Confianza creativa: aprendizajes para vencer el temor al cambio

Trabajar en las convicciones personales es la mejor manera de adecuarse a un contexto de transformaciones y de capitalizar oportunidades
Alejandro Melamed
Fabián Jalife
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3 de abril de 2019  

Muchas veces cambiamos movilizados por una amenaza externa; es la cara más oscura del cambio, que se presenta bajo la forma del miedo a la pérdida y el temor al ataque. Como proviene del afuera, nos sentimos extraños, ajenos, despojados y -por qué no- impotentes. Es lo que vemos en innumerable cantidad de situaciones. Sin embargo, otra faceta del cambio, vital y luminosa, es la que se presenta bajo la forma de la ilusión. De las expectativas deseantes que despiertan la imaginación hacia una visión de realidad superadora.

No se trata de la ilusión de realidad que es una fuga a la fantasía que más tarde o temprano conduce a la decepción. Es la fuerza de convicción con la que una persona es capaz de dotar a su imaginación creativa del poder de determinación que lo ayuda a avanzar sobre los obstáculos que presenta la realidad.

No son grandes actos de coraje, sino que, fundamentalmente, se trata de confianza. De cómo ir ganando y ampliando el nivel de autoconfianza para expandirlo como confianza recíproca y como consecuencia retroalimentarla hacia la confianza sistémica. Quien tiene la capacidad de construir confianza tendrá más crédito para otorgar a sus ideas y, en consecuencia, ampliará su "ancho de banda" para poder jugar con ellas. También ampliará su capital social como efecto de la externalización de la confianza en vínculos más empáticos y atractivos.

La confianza se convierte en fuente de resiliencia para sobreponernos a las pérdidas que enfrentamos cuando encaramos un cambio y, además, en punto de apalancamiento para animarnos a exponernos con más nivel de audacia.

Entonces ¿cómo fortalecerse en las expectativas deseadas para no ceder a la tentación de la frustración o declinar a la inmovilidad? En nuestra experiencia hay múltiples factores que impactan positivamente en los procesos de cambio, tanto personales como organizacionales.

Una condición que sobresale es trabajar en nuestras convicciones. Y para esto tenemos que desarrollar nuestra confianza creativa. No hay manera de ir hacia donde deseamos ir si no confiamos en que seremos capaces de avanzar en esa dirección. No hay garantía de éxito, pero sí de fortalecerse en el proceso de decidir en la dirección deseada. Es el punto de partida. ¿Cómo nos orientamos para avanzar sobre nuestra confianza en que seremos capaces de crear? Conectándonos con aquello que nos conmueve. Allí donde nos conmovemos está lo significativo. Lo que nos da sentido y razón de existir.

Una vez que lo identificamos y lo asumimos -que requiere procesos introspectivos y exploratorios-, generamos una fuerza de dignidad, que es la que se experimenta cuando uno se para sobre sus pies y trasciende tener que dar explicaciones. Esta determinación se apalanca en la autoestima que se construye sobre la autoconfianza, que es el piso de todo emprendimiento. Es el "desde dónde".

Entender el contexto nos permite capitalizar las oportunidades actuales y potenciales, profundizar en aquello que ocurre en el mundo y puede impactar en nuestra actividad. Conectar con el marco de referencia será clave para poder asegurarnos de que estamos alineados con las principales tendencias y actuaremos en consecuencia. Es el "dónde". Aquí se engendra el sentido de propósito y con este es mucho más fácil desprendernos de lo que no queremos. Enfocarnos y elegir. El propósito brinda el marco sobre el que podemos comprender nuestro sentido y la fuerza motriz para cada actividad. Es el "para qué".

En este punto comienza el auténtico ciclo estratégico del cambio, que requiere una alta dosis de agilidad para responder a las necesidades cambiantes y la capacidad de desandar las preguntas que conducen al proyecto. Las preguntas son la clave para transitar el camino, que es apasionante y fascinante. Es el "cómo"

El entendimiento profundo de los destinatarios nos brindará información fundamental para poder canalizar los esfuerzos en el sentido apropiado. Es el "para quién". Así como el propósito es el "alma", la generación de una propuesta de valor de alto impacto es el "corazón" de nuestro proyecto. Es la materialización concreta de nuestra idea. Es el "qué".

Y, como toda iniciativa que se implemente con pensamiento de diseño, pensar en la "mejor versión posible" nos permitirá generar aproximaciones sucesivas, con lo que con el prototipo visualizaremos su funcionamiento real, para luego generar los ajustes requeridos. En la era de las tecnologías exponenciales, comprender que transformación es cambio con sentido es, tal vez, uno de los aspectos que aumentan la probabilidad de éxito en ese camino.

Cambiar con sentido requiere movilizarnos, definir un norte, generar energía positiva, asumir una cuota de coraje y transitar por un proceso apasionante, pleno de aprendizajes y experiencias que nos permiten proyectar, experimentar, aprender, desarrollarnos y crecer. En cada iniciativa de cambio con sentido.

Autores de "Diseña tu cambio-Estrategias para reiventar tu vida profesional".

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