El exnúmero uno de FCA (Fiat Chrysler) fustigó las retenciones e Ingresos Brutos; remarcó: “no podemos pensar que el Gran Buenos Aires sea la zona de desarrollo de la Argentina. Es el campo, el interior, las provincias”
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La presión impositiva, la competitividad y los desafíos para producir e invertir en la Argentina dominaron en Jonagro las exposiciones de empresarios y referentes del agro, que coincidieron en reclamar una reducción de la carga tributaria y mayor previsibilidad para potenciar la producción y la industrialización. Uno de los discursos más extensos y enfáticos fue el del empresario Cristiano Rattazzi, quien repasó su historia familiar y empresarial vinculada a la Argentina y sostuvo que el país todavía conserva condiciones para volver a crecer si logra resolver sus problemas estructurales.
En ese escenario, las retenciones, Ingresos Brutos y el impuesto al cheque aparecieron como los tributos más cuestionados, mientras que la incorporación de tecnología, la industrialización y la eficiencia productiva fueron señaladas como los grandes desafíos hacia adelante. Las definiciones se dieron en el marco de la jornada organizada por Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.
Rattazzi recordó los orígenes de su familia hasta su paso por el Grupo Fiat y sus actuales inversiones en aviación, agro y tecnología. En ese recorrido, el empresario trazó un paralelismo entre el potencial histórico del país y las dificultades estructurales que, según sostuvo, frenaron su desarrollo. “Las retenciones hay que sacarlas lo más rápido posible. Entre los impuestos más distorsivos hay retenciones y el idiota impuesto al cheque. Ingresos Brutos, que no se puede hablar porque es provincial, pero es el peor de todos, es el peor impuesto para la producción y el más distorsivo de todos. Después las retenciones, que yo obviamente sustituiría rápidamente con un préstamo internacional que dice: por un año te cubro la falta de retenciones, que después tienen que reaparecer en Ganancias", afirmó.

Las retenciones a las exportaciones agropecuarias, reinstaladas tras la crisis de 2002 y profundizadas en diferentes momentos posteriores, se mantienen desde hace más de dos décadas como uno de los ejes de conflicto entre el campo y los distintos gobiernos. El momento de mayor tensión se produjo en 2008 con la Resolución 125, que establecía retenciones móviles y derivó en un prolongado enfrentamiento entre el kirchnerismo y la Mesa de Enlace.
El empresario aclaró que conoce del tema porque tiene campo: “Cuando hubo la famosa 125, me acuerdo de la Mesa de Enlace y fue también para mí un momento muy emocionante del campo. Yo tengo campo, vivo en el campo y amo el campo, y mi campo hoy en día es muy exitoso; tuvo períodos horribles, hubo que poner pérdidas por todos lados. Hoy el campo tiene un futuro", aseveró.
Por otra parte, cuestionó la complejidad del sistema tributario y judicial argentino y vinculó esa situación con la falta de inversiones. “Hay que hacer muy simple el sistema impositivo y no tener cuatro meses a una ley de reforma de la parte personal laboral bloqueada por un juez que dice ‘no, a mí no me gusta’... Votada por el Congreso. Fue una de las cosas más insólitas”, señaló. Y añadió: “Entonces uno dice por qué la gente no invierte en la Argentina”.
Desarrollo
Rattazzi sostuvo, además, que el desarrollo futuro del país dependerá en gran medida del interior productivo y no solo del área metropolitana. “No podemos pensar que el Gran Buenos Aires sea la zona de desarrollo de la Argentina. Es el campo, el interior, las provincias. Eso es donde se va a desarrollar la Argentina”, afirmó.

En paralelo, advirtió sobre el fuerte avance de la industria automotriz china a nivel global y planteó que la Argentina deberá adaptarse rápidamente a los cambios tecnológicos y productivos para no perder competitividad. “Los autos chinos son imparables. Hoy nos están pasando por arriba”, dijo. En ese sentido, consideró que el país necesita avanzar hacia actividades de mayor valor agregado y tecnología, tanto en la industria como en el agro.
“¡La potencia que tiene la Argentina! No se olviden que hace 100 años estábamos entre los primeros seis o siete países del mundo. Que volvamos entre los primeros seis o siete no sé, pero entre los primeros diez es algo que nuestros hijos y nuestros nietos pueden tener la oportunidad de ver”, se esperanzó.
Por su parte, Christian Angio, director del negocio agropecuario de Ledesma, puso el foco en la productividad y en la necesidad de transformar las ventajas naturales del país en competitividad concreta. La compañía, históricamente vinculada a la producción de azúcar, papel y frutas, opera además unas 50.000 hectáreas agrícolas y ganaderas en Buenos Aires y Entre Ríos.
Según explicó, la compañía trabaja en un plan estratégico hacia 2030 centrado en reducir brechas productivas sin necesidad de expandir superficie. “Vimos que tenemos un potencial de aumento del 30% en las mismas hectáreas donde hoy estamos operando en base a incorporación de tecnología, de insumos y tecnología de procesos, tanto en la agricultura como en la ganadería”, indicó.
Angio sostuvo que ese potencial excede a la empresa y alcanza a todo el país. “No hace falta agrandar más hectáreas sino que tenemos un potencial enorme de producir más en las mismas hectáreas”, afirmó.

El ejecutivo señaló además que el cambio de contexto económico obliga a modificar la lógica empresarial y productiva. “Nos cuesta dejar de ver el dólar y tenemos que ver más la eficiencia y buscar cómo incorporar tecnología, cómo incorporar mejoras. La eficiencia está por ahí”, señaló. Según describió, durante años gran parte de la rentabilidad empresarial estuvo asociada a cuestiones financieras y no productivas. “Ganábamos más plata con lo financiero que produciendo”, resumió.
Insistió en la necesidad de estabilidad macroeconómica y previsibilidad para impulsar inversiones de largo plazo y la industrialización. “La baja industrialización de la producción ha venido porque no tenemos reglas de juego para pensar en el largo plazo, acceso al crédito y una mirada mucho más larga. La Argentina tiene ventajas comparativas diferenciales con el resto del mundo en clima, suelo y acceso a puertos. Pero para que esas ventajas comparativas se transformen en competitivas hace falta la acción del hombre: reglas de juego, instituciones fuertes y acuerdos de libre comercio", sostuvo.
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