Cómo Bankia desató la crisis del sistema bancario español

David Enrich
Sara Schaefer Muñoz
Christopher Bjork
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11 de junio de 2012  

Un grupo de banqueros, autoridades del gobierno y contadores se reunieron a fines de mayo en el Ministerio de Economía de España para tomar una decisión difícil: Bankia SA, uno de los principales y más alicaídos bancos del país, necesitaba 19.000 millones de euros, US$23.800 millones, en fondos públicos para sanear sus finanzas.

El problema era que ninguno de los presentes sabía exactamente de dónde saldría el dinero.

La respuesta llegó el sábado, cuando España anunció que solicitará un rescate internacional de hasta 100.000 millones de euros para rescatar la banca. Eso, a su vez, está disparando nuevos temores sobre la zona euro, el bloque de 17 países que comparten el euro.

España se encuentra en el atolladero porque sus bancos concedieron créditos y realizaron inversiones imprudentes durante años. Pero eso no es todo. El gobierno también cometió una serie de errores de cálculo al afrontar la crisis bancaria. Tanto el gobierno como el sector financiero optaron por soluciones temporales en vez de hacer una gran reestructuración de la banca, apostando a una mejora de las condiciones económicas.

Si bien Bankia es el principal banco en problemas, los inversionistas y las agencias calificadoras de riesgo prevén que otras entidades de tamaño mediano necesiten inyecciones de capital. El Fondo Monetario Internacional publicó el viernes un informe que estimaba que los bancos españoles requerirán al menos 37.000 millones de euros y, posiblemente, el doble.

Hace dos años, el gobierno combinó siete cajas de ahorros regionales en aprietos para formar Bankia. Aunque los bancos de las comunidades autonómicas se inundaban de préstamos impagos e inversiones fallidas, las autoridades y reguladores esperaban que la nueva entidad tuviera el peso suficiente para salir a flote.

Bankia se transformó en el tercer banco español por activos detrás de Banco Santander SA y Banco Bilbao Vizcaya Argentaria SA. Su cartera de activos inmobiliarios ascendía a los 38.000 millones de euros, la mayor del sistema.

La banca española "ahora está preparada para superar cualquier prueba que pueda afrontar en el futuro", dijo en septiembre la entonces ministra de Economía, Elena Salgado.

Tal clase de confianza infundada de los líderes europeos ha sido una característica de la crisis financiera. A fines de 2008, por ejemplo, el ministro irlandés de Finanzas declaró que había salvado a los bancos insolventes "con el rescate más barato del mundo". Dos años después, esa ayuda obligó a Irlanda a aceptar un salvavidas internacional.

Los problemas de Bankia se remontan a la implosión de la burbuja de bienes raíces. Las cajas de ahorros, muchas de las cuales eran controladas por políticos, prestaron sin miramientos a promotores inmobiliarios y gobiernos locales. Cuando el mercado inmobiliario empezó a desmoronarse en 2007, los bancos pequeños quedaron sepultados bajo montañas de créditos incobrables y malas inversiones. "Tener a políticos en posiciones de administración en las cajas fue el verdadero cáncer del sistema bancario español", opina Jordi Fabregat, profesor de finanzas de la escuela de negocios ESADE.

El año pasado, Bankia preparó una salida a bolsa para recaudar 4.000 millones de euros. Las alarmas empezaron a sonar altas y claras.

Algunos grandes bancos de Wall Street contratados para orquestar la operación intentaron convencer a la cúpula de Bankia que era mejor incrementar el tamaño de la operación hasta 10.000 millones de euros, dicen fuentes cercanas. La razón era que los inversionistas les estaban diciendo a los bancos que esa era la cantidad mínima para convencerlos que Bankia contaba con el capital adecuado.

Pero el equipo de gestión de Bankia rechazó la idea, aseguran las fuentes. Los ejecutivos opinaban que una salida a bolsa de ese calibre diluiría innecesariamente las participaciones de los accionistas existentes, principalmente las cajas.

La acogida de la salida a bolsa fue fría. A los inversionistas les inquietaba la exposición de Bankia a los bienes raíces y no estaban dispuestos a inyectar fondos en ninguna institución española. Hasta poco antes de su debut bursátil, Bankia ni siquiera tenía un presidente ejecutivo y era dirigido por el presidente de la junta, Rodrigo Rato, ex ministro de Economía y director gerente del FMI.

A mediados de junio, cuando faltaban menos de dos semanas para la operación, Rato viajó de Madrid a Londres para reunirse con posibles inversionistas. Durante el vuelo, recibió un inquietante mensaje. Una de las firmas asesoras recomendaba archivar la salida a bolsa ante la falta de interés, según fuentes al tanto. Rato, sin embargo, decidió seguir adelante ante el temor de que una cancelación enviaría una señal desestabilizadora no sólo de la salud de Bankia, sino de la de toda la banca española.

Bankia recaudó 3.100 millones de euros. Menos de 2% de los fondos provinieron de inversionistas extranjeros, según fuentes al tanto. Unas semanas después, recrudeció la crisis europea. Los mercados vapulearon las acciones de los bancos del continente. Pero el título de Bankia se mantuvo estable, lo que las autoridades interpretaron como un voto de confianza. No obstante, ahora reconocen que pecaron de un exceso de optimismo. La estabilidad de la acción reflejaba el hecho de que las acciones de Bankia estaban principalmente en manos de pequeños inversionistas que demoran más en reaccionar a la crisis que los institucionales.

A través de una vocera, Salgado declinó opinar sobre el tema. El gobernador del Banco de España enumeró en un informe anual presentado el viernes los avances realizados desde el saneamiento de 2010. 45 cajas de ahorros se han reducido a 11 a través de un proceso de consolidación.

A través de un portavoz, Rato tampoco quiso referirse al tema.

El 20 de noviembre, los electores sacaron a los socialistas del poder y le dieron la victoria al Partido Popular. El nuevo presidente del gobierno, Mariano Rajoy, prometió arreglar el sistema financiero, exigiendo que los bancos aumenten sus reservas para cubrir los préstamos incobrables.

A medida que pasaban las semanas, la élite bancaria española empezó a temer que los problemas de Bankia acabaran propagándose a todo el sector. Para algunos bancos, parecía casi seguro que Bankia necesitaría un rescate y se preguntaban por qué el gobierno tardaba tanto en entrar en acción.

En febrero, el gobierno de Rajoy presentó su plan. Obligaría a los bancos a provisionar 50.000 millones de euros adicionales en reservas. Las entidades que no tuvieran el dinero podrían recurrir al fondo de rescate del gobierno. Como un incentivo para la consolidación, los bancos que se fusionaran tendrían más tiempo para reunir los fondos.

En mayo volvió a imperar el pánico. Los consumidores, alarmados por los persistentes titulares sobre los problemas del sector bancario, empezaron a retirar fondos de Bankia, empeorando su salud. Eso a su vez, amenazaba con afectar a otras compañías españolas.

El 4 de mayo, los presidentes de los tres gigantes bancarios españoles —Banco Santander SA, Banco Bilbao Vizcaya Argentaria SA y La Caixa— se reunieron con el ministro de Economía Luis de Guindos, según fuentes cercanas. Le urgieron una solución, preferentemente una nacionalización rápida de Bankia.

El 7 de mayo, ante la presión del gobierno, Rato renunció a la presidencia de la junta de Bankia. Cuatro días después, el gobierno ordenó a los bancos reunir otros 30.000 millones en reservas para absorber futuras pérdidas. De Guindos aseguró al público que las inyecciones del gobierno en los bancos serían inferiores a 15.000 millones de euros. Perola cifra no tardó en volverse obsoleta.

Tras una evaluación en profundidad, no tardó en salir a la luz que muchos activos de los bancos no reflejaban su valor real, según fuentes al tanto. Bankia tenía participaciones en 649 compañías, muchas de las cuales se estaban hundiendo.

Las potenciales pérdidas se acumulaban. El 25 de mayo, el recuento final era de 19.000 millones de euros. Antes de revelar la suma al público, algunos funcionarios reconocieron la posibilidad de que el tamaño del rescate podría agotar los limitados fondos disponibles en el instrumento de rescate existente y forzar al país a buscar ayuda en el extranjero.

Una semana después, los costos de endeudamiento de España se acercaron a sus máximos históricos, cuando el bono a 10 años ascendió a 6,7%. La semana siguiente, el gobierno reconoció que el país, sin acceso a los mercados internacionales de capital, podría necesitar un rescate. Eso se convirtió en una realidad el sábado. Las acciones de Bankia ahora valen en torno a 1 euro cada una, casi 75% menos que cuando debutó.

Margarita del Campo, una funcionaria de 59 años en Madrid, compró 2.000 euros en títulos de Bankia durante su salida a bolsa. Ahora, su inversión se ha reducido a apenas 500 euros. "Solía creer en mi banco", dice. "Ahora ya no confío en ninguno".

— Santiago Pérez y David Román contribuyeron a este artículo.

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