
Con el agravamiento de la crisis energética resurge la idea de atrasar los relojes en invierno y llega la hora de la discordia
Los técnicos dicen que adoptar un huso horario distinto puede tener otras ventajas, pero no baja el consumo eléctrico
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Cualquier pasajero desprevenido que viaje en avión desde la ciudad de Buenos Aires hasta Mendoza se podrá sorprender cuando la empleada de la aerolínea le informe que es posible llegar a destino en apenas 50 minutos. Sin embargo, el viaje de regreso y en el mismo avión le llevará dos horas más.
Una situación semejante, que nada tiene que ver con la elección de otra ruta ni con una menor velocidad de la aeronave, se repetirá en varias provincias más, cuando a partir de pasado mañana se sumen a Mendoza y retrasen sus relojes 60 minutos.
Sin un criterio concreto y con una notable ausencia del gobierno nacional en la definición de una política clara, el cambio de hora -una medida utilizada en los países más avanzados del planeta para aprovechar mejor la luz solar- se ha tornado por estos días en una discusión recurrente, que promete agravarse cuando en el país convivan dos horas oficiales.
Lejos de un consenso, en la Argentina se ha desatado una auténtica anarquía horaria, donde cada distrito adopta el huso horario más conveniente para su territorio de acuerdo con sus propios argumentos, y donde los resultados de los estudios energéticos especializados quedaron relegados detrás de discusiones y gestos políticos.
Desde que Mendoza decidió retrasar sus relojes 60 minutos, se instaló en todos los distritos la discusión respecto de la conveniencia o no de sumarse a la provincia cuyana. En medio de la crisis energética por la que atraviesa el país por la insuficiencia de gas, cambiar la hora oficial surgió como una herramienta para disminuir la demanda de electricidad y lograr el ansiado ahorro.
Sin embargo, la medida no es nueva y ya fue debidamente estudiada por técnicos, universidades y fundaciones que sucesivamente desaconsejaron modificar el huso horario actual.
Un estudio realizado en 2000 por el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) y que fue encargado por la Secretaría de Energía de la Nación para medir el impacto del cambio, concluyó que modificar el huso horario actual -menos tres horas oeste del meridiano de Greenwich- por el cuatro acarrea un incremento de un 7% más de facturación para los usuarios del sistema eléctrico y un incremento de la demanda eléctrica de un 0,33% para todo el sistema.
La historia de la hora en el país se remonta a 1920, cuando la Argentina adhirió al Sistema Internacional de Husos Horarios, un tratado que se aplicaba desde 1894 en los principales países desde fines del siglo XIX. Hasta ese momento, la hora oficial en todo el territorio argentino era la astronómica que correspondía a la ciudad de Córdoba.
Mediante el sistema internacional, se dividió el planeta en franjas de 15 grados de ancho (similares al gajo de una naranja). De esta manera, los 360 grados de toda la circunferencia de la Tierra quedan divididos en 24 franjas, correspondiendo una hora a cada una de ellas. Por lo tanto, cada huso tiene su hora. En la norma se convino que el huso horario de referencia es el 0, que corresponde a la localidad de Greenwich, Inglaterra.
A la Argentina le correspondió el huso horario cuatro horas al oeste del meridiano de Greenwich. Cuando allí es mediodía, aquí son las ocho de la mañana (cuatro horas más temprano o "menos").
Para coordinar los relojes con el sistema universal, un decreto del Poder Ejecutivo dispuso que el 30 de abril de 1920, a las 12 de la noche, se debía adelantar la hora 16 minutos y 48 segundos.
Por más de 80 años el país utilizó diferentes husos horarios hasta 1999, cuando se sancionó la ley 25.155, mediante la cual se estableció que la hora oficial en todo el territorio del país era el huso horario cuatro horas al oeste del meridiano de Greenwich. Además, se otorgaron facultades al Poder Ejecutivo para variar la hora en los meses de verano y utilizar el huso horario tres.
Sin embargo, la norma nunca se aplicó en la Argentina, que hasta hoy mantiene el huso horario tres horas al oeste de Greenwich. El decreto 186/2000 prorrogó la aplicación de la ley hasta 2001, cuando otro decreto suspendió la ley hasta que se realicen estudios técnicos sobre la conveniencia o no de la medida.
Fue entonces cuando la Secretaría de Energía de la Nación decidió realizar los estudios acerca de la utilidad de la medida y designó al ITBA para elaborarlos.
Jorge Tersoglio es ingeniero. Dirige el Departamento de Economía, Finanzas y Legales del ITBA y fue el responsable académico del trabajo. "Se formó un equipo de cinco personas dedicadas full time al proyecto. Trabajamos un promedio de nueve horas diarias durante casi cuatro meses", recuerda Tersoglio.
Para reproducir la luminosidad del territorio nacional, el ITBA logró que la Armada Argentina tramitara ante su par norteamericana una base de datos mediante la que se medía la luminosidad de 124 puntos del país. Posteriormente, ubicaron los lugares y dividieron el país en cinco regiones. "Además agregamos la información de temperaturas, nubosidad, visibilidad, entrada y puesta del sol en cada región -se entusiasma Tersoglio-. Luego asumimos que ésa era la luminosidad del país."
Los resultados obtenidos concluyeron que la demanda de electricidad en el huso horario menos cuatro (adoptado por Mendoza) es menor que la utilizada en el menos tres (utilizado en la Capital Federal) entre las seis y las nueve de la mañana, mientras que es mayor entre las 17 y las 20.
"El efecto es prácticamente nulo desde el punto de vista económico", sostiene Tersoglio.
Con este diagnóstico concuerdan prácticamente todos los especialistas en energía del país. Según Jorge Lapeña, presidente del Instituto Argentino de Energía General Mosconi, los sistemas de ahorro provocan un ahorro fundamentalmente en el sector doméstico por menor necesidad de iluminación. "Estos ahorros siempre son en verano, nunca en invierno, como ahora se intenta realizar. La modificación horaria en este momento no produce ahorro", dice Lapeña.
Idéntica es la opinión de Daniel Montamat, secretario de Energía durante el gobierno de Fernando de la Rúa. "En toda la zona centro del país (el cambio de hora) le es indiferente, mientras que en la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires hay un desahorro. Si se tiene en cuenta el ahorro de energía, la medida es neutra", dijo a LA NACION Montamat.
Esta misma visión parece ser la que actualmente ostenta la Secretaría de Energía de la Nación, que dirige Daniel Cámeron. Días pasados, cuando la Ciudad y la provincia de Buenos Aires habían decidido cambiar la hora y atrasar sus relojes una hora, desde las oficinas del mismo Cámeron desalentaron la medida.
Sucede que la demanda de energía eléctrica está dividida en tres grandes componentes: la electricidad industrial, el alumbrado público y el consumo domiciliario, en el que se incluyen todas las oficinas públicas.
"El consumo industrial es independiente de la hora oficial -explica Tersoglio-. La fuerza motriz necesita la misma potencia en cualquier horario. El alumbrado público, en un 80%, está manejado por fotocélulas, que se encienden cuando falta luz solar y se apagan cuando ella aparece. Finalmente, la demanda particular, un 30% aproximadamente de la demanda total, es la que se puede ajustar, pero sólo en una porción mínima."
Según Lapeña, dentro de una casa la iluminación es una parte menor de los consumos energéticos normales. "Apenas se ahorra en algunas bombitas que están prendidas una hora menos, pero los grandes consumos domésticos, como la planta o la heladera, nada tienen que ver con la luz solar."
Sin embargo, la extensión del país desde el Este hacia el Oeste y la diferencia de latitud entre ambos puntos acarrea una notable diferencia en la salida y la puesta del sol. Mientras los porteños tuvieron sol a las 7.23 y lo podrán disfrutar hasta las 17.51, en San Juan recién amaneció a las 8.24 y se ocultará a las 18.39.
Respecto de la corrección de esta diferencia también existe un consenso entre especialistas y académicos.
"Hay zonas en las que se justifica el cambio de horario porque hay un real ahorro, como en las provincias del Oeste", sostiene Montamat.
En el mismo sentido, el estudio del ITBA recomendó mantener la hora actual en el huso horario menos tres y posibilitar a las provincias del Oeste que durante el invierno adopten el huso horario menos cuatro, como acaban de hacer varios distritos.
"Desde el punto de vista de la calidad de vida, la zona oeste se beneficia con el cambio de huso horario porque transcurre la mayor parte del día con luz solar", concluye Tersoglio.
Lapeña también justifica un cambio de horario en las provincias del Oeste. "Es lógico que pretendan tener mañanas más largas. Se van a sentir más cómodos y posiblemente pueda haber algún ahorro."
Pese a la existencia de los estudios y a la contundencia de los resultados que tiene en su poder el gobierno nacional, la Argentina se ha instalado en una suerte de desmanejo horario. Catamarca, Tucumán, La Rioja, San Juan, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego compartirán el huso horario menos tres que actualmente utiliza sólo Mendoza. Las demás mantendrán la hora actual.
"Me parece que el Gobierno reaccionó tarde y permitió que cada provincia avanzara por las suyas. Además, escuché a varios gobernadores que generaron un hecho mediático, sin tener elementos de valoración técnicos importantes", reflexiona Lapeña.
Será el momento de un nuevo modo de ejercer el federalismo. Una suerte de federalismo horario, más asociado a la voluntad del gobernante de turno que a la real necesidad de un sistema energético que ha dado sobradas muestras de agotamiento.
Según pasan las horas
- Huso común: el huso horario al que adhirió la Argentina es, desde 1999, "Greenwich menos cuatro" y se facultó al Ejecutivo a hacer ajustes estacionales. No se ha aplicado y rige el huso "menos tres".
- La primera: la provincia de Mendoza decidió retrasar sus relojes 60 minutos e instaló la discusion en los demás distritos.
- Las demás: Catamarca, Tucumán, La Rioja, San Juan, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego se sumaron luego al huso "menos tres" que ya está utilizando Mendoza.
- Efecto nulo: un estudio del ITBA comparó la demanda de electricidad con el huso adoptado por Mendoza y con el que utiliza la Capital Federal. No encontró diferencias significativas.
- Opiniones: varios especialistas indican que el consumo industrial, el alumbrado público y la fuerza motriz son independientes de la hora oficial, por lo que no sufrirán modificaciones si se retocan los relojes. Justifican el cambio de horario sólo en las provincias del Oeste.






