
Cavallo busca que, en lugar de atarse a uno solo, el peso pueda correr un maratón junto a dos gigantes
El esquema no regirá hasta que el euro alcance el dólar y, por lo tanto, la moneda nacional
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Hace apenas una semana, cuando anunció su intención de ampliar la convertibilidad con la inclusión del euro, Domingo Cavallo no pudo imaginar que el tembladeral financiero que sacudiría al país -con un riesgo soberano que superó otra vez los 1000 puntos básicos y la consiguiente sombra del default- amortizaría la novedad de su plan con la rapidez del rayo.
El objetivo del nuevo régimen (que sólo entrará en vigor, sanción legislativa mediante, cuando la divisa europea alcance la paridad con el dólar) es aventar tanto la posibilidad de una devaluación como la dolarización total de la economía. Después de la sorpresa inicial, sin embargo, el proyecto de convertibilidad II provocó una ola de dudas y críticas, en el país y en el extranjero.
El súbitamente célebre economista Charles Calomiris resumió el consenso de Wall Street al respecto al afirmar que el principal temor de los inversores es que el Gobierno no espere a que el euro y el dólar estén 1 a 1 (algo que puede ocurrir dentro de una semana, un mes, un año o aun más) para modificar el tipo de cambio. "La convertibilidad era lo único seguro en la economía argentina -señala off the record un alto ejecutivo de una casa de inversión en Nueva York-; tocar ese tabú, sin ningún beneficio inmediato, y en un escenario tan inestable como la Argentina actual, sólo genera más incertidumbre." También causó desconcierto que se anunciara algo que todavía no existe. "Si el Gobierno realmente cree en esta medida, ¿porqué no la aplica ya?", pregunta el profesor de la Escuela de Administración de Yale David De Rosa. En un artículo publicado el miércoles por Bloomberg, cuando el euro alcanzaba los US$ 0,88, De Rosa afirmó que la Argentina podría haber fijado un tipo de cambio de paridad en 0,50 dólar y 0,5681 euro. "Hacer eso -responde Mariano Flores Vidal, de la consultora IB&CP- habría implicado una devaluación de cerca del 7 por ciento." No todas las opiniones son adversas. Miguel Gutiérrez, managing director de JP Morgan, piensa que el nuevo régimen fortalecerá la convertibilidad. "Cavallo ls está respondiendo a quienes pensaban que la Argentina podía devaluar -afirma-; el respaldo dual de la moneda permitirá flexibilizar el tipo de cambio sin caer en esa alternativa, ya que el peso se apreciará o depreciará en función de una causa externa, como es la variación del euro respecto del dólar, y no de un factor endógeno e imprevisible, como una devaluación." ¿Por qué, entonces, los mercados reaccionaron tan mal? "El momento elegido para el anuncio no fue el más oportuno", señala Gutiérrez.
Juan Arranz, economista jefe del Banco Río, también ve la propuesta con buenos ojos. "Es una manera muy inteligente de evitar sobrevaluaciones bruscas del dólar, que nos provocan deflación y pérdida de competitividad", dice. Uno de los tantos rumores que pulularon durante los últimos días en la City afirma que, para apoyar el nuevo esquema, la banca europea habría asegurado al Gobierno líneas de redescuentos en euros. "Cavallo sostiene desde hace mucho la necesidad de una canasta de monedas -responde Arranz-; nosotros lo acompañamos porque creemos que es bueno para el país."
Experiencia inédita
Arranz piensa que muchos desconfían del proyecto porque no lo entienden. "El mecanismo es muy simple, pero hay que analizarlo con detenimiento", señala.
El escepticismo se justifica si consideramos que una caja de conversión con canasta de monedas es una experiencia prácticamente inédita en el mundo. Flores Vidal señala que su principal antecedente son los Derechos Especiales de Giro (DEG), la unidad de cuenta que usa el FMI para sus transacciones con los países miembros.
En todo caso, la Argentina sería la primera economía de envergadura -su deuda representa el 25% de la deuda total de los países emergentes- en llevarla a la práctica.
El nombre mismo del sistema, "convertibilidad dual", es un neologismo acuñado por Stefan Eril Oppers (el mismo economista al que Cavallo acusó de ignorante, junto con Charles Calomiris) en un paper publicado a fines de 2000 por el FMI.
En 1991, la ley de convertibilidad creó una caja de conversión, por la que cada peso en circulación debe estar respaldado por moneda dura (dólares y títulos de tesorería) y fija el tipo vendedor del peso en el promedio simple de 1 dólar y 1 euro.
Si es sancionada por el Congreso, la nueva convertibilidad entrará en vigor al día siguiente de que el euro cotice a 1 dólar en Londres. Algunos creen que ahora que alcanzó US$ 0,90, el euro llegará rápidamente -e incluso superará- aquella paridad. Esta especulación se basa en la demanda de euros del gobierno argentino, que, para cubrir las reservas que el nuevo esquema le obligará a tener en esa moneda, empujaría el precio a la suba.
Paradójicamente, el peso perdería así la oportunidad de sacar ventaja de una caída del dólar, a cuya apreciación estuvo atado en los últimos años.
¿Hacia la dolarización?
Pero la nueva convertibilidad puede también producir el efecto contrario al que Cavallo desea:aumentar la dolarización en lugar de reducirla.
Dado que el valor del peso será equivalente al promedio del euro y del dólar, nuestra moneda será la menos volátil de las tres. Lo más racional sería entonces endeudarse en pesos, para reducir salomónicamente la exposición cambiaria. La economía debería empezar a "pesurizarse", y la tasa de interés, a bajar.
Es principalmente por esto que Cavallo anunció la medida antes de concretarla. "Al anticiparle a la gente lo que va a ocurrir, dio previsibilidad al sistema", dice Flores Vidal.
La gran pregunta es si el resto de los argentinos razonará igual que el ministro. Muchos creen que la incertidumbre de no saber cuánto valdrá exactamente un peso hará que la Argentina se dolarice aún más.
Por eso, el éxito del plan dependerá en gran medida de la permanencia de la gente en el sistema financiero. Los antecedentes no son buenos: en el último mes se retiraron 5000 millones de depósitos -en pesos y en dólares- de la banca pública y privada.
"Desde 1975, los argentinos adoptaron el dólar como unidad de cuenta y de reserva -dice Abel Viglione, de FIEL-; la ley de convertibilidad reformó el Código Civil para permitir contratos y depósitos en cualquier moneda, pero la mayoría de las transacciones en divisas sigue realizándose en dólares. No veo por qué ahora habría de ser diferente."
¿Qué pasará con las deudas en dólares? "Hoy es posible hacer swaps de monedas y de tasas, pero casi nadie sabe cómo hacerlos", agrega Viglione. Los contratos de servicios públicos, además, siguen siendo ajustables por la inflación de los Estados Unidos.
Algunos piensan que Cavallo perdió su primera batalla importante y que en los próximos días deberá adoptar el camino de la ortodoxia que los mercados le reclaman.
El futuro de la nueva convertibilidad está en manos del Congreso. La semana última, el proyecto fue aprobado en la Comisión de Presupuesto y Hacienda de Diputados.
Se descuenta la media sanción de esta Cámara, pero el camino del Senado podría ser más ríspido. Allí, convocados por los legisladores menemistas para discutir las ventajas y desventajas del sistema, los defensores de la dolarización darán su ofensiva (¿final?).




