Raúl Peyrano comenzó fabricando cilindros hidráulicos y hoy hace, también, ganadería, agricultura y lechería
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CORDOBA.- "La ganadería da para mucho más, para el doble de lo que estamos haciendo", dice Raúl Peyrano, con la misma convicción con la que encaró sus cosas y que lo ha convertido en un empresario multifacético.
Peyrano es el conductor de una empresa familiar propietaria de la Cabaña Rancho Grande, considerada uno de los cinco establecimientos que más toros venden en la Argentina. Además, siembra una cantidad importante de hectáreas, explota un tambo de alta producción y tiene la fábrica de cilindros con que comenzó como líder en su rubro.
Peyrano -de 65 años, nacido en Chañar Ladeado, Santa Fe y afincado en Corral de Bustos, Córdoba- acaba de realizar en las instalaciones de la cabaña el 19° Remate Anual de su producción de Angus, Hereford, Brangus y Braford. En la Exposición Rural de Palermo de este año, Rancho Grande consagró la Gran Campeón Hembra Brangus, que se vendió en 115.000 pesos.
Estos valores marcan el nivel de los reproductores de Peyrano, que se nutre de los embriones de los Estados Unidos, utilizando toros que dejan huella en el mundo. Pero este empresario tiene un comienzo muy modesto. Peyrano dialogó con LA NACION rodeado por sus hijas: Daniela, Andrea y Mariana. La "patrona", Antonia, está internada en Córdoba y, cada dos por tres, Raúl la nombra y lagrimea.
Luego, cuenta: "Empecé en el año 1962 fabricando repuestos para terceros.Vengo de una familia muy pobre. Me inicié solo, porque cuando volví del servicio militar la fábrica donde trabajaba se presentó en convocatoria. Me dieron un torno para pagarme la indemnización y ahí arranqué. Fui creciendo y logré formar Cilindros Peyrano, que hoy es número uno en cilindros hidráulicos".
-¿O sea que, en ese entonces, nada de campo?
-No, solo en 1970 me largo con los campos, con uno muy chico, de 270 hectáreas. Tenía la mitad de la plata que pedían. Y un amigo mío me dijo: "Raúl, compralo, yo te salgo de garantía". Un tiempo después, terminé de pagarlo. Fue una buena gauchada.
-Y en esas 270 hectáreas, ¿qué hacía?
-Empecé con Aberdeen Angus puros controlados, comprando lo mejor que había: La Danesa, de Firpo; Paz Anchorena; Flores Chicas, de Areco y Fortabat. Las mejores cabañas. Compraba de a 6 vacas.
-¿Nada más que de a 6?
-Sí, de a 6 por vez. Y así me fui armando hasta formar la cabaña. Empecé con un rodeo puro controlado y en el año 1982 ya peleábamos el Premio Gallardete de la Asociación de Angus. Tenía un ladero incondicional, un hombre muy capaz, don Juan Heghibere. Se enfermó y, lamentablemente, falleció. Luego llegaría Gustavo Ambroggio, que en ganadería es un "monstruo".
-Se rodeó de asesores de primera, ¿no?
-Aparte de Ambroggio, en agricultura tenemos a Hugo Ghio, una figura nacional de la siembra directa, y así en todos los órdenes. Es un gran equipo humano y profesional.
-Y en cada lugar, ¿también están sus tres hijas?
-Sí, cada una está en una función clave, integrando el equipo, al igual que sus maridos.
-Después de Angus, se amplió a Brangus y Braford, ¿por qué?
-Veíamos que el mercado daba para más y en 1982 reflotamos un rodeo Brangus, pensando en los campos del Norte. Los resultados se empezaron a dar, nos entusiasmamos y agregamos el Braford. Hoy estamos en un plan de 3500 madres, tenemos nuestro centro de trasplante de embriones y este año hicimos 400 preñeces de embriones.
-¿Y adónde va la ganadería argentina?
-Como productor lo pienso y me entristece que no tengamos todavía un programa de ganadería. Ahora no se podrá faenar menos de 300 kilos; debiéramos hacer de 400 kilos quizás. Nosotros vendemos para exportación en 500 kilos y la carne es espectacular. Es mentira que los animales chicos son mejores. No podemos matar tres para comer uno; eso no se hace en ninguna parte del mundo. Hay un montón de campos que están sin vacas en el Norte, pero nos falta un programa, no medidas aisladas; el rumbo ganadero no está claro, nos hace falta algo serio. De una vez por todas hay que tomar el toro por las astas y hacer un verdadero plan ganadero.






