¿Cómo se las van a arreglar sin mí? Las claves para irse de vacaciones sin ansiedad

Por workaholics, por creerse imprescindibles o por no confiar en otros, algunos líderes no viven esta época como corresponde
Por workaholics, por creerse imprescindibles o por no confiar en otros, algunos líderes no viven esta época como corresponde Fuente: LA NACION
Andrea Churba
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30 de diciembre de 2019  • 10:50

¡Llegaron las vacaciones! Algunas personas esperan este momento con entusiasmo. Después de trabajar todo el año, están listos para desenchufarse al aire libre y disfrutar del merecido descanso. Por workaholics, por creerse imprescindibles o por no confiar en el desempeño de sus colaboradores, otros viven esta época con ansiedad. ¿Qué va a pasar si no estoy? ¿Cómo se las van a arreglar sin mí? Esta incertidumbre los lleva, muchas veces, a no tomarse días libres o a seguir tratando de controlar todo a distancia.

Por qué son necesarias las vacaciones

La compulsión por estar presente, aunque sea en forma virtual, no solo es dañina para el que se va sino también para las personas que trabajan con él y para las organizaciones de las que forman parte. A nivel personal, está demostrado que la falta de descanso baja el rendimiento general, aplasta la creatividad y puede afectar negativamente la salud. Es por eso que cada vez es una práctica más común que las empresas no permitan que las personas acumulen sus días de vacaciones de año en año, y que sea obligatorio que respeten su tiempo de inactividad laboral.

Para quienes se quedan a cargo durante el tiempo afuera de su líder, o de un compañero de equipo, el control remoto suele ser más que un dolor de cabeza y un obstáculo en el flujo natural de su trabajo: es una pérdida de oportunidad, porque las vacaciones son una ocasión ideal para probarse, mostrarse, ensayar sus talentos y afianzar su autonomía.

Es clave anticiparse

Si pertenecemos al grupo de los que les cuesta ceder el control y queremos realmente desconectarnos y disfrutar de las vacaciones, es clave que planifiquemos antes el qué, quién y cómo durante el tiempo que estemos ausentes.

La compulsión por estar presente, aunque sea en forma virtual, no solo es dañina para el que se va sino también para las personas que trabajan con él
La compulsión por estar presente, aunque sea en forma virtual, no solo es dañina para el que se va sino también para las personas que trabajan con él

Qué

  • ¿Qué proyectos están en curso? ¿En qué situación se encuentran?
  • ¿Qué asuntos quedan pendientes?
  • ¿Cuáles son las prioridades? ¿Qué puede esperar a nuestro regreso?
  • ¿Qué imprevistos y emergencias pueden aparecer?

Quién

  • ¿Quién está hoy preparado para hacer las tareas que yo hago?
  • ¿Puede probar hacerlo solo?

Pocas veces se da la situación ideal en que las personas tengan la experiencia necesaria para asumir el rol del que se va. Aunque sea un objetivo recurrente, el cross training, de modo que los miembros de un equipo puedan reemplazarse entre sí con continuidad, sigue siendo un dilema en muchas organizaciones.

Es muy probable que las personas que se quedan a cargo tengan que expandir sus límites para desempeñarse en su nuevo rol "transitorio". La situación puede verse como un riesgo o como un gran desafío de desarrollo profesional para el otro. Depende de cómo lo pensemos y cómo lo organicemos.

La delegación no es solo pasar una tarea a otro. Delegar efectivamente implica generar una cultura de responsabilidad, de modo que podamos confiar en que el otro va a llevar a cabo lo que se comprometió a hacer y que, en caso de que algo se lo impida, va a implementar las alternativas necesarias para que la tarea se cumpla en tiempo y forma.

Esa confianza solo se logra con un trabajo previo, en el cual nos aseguremos de que quien va a tomar la posta entienda el sentido y la relevancia de la tarea que le estamos asignando, y sepa pedir ayuda, levantar la mano a tiempo, cuando no pueda o no se crea capaz de hacerla.

Cómo

Preguntarnos qué va a necesitar de uno la persona a quien dejamos a cargo para que pueda tener éxito en el nuevo rol. Trabajar tiempo juntos, antes de irnos, para asegurarnos de que cuenta con la información necesaria y los criterios de acción, las reglas de juego, para que sepa qué hacer no solo en una situación programada, sino en cualquiera similar que se presente durante los días que no vamos a estar.

Imaginar juntos todos los escenarios e imprevistos posibles, y definir los mejores cursos de acción. ¿En qué casos puede manejarse solo? ¿Cuándo tiene que buscar ayuda? ¿A quién puede recurrir en caso de dudas? ¿Cuándo nos tiene que contactar y cuándo no? De esta manera, al mismo tiempo que fortalecemos su autonomía estamos protegiendo nuestro descanso de falsas urgencias e interrupciones innecesarias.

Un ensayo controlado de la autogestión del equipo (y una prueba para uno mismo)

El paréntesis de las vacaciones genera un espacio de experimentación relativamente protegido por las fechas de nuestra partida y regreso, como una cápsula de tiempo para que quienes se quedan a cargo puedan ensayar nuevas habilidades y desafíos. Es bueno que, a la vuelta, sigamos trabajando juntos para sostener la autonomía lograda y lo que haya funcionado bien durante nuestra ausencia (aun cuando lo hubiéramos hecho de otra manera). Y lo que no haya salido como esperábamos, se puede corregir o revertir.

Esta situación de ensayo nos va a servir para calibrar la autogestión de las personas que quedaron con nuestras responsabilidades, poner a prueba su capacidad para volar solos y afianzar un sistema eficiente de respaldo. Pero no solo estaremos evaluando a los que se quedan. También es una prueba para uno mismo, porque en los resultados se va a reflejar nuestra propia habilidad para delegar, organizar y desarrollar a otros.

Al planificar con anticipación el qué, quién y cómo estaremos provocando una oportunidad nutritiva, empoderante y motivadora para las personas que nos rodean. En simultáneo, estaremos trabajando para el futuro y haciendo más probable que nuestras vacaciones realmente sean un período para la renovación, el relax y el disfrute que seguramente nos merecemos.

¡Felices vacaciones!

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