Una cosa es domar y otra es jinetear, no debemos confundir

La doma es la tarea de amanse del caballo para el trabajo y la jineteada; es la contienda leal "de igual a igual" entre el montador y el reservado
La doma es la tarea de amanse del caballo para el trabajo y la jineteada; es la contienda leal "de igual a igual" entre el montador y el reservado Fuente: LA NACION - Crédito: Fabián Marelli
Ñaró Uribe
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22 de diciembre de 2018  • 01:00

Hoy voy a rememorar las topadas entre reservados y jinetes que nos hicieron vibrar a quienes disfrutamos de la cultura y deportes gauchescos. Pero primero, me permitiré hacer una necesaria aclaración.

Muchas veces se suele confundir la jineteada con la doma, a tal punto que el principal evento que categoriza a los triunfadores en cada categoría como "campeón argentino", fue equivocadamente bautizado Festival de Doma y Folklore de Jesús María. La doma es la tarea de amanse del caballo para el trabajo y la jineteada; es la contienda leal "de igual a igual" entre el montador y el reservado .

Arrancaré este relato con algo que podríamos titular como atípico y que ocurrió en 25 de Mayo, allá por marzo de 1968. Osmar González, un simpático paisano que solía festejar saludando con el rebenque, como el día de la monta especial en El Cimbrón de Zenón Allende, le quitó un larguísimo invicto al Toro Mandinga, un holando argentino que superaba los 700 kilos que era propiedad de un tal Balañas, que tuvo que responder por una importante suma en apuestas (daba hasta 3 a 1 de usura), y llegaba con más de 50 montas sin que ningún jinete lo pudiera.

Otro relato que causó revuelo por aquellos tiempos fue el día que en La Cerrillada y con la grupa, Norberto Tucuta Schang "el más grande de todos los tiempos" despojó de una larga fama de imbatible a El Tiburón de Bustillo, o cuando Oscar Calamano se floreó arriba de El Mezquino de los hermanos Lavallén, que también llegaba invicto como el anterior.

Una trenzada que concitó mucha atención fue cuando Miguel Tancredi el Carrilero, demasiado cuidadoso para mi gusto, le ganó la partida en Baradero a La Cautiva de los hermanos Somohano, esa yegua muy bellaca que a veces llamaban "la novia del Zorro". Voy a recordar también al legendario Rodolfo Barrios -único en la monta de las clinas- aquella vuelta en que venció al famoso Cuatro de Copas de Lavallén y le valió nada menos que la tapa de la revista A lonja y guitarra.

Sería injusto no señalar por actuales la del reciente campeón de Jesús María Diego Borda versus El Torito de Fabricio Duo, o la topada de Tati Giménez y aquella jineteada inolvidable cuando montando a El Temblor de Cacho Aldaz quedó colgado de los estribos y logró volver con toda su humanidad a los bastos para culminar su magistral faena.

Voy a pasar de largo la histórica entre Tucuta Schang y El Zorro porque ya les dediqué muchas líneas en algunas anteriores notas, pero hablando del caballo de la historia voy a destacar en el final de esta nota el día que le tocó toparse con el más grande campeón, Jorge Raúl Aristegui.

Su hermano Carlos había perdido la vida tiempo atrás montando el mismo caballo, cuando quedó colgado de la estribera y supo convocar a más de 30.000 personas, la mayor cantidad de público en la historia de las jineteadas; solo comparable con un clásico de fútbol, pero con un final, como tantos eventos que revisten importancia en nuestro país, que terminó provocando encendidas controversias. En la segunda suelta, porque el reservado se boleó en el palo en la primera, terminó ganando el montador, aunque Omar Passarotti, el dueño de El Zorro de Cascallares, nunca reconoció el resultado.

Para finalizar, y en alusión a los párrafos que ocuparon la primera parte de esta nota, voy a recrear unos versos del payador surero que rezan: "El domingo hay una doma, la gente suele decir, y yo alcanzo a discernir, que una cosa es domar, y otra cosa es jinetear, no debemos confundir".

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