos demuestran, además, que el aparente vacío del territorio en amplias zonas, en verdad está poblado de testimonios que la escuela puede tomar para integrarse, incluso a pesar de los condicionamientos geográficos y culturales. En este sentido puede decirse que todos los chicos resultaron ganadores. Primero, porque vencieron en el desafío de investigar asuntos que no suelen surgir en las propuestas educativas. Segundo, porque -como dicen muchos de ellos- tuvieron la oportunidad de indagar en la historia de su comunidad y descubrir aquello ignoraban.
Por todo eso, el jurado insiste en que -más allá de los premios y distinciones- todos los aportes deben ser considerados por los espacios de memoria local -museo, biblioteca, la propia escuela- para ser retenidos y atesorados. Porque incluso en más de una oportunidad los chicos realizaron una tarea de investigación sin antecedentes: recogieron datos y testimonios que corren el riesgo de perderse sin registros.
El libro, como una buena cosecha, tiene detrás al hombre que trabajó la tierra: en este caso, además de los chicos, los docentes que hicieron un alto en su rutina o que dedicaron más horas a la ya comprometida tarea diaria, para orientar y ayudar a quienes querían participar.
Entre dibujos, mapas y fotos de escenas de trabajo ya extinguidas los chicos pintaron una Argentina en la que todos somos responsables de mantener las tradiciones y de construir las de mañana.
El concurso Rincón Gaucho en la Escuela se convierte año a año en un mapa actualizado del país que construimos desde la escuela y desde el campo, desde la lectura y la escritura, incluso desde el silencio. Hay en esos recortes de realidad una imagen mucho más rica que la ofrece cualquier censo. Por otra parte, la palabra de los chicos, con la fuerza de su ingenuidad y de su esperanza, refleja la necesidad de una educación que sea posibilidad real de construir una geografía integrada.
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