De mousses y chocolates finos a café por suscripción: dejaron la oficina y empezaron a pensar con el paladar
Ezequiel se reinventó con una chocolatería que se hizo viral, Marcos ideó el primer bar de mousses del país a partir de una receta tradicional de su familia, José se mudó de ciudad y se dedicó a construir su sueño para acercar un café premium a las personas
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Hubo un tiempo en que el éxito se medía en la altura del piso de una oficina o en la cantidad de correos respondidos antes de las nueve de la mañana. Hoy, en cambio, el éxito laboral está dirigido hacia la felicidad con la que uno se despierta cada día: ese es el objetivo de las personas.
Sin embargo, los cambios de carrera no dejan de ser complicados. En particular, hay muchos que dejan todo para emprender. Es el paso de la seguridad del sueldo fijo a la incertidumbre, impulsados por una pasión que no conoce el descanso.

A continuación, tres historias de personas que se animaron a emprender en la gastronomía, que prefirieron dejar de razonar y empezar a pensar con el paladar. Estos proyectos crecieron a partir de técnicas muy distintas entre sí, como las redes sociales, el cara a cara y la venta online, pero con un denominador común que fue la apuesta a la calidad y el esfuerzo.
Chocolates artesanales: de Mercedes a todo el país a través de las redes
Ezequiel era fotógrafo de casamientos. Hasta el año 2020, su principal problema trataba de lentes, ángulos y novios nerviosos, luego, su conflicto fue cómo ganarse la vida. “En la pandemia no había casamientos y, los que estaban programados para ese año de cuarentena, me pidieron de vuelta la plata. Solo salí de la quiebra por la ayuda de unos amigos que me dieron trabajo en una empresa de finanzas”, explica Ezequiel a LA NACION.
Corría el año 2021, Ezequiel trabajaba en la empresa de sus amigos, aunque no le gustaba lo que hacía. La cuarentena iba y venía, pero él aprovechaba el tiempo: “Como soy de comer chocolates todos los días, muy fan, empecé a ver documentales por curiosidad y, después, me puse a hacer chocolates... ¿Por qué no?, me dije... Pero era para comérmelos después —ríe—. Nunca imaginé lo que se me venía“.

Cuando le salió su primera tableta de chocolate, después de muchos fracasos, sintió una alegría particular que no sabe definir aún hoy. Después, continuó perfeccionando su técnica. Su escuela fue YouTube. “Veía un video tras otro, de todos los tipos. Hay unos asiáticos que tienen una fábrica y filman todo el proceso de producción”, recuerda. “Yo me copiaba de todos”.
Con una producción dedicada a comer algo dulce cada día y aportar al paladar de sus amigos, lentamente empezó a vender mano a mano: “No tenía marca, mis chocolates se llamaban ‘Chocolate artesanal’”.
Más tarde, Ezequiel se hizo conocido en la zona y abrió un local. Don Agustín, como se llama su chocolatería —emplazada en la calle 14, n°618 en Mercedes, provincia de Buenos Aires—, surgió en 2023. El nombre lo puso por su hijo, Agustín, que hoy tiene 13 años. Ezequiel explica que su emprendimiento, de alguna forma, también es un hijo.

El chocolatero, entonces más formado en cuestiones profesionales de su labor, siguió explorando, él solo, distintos cambios en las recetas de los chocolates y también empezó a hacer alfajores. “Me di cuenta que tenía paladar, que lo que me gustaba a mí le gustaba a otros”, dice a este medio el productor, que hoy tiene más de 80 productos dulces a la venta.
“Mi gran salto fue a través de Instagram. Aprendí con distintas cuentas que te enseñan a ser viral y me puse a hacer videos, usando lo que sabía de fotografía”, relata y, luego, agrega: “A cada video mis ventas suben en todo el país”. Con las redes como herramienta central, Don Agustín creció hasta volverse viral en todo el país. Utiliza, por ejemplo, los comentarios negativos sobre su negocio para hacer contenido honesto que conecta con su audiencia.

Uno de sus últimos éxitos fue el Mil de Aura, un chocolate hecho de distintos gustos que, en la boca, se mezclan. El pasado 1° de mayo, Ezequiel hizo una campaña para celebrar el tercer aniversario del local donde produjo 100 de estos chocolates que vienen en cajas y en un empaque escondió un sobre con 100 dólares, chocolate que se mezcló con los demás de la producción. El producto se agotó al instante y el video circuló por todas las redes. “El comprador se lo había regalado a su novia para su aniversario de pareja. ¡La chica lo abrió y le tocó!“, narró Ezequiel. “Hoy producimos 20 de estos chocolates por día y se agotan a los 10 minutos”.
Mousses: un local donde el chef abre la puerta y comparte la tradición de su familia
Marcos había estudiado administración de empresas y era gerente financiero en una empresa tecnológica. Día a día luchaba entre llamadas de teléfono, reuniones y horarios estrictos en una carrera que, poco a poco, le dejó de interesar.
“Siempre me gustó mucho la cocina”, explica Marcos a este medio. “Mi abuela era francesa y había traído una receta de mousses que quedó en la familia. Desde que era chico llevaba ese postre a las comidas con amigos y siempre me decían que tenía que venderlas, pero nunca me había animado”.

Adulto, con una familia de tres hijos, la rutina lo ahogaba a Marcos. Había entrado en una crisis existencial. “La cocina era un escape para mí. Poco a poco, empecé a cranear la idea de Morris Mousse y a investigar si había posibilidad de vivir de eso que tanto me gustaba”.
Estudió la carrera de chef, mejoró la receta de su abuela para hacer un producto superador y empezó en su casa. “Un día renuncié de mi trabajo. Le conté a mi mujer y reunimos a los chicos para decirles que iban a haber cambios, que papá se iba a dedicar a la cocina. Recuerdo que una de mis hijas se largó a llorar del miedo”.
Con el apoyo de sus más íntimos, comenzó a batir y, en la pandemia, a vender sus Morris Mousse.
“Fue un proceso lento que empezó con el boca a boca y se expandió a pasos agigantados. En 2023 la cantidad de ventas que tenía requirió que pasemos a una cocina más grande y así fue como abrimos el local”, explica Marcos.
Con una estética muy cuidada en tonos celestes y blancos y un mostrador que se confunde con el de una heladería, Morris Mousse se emplazó en Paraná 1052, CABA. Este bar de mousses ofrece alrededor de 20 sabores, dependiendo de la etapa del año, y distintos tamaños envases. Participa de ferias gastronómicas, principalmente la Feria Francesa.
“La calidad es lo principal. Además, a mí me gusta llevar el negocio cara a cara, recibir a los clientes, escucharlos, conversar, que vean al chef y que él mismo les abra la puerta del local”, detalla.
Café fresco: de un viaje de estudios a una suscripción premium
José era estudiante de la universidad cuando comprendió que detrás de un café había un encuentro. Era la década de los 90 y el café de especialidad no era una cuestión cotidiana en el país, ni siquiera en muchos países del mundo. José comprendió que había una oportunidad de negocio.
Sin embargo, no lo llevó adelante. “Empecé a trabajar en el mundo corporativo por un tiempo y ese tiempo se convirtió en 20 años de carrera”.

A sus 45 años se tuvo que mudar a Bariloche con su familia y la idea volvió a aparecérsele en la cabeza. “Viajaba mucho y ahí podía observar y estudiar el desarrollo del café de especialidad”, explica a este medio. “Tenía 45 años en ese momento con lo cual si realmente quería desarrollar un proyecto propio y verlo crecer tenía que hacerlo en ese momento”, confiesa.
José dio un paso hacia el vacío, renunció y así surgió Café Delirante. Se trata de una empresa que trabaja sobre el tostado del grano de distintas maneras para conseguir distintos perfiles en el gusto del café. Utilizan maquinaria única en Latinoamérica y venden de forma online en todo el país.

Uno de sus servicios estrella es la suscripción de café, que funciona en todo el país: “Entregamos café una vez al mes, en un día fijo”. Tal como expresa su sitio web, cada envío se perfila de acuerdo a dos planes en los que se entregan distintas variedades o un solo blend elegido por los especialistas de Café Delirante.
Actualmente, Café Delirante cuenta con distintas sucursales donde se puede disfrutar del café molido por sus máquinas o bien comprar los bolsos para disfrutar en el hogar. Tienen presencia en Bariloche, en CABA, en Córdoba Capital, en Cipolletti y en San Martín de los Andes.
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