Canje: un sector del Gobierno presiona para lograr un acuerdo

Si bien en el Ministerio de Economía descuentan que la negociación seguirá más allá de mañana, los tiempos que maneja Guzmán impacientan a algunos referentes del oficialismo; temen los efectos económicos de demorar la firma
Si bien en el Ministerio de Economía descuentan que la negociación seguirá más allá de mañana, los tiempos que maneja Guzmán impacientan a algunos referentes del oficialismo; temen los efectos económicos de demorar la firma Fuente: Archivo
Francisco Jueguen
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1 de junio de 2020  

El tiempo no se percibe como único. Tampoco en el proceso de reestructuración de la deuda. Parte del oficialismo apurado por evitar un default y evitar las consecuencias de una negociación extendida impulsa al ministro de Economía, Martín Guzmán, a cerrar un acuerdo con los acreedores con títulos midiendo, como nunca, el impacto negativo que esa incertidumbre genera tanto en las encuestas políticas como en los números de la economía.

Guzmán entiende ese impacto. Pero su juego es otro. "Juega al fleje", ilustran y cuentan cerca de él. La extensión de las negociaciones más allá de mañana, cuando vence la prórroga que el Gobierno y los acreedores acordaron el 22 de mayo pasado, permitirá a su equipo seguir puliendo una propuesta que, centavo a centavo, significarán millones de dólares por año al país. Su eje, como desde que se sentó en el sillón del Ministerio de Hacienda, sigue siendo la sostenibilidad a largo plazo, algo que a nivel político resulta inentendible, sobre todo en tiempos de pandemia, con cada vez menos reservas y con un "supercepo" que día a día se torna más cerrado.

"El proceso normal sería ir con una oferta que tenga mayor acompañamiento de distintos inversores", dijeron ayer a LA NACION fuentes que forman parte de la negociación dentro del Palacio de Hacienda. Dan a entender que el proceso de negociación volverá a extenderse más allá del vencimiento de mañana. Como contó LA NACION el viernes, mañana se cumple un nuevo deadline , el tercero, para el camino que emprendió Guzmán meses atrás.

Las opciones que se abrían eran dos. Sin acompañamiento de los comités de acreedores, el Gobierno se hubiera visto obligado a presentar una enmienda a la oferta original de fines de abril. Esa oferta tendría que bajar mucho las expectativas argentinas. Caso contrario, llegaría la aceleración de los bonos que están en default y se gatillarían los credit swap default (CSD). Formalmente, ese es el momento de la cesación de pagos soberana.

La otra opción, la preferida por el Ministerio de Economía, intentará extender por un nuevo plazo las negociaciones con los acreedores. Pero como la Argentina se encuentra en default selectivo, esta opción es solo válida con los comités de acreedores sentados a la mesa y con "buena fe" para seguir negociando. La buena fe se traduce como nuevos acuerdos de confidencialidad para afinar números finales y la disposición a hacer mejores propuestas, algo que, descuentan fuentes oficiales, llegará en los próximos días.

El jueves pasado, el propio Guzmán mostró que este último es el contexto que busca recrear. El ministro salió a oficializar que había mejorado su oferta inicial solo horas después de recibir una propuesta conjunta de dos grandes comités. Ese ida y vuelta que se ha dado fue una señal al mercado. Las negociaciones existen, el acercamiento se ha dado, pese a que el propio ministro enfatizó que todavía quedan grandes diferencias entre las partes.

Centavos que cuentan

Parte del oficialismo, que desea acordar ya, comenzó a fogonear la idea del cierre de un acuerdo sobre la base de 50 centavos por dólar a una tasa de descuento del 10%. "Si la oferta está por arriba de 50 centavos de dólar se mete mucha gente", ya habían anticipado fuentes técnicas cercanas a la negociación el viernes. Parte de la política está apurando la llegada a la meta que desde el primer día es aceptable por los acreedores privados bajo ley Nueva York.

La oferta original de Guzmán fue de 40 centavos. Pero ese número subió a los 45 centavos por dólar en la propuesta que mostró el jueves pasado el Ministerio de Economía. Los fondos, por su parte, bajaron sus demandas de 60 a 55. "Nos hemos acercado, pero aún hay un camino importante por recorrer", dijo la semana pasada el economista en un comunicado a los medios.

Presiones y ansiosos

"Hay presión. Hay ansiosos", reconocen cerca del ministro Martín Guzmán, pese a que dicen que todos buscan llegar al mismo objetivo final. Tanto el presidente Alberto Fernández como la vicepresidenta Cristina Kirchner y el diputado Sergio Massa quieren el mismo desenlace: que la Argentina no caiga otra vez en default. Pero los tiempos que manejan son diferentes. "Hay estrategias diversas en busca del mismo fin. Guzmán juega al fleje, al límite temporal para llegar a un acuerdo razonable", cuentan. Aunque ayer en la Casa Rosada negaron que esos matices no existieran. "La ansiedad es del mercado", señalaban cerca del presidente Alberto Fernández.

"Si las diferencias no son grandes hay que acelerar el acuerdo de la deuda sin dar más vueltas", fue el mensaje que, según contaron a LA NACION, le dieron los grandes empresarios que charlaron en la semana pasada con Guzmán vía Zoom, uno de los primeros encuentros de este tipo que mantiene el exprofesor de la Universidad de Columbia.

"Él [por el ministro Guzmán] está jugando contra reloj en la desactivación de una bomba. Cuando se mira esa situación desde afuera hay algunos a los que les parece que debería haber una resolución más rápida", dicen algunos funcionarios más ligados al ala política del Gobierno que a los técnicos de finanzas.

En el massismo afirman que Massa, que tiene buen diálogo con los grandes fondos, es uno de los impulsores de acelerar el cierre del acuerdo, "aunque sin firmar cualquier cosa". El diputado, dicen cerca suyo, transmite también esa idea al Presidente. "Guzmán tiene la estrategia de mandarse cartas y los tipos quieren sentarse cara a cara a cerrar. No se puede seguir con esa franela", graficó ayer un hombre cercano a Massa.

Pero esos tiempos más "flexibles" de Guzmán para lograr un buen acuerdo no dejan margen a otros funcionarios a la hora de administrar recursos escasos en la Argentina. Es lo que le pasó, por caso, al presidente del Banco Central (BCRA), Miguel Pesce, que el jueves pasado, el mismo día que Guzmán aclaró que faltaba un trecho importante para cerrar con los bonistas, instaló un "supercepo" que afecta al dólar comercial y que puede provocar un fuerte dolor de cabeza a las empresas y también a los consumidores.

Pesce, un albertista de la primera hora, por las dudas aclaró sus tiempos: "Tendremos que ver cómo responde el mercado al estímulo si la negociación [de la deuda] es exitosa. Espero que podamos liberar el mercado una vez que se resuelva esta negociación". Sin embargo, cerca del presidente del BCRA estimaron ayer que la negociación es "compleja" y que "no llama la atención" el tiempo hasta ahora transcurrido en ella.

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