De Mad Max a la cornucopia tecnológica: los extremos de una década turbulenta

Sebastián Campanario
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26 de julio de 2020  • 00:00

Crisis económica y caos social, escasez de alimentos, agua y energía, pandillas que atacan y roban todo lo que pueden: el futuro que en 1979 imaginó el director de cine George Miller para Mad Max está por llegar (al menos en términos temporales): la película transcurre en Australia en? 2021. Un año y un poco después de la distopía de Blade Runner, ambientada en diciembre de 2019. En Soylent Green (Cuando el destino nos alcance), estrenada en 1973, Charlton Heston hacía todo lo posible para sobrevivir en un mundo superpoblado con 7000 millones de personas. La historia transcurre en 2022 y hoy somos más habitantes que en aquel infierno imaginario.

En una década que empezó con la pandemia del Covid y que enfrenta megadesafíos de todo tipo -crisis climática, desigualdad, etcétera-, las tres películas del primer párrafo pueden parecer no tan alejadas de la realidad. Sin embargo, hay varios autores que pronostican exactamente lo contrario. Creen que esta década será, en términos de avances científicos y tecnológicos, la más disruptiva (para bien) de los últimos 10.000 años, desde que se introdujo la agricultura. Entre estos analistas están el cofundador de Singularity Peter Diamandis; Steven Kotler (que escribió Abundancia) y Tony Seba, de la Universidad de Stanford y director del centro RethinkX.

Seba publicó semanas atrás un documento de 89 páginas que está dando que hablar en círculos de emprendedores y fondos de inversión, titulado "Repensando la humanidad", que se puede leer gratis online. Allí, Seba y su socio James Arbib postulan que la misma caída exponencial de costos que se dio en los últimos años en el precio de las comunicaciones y en el de algunos rubros de energía renovable se concretará en los próximos 10 años en alimentos, materiales y transporte. Combinados, estos cambios radicales en cinco sectores claves de la economía implicarán una ola disruptiva masiva que dará la posibilidad de eliminar la pobreza, el hambre, la contaminación ambiental y otros grandes problemas.

El término más repetido en el trabajo y en el discurso en general de Seba es "10X": en esa proporción disminuirá el costo de los alimentos cuando la comida se haga en laboratorios y no se requieran grandes extensiones de tierra para ganado; o el del transporte, cuando los vehículos sean autónomos, eléctricos y compartidos. Solo estos dos vectores, combinados, significarán un cambio masivo en el valor y la distribución del suelo: un 40% del territorio de los Estados Unidos se dedica a la ganadería y un tercio de las grandes urbes es espacio para autos (calles, autopistas, estacionamientos, etcétera). Seba advierte que este futuro no está garantizado, pero que tendremos las posibilidades tecnológicas de concretarlo.

"Coincido con el espíritu general del trabajo de que ?hay cambios potenciales fuertes con potencial de impacto positivo en la calidad de vida, con el cuello de botella actual más político que tecnológico, pero hay muchas cosas que me hacen ruido (en el texto de Seba) si uno se lo toma en serio", cuenta a la nacion Marcelo Rinesi, tecnólogo y científico de datos. "No sé si estoy en un momento especialmente negativo, pero el resumen ejecutivo me habla más de un libro que tiraría por la ventana antes de llegar a la página 15, que de uno del que tomaría notas para copiarle ideas", sigue Rinesi.

El tecnólogo sostiene que muchas de las "transiciones" que menciona Seba de una "economía extractiva" a una "economía de libertad" involucran cambios tecnológicos de los cuales no estamos ni cerca. Otra idea con la que no coincide es con la distribución de la producción (algo que se postulaba en el furor de la impresión 3D: que cada núcleo urbano tendría su ecosistema industrial entero en las cercanías). "De hecho, hoy está pasando lo contrario: los componentes críticos de la tecnología de punta requieren recursos cada vez más sofisticados: podés imprimir la cobertura de un celular, pero los circuitos demandan fábricas ultraespecializadas de miles de millones de dólares, y eso se está profundizando".

Hay un peligro en el discurso de Seba y de muchos de los tecnooptimistas, apunta Rinesi, y es el de pensar que "el hada de la tecnología va a solucionar todo mágicamente dentro de diez años". Para el emprendedor Carlos Miceli, el trabajo de Seba y su socio "aunque es interesante de leer, no deja de ser un análisis de autores que rara vez terminan siendo los protagonistas del cambio. Los que cambian las cosas son los que se enfocan y trabajan en problemas específicos y ?pequeños'".

En la reacción a "Repensando la humanidad" hubo muchas críticas, algunas de ellas despiadadas: "¿Qué se está fumando Tony Seba?", tituló un posteo la experta en energía Loren McDonald.

Argumentos interesantes

Los defensores de la visión del cambio radical tienen también algunos argumentos interesantes.

Para empezar, mucho de lo que viene diciendo Seba en los últimos diez años, en particular en proyecciones de baja de costos de producción de energía renovable, se viene cumpliendo. Seba era tildado de "loco" y estaba en un extremo de las proyecciones, pero terminó acertando en este campo.

Por este motivo, es un divulgador con una agenda muy nutrida de charlas e influencia sobre los decisores de los grandes fondos de inversión, entre ellos BlackRock (el más grande del mundo). Por eso, más allá de que esta "hoja de ruta" se cumpla o no (en un mundo de sistemas complejos es cada vez más difícil que esto suceda), es muy relevante la pregnancia que tenga este relato en jugadores claves. En economía hay "profecías autocumplidas": si los grandes inversores se convencen de que el precio del petróleo va a seguir cayendo porque se avecina el fin de la era de los hidrocarburos, hay más chances de que este futuro se termine dando por la sumatoria de acciones moldeadas en las expectativas del presente.

Para la Argentina, es interesante señalar que si solo un 10% o 20% de las proyecciones de Seba para 2030 se cumplen, eso ya implica una reducción de precios cataclísmica para la masa de nuestra matriz de producción (el complejo agro-ganadero, Vaca Muerta, etcétera).

El otro punto interesante es si la primera mitad de 2020 "pandémica" está coincidiendo con una aceleración importante del proceso de cambio científico y tecnológico, que hace que relatos como el de Seba reboten en una caja de resonancia más potente. Novedades en base semanal, como la del modelo de lenguaje natural GPT-3 anunciada días atrás y de la cual todo el mundo habló, abonan esta hipótesis. "Tenemos que ser cautos con la idea de que estamos parados ?justo' en la bisagra de cambio, que toda la historia se divide en un antes y un después de nosotros", dice a la nacion el biólogo y divulgador Diego Golombek.

"Es una sensación que ya ocurrió muchas veces en la historia", agrega. En economía del comportamiento se conoce como "sesgo de bisagra" y forma parte de la familia de errores sistemáticos del exceso de autoconfianza (la percepción de que somos más importantes, inteligentes o capaces de lo que realmente somos).

El divulgador Enrique Dans hizo alusión recientemente a la "cornucopia tecnológica", por el mito griego del cuerno que le concede todo a quien lo posea. Entre este extremo y el del futuro de Mad Max navegan las predicciones de una década turbulenta.

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