
Como en el clima, lo importante es la sensación térmica
Discutir si 0,5% de aumento del PBI es crecimiento o no sólo puede tener sentido en la academia. Si se trató de un año con alta inflación, caída del salario real, de la producción industrial, del patentamiento de automotores y estancamiento del empleo privado, se siente como recesión y es recesión.
Como con el clima, en este caso importa más la sensación térmica que la temperatura real. Y eso contando con que la temperatura que se marca es efectivamente la real. Porque el Indec también dijo inicialmente que en 2009 hubo crecimiento, para luego ser corregido por Economía y terminar admitiendo lo obvio: recesión. ¿Qué podía haber con sequía, caída del comercio internacional, baja de precio de los bienes exportables, gripe A y parálisis del turismo?
También importa contra qué se compara. Ocurre también con la inflación. Si se mira la variación de un año malo, como 2014, contra uno muy problemático, como 2013, es más fácil sacar inútiles conclusiones optimistas. Tal vez no sea difícil, en ese sentido, que con otro gobierno y otra política, 2016 dé un número bueno. Pero, una vez más, son argumentos solamente estadísticos.
Lo que importa, como señalaba Oscar Altimir a principios de los 90, es saber cuánto crecimiento hace falta para que mejoren el empleo, el salario real y la distribución del ingreso. Entonces era 3 por ciento para la Argentina. Menos, es recesión. Y ese 0,5%, más que un crecimiento modestísimo o una recesión leve, es un resultado pésimo.
Si es que acaso esa medición tiene algo de credibilidad, es un dato malo. Lo grave, además, es que proviene de un organismo y un gobierno que hace ya más de un año hicieron desaparecer las estadísticas de pobreza. Al Gobierno le conviene fiscalmente un crecimiento inferior al que gatilla el pago de los rendimientos de los bonos atados al producto, llamados "cupón PBI", que surgieron de los canjes de deuda en 2005 y 2010. Pero en el pasado ha exagerado las mediciones y terminado pagando más que lo que hubiera correspondido. El 0,5% es indiferente, con esa tasa no hay que pagar y no se está ni cerca.
Si fuera esa tasa tan baja también valdría hacer otras mediciones, como con la temperatura ambiente. ¿Es mucho frío 15°C? Con humedad del 10% y viento de 40 km/h, sí. Sin viento y con 80% de humedad, seguramente no.
Con inflación baja, inversión privada en alza, sin la inevitable devaluación, sin cepo cambiario, no habría sido un gran año, pero habría resultado mucho más tolerable y probablemente con menos efectos perversos en el empleo.
Estancada, con una inflación que en el más optimista de los escenarios no baja del 20% anual, con una presión impositiva muy alta que sin embargo no evita el déficit fiscal, el default selectivo de la deuda que no evita la carencia de dólares, no es una economía que esté creciendo y desarrollándose. Lo más probable es que estén aumentando las desigualdades y por eso el Gobierno sigue sin mostrar números de pobreza e indigencia. Lo único que parece estar evitando que las cosas empeoren y profundicen la tendencia es la certeza de que la actual administración y sus políticas más dañinas terminarán en diciembre. Y que con otras políticas, habrá más oportunidades de inversión, crecimiento, desarrollo, aumento del empleo productivo y mejora de la distribución del ingreso. Y también más oportunidades de tener estadísticas confiables.
Tal vez el país saque algunas ventajas de la decadencia de los últimos años. El atraso inversor podría hacer que aquí haya mejores oportunidades que en países vecinos donde las cosas ya se hicieron.






