Dejaron el banco y crearon un negocio haciendo cerveza en el quincho

Pablo Sobrino, Germán López y Tadeo Castro Videla en la fábrica
Pablo Sobrino, Germán López y Tadeo Castro Videla en la fábrica
Mariana Reinke
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9 de diciembre de 2019  • 11:23

Cuando Miguel Ángel culminó a su gigantesco Moisés dicen que quedó tan impresionado que, golpeándole la rodilla con el cincel, le dijo: "¡Parla!". Ese mismo concepto tienen Germán López, Pablo Sobrino y Tadeo Castro Videla cuando sacan un birrón de su fábrica. "¡Que la birra hable por nosotros!", dicen los tres juntos.

Estos amigos y compañeros de trabajo del Banco Nación miran ocho años hacia atrás y no pueden creer que todo empezó una noche en el quincho de la casa de Germán con un par de ollas de aluminio de 20 litros y una helatodo como macerador.

Unidos por más de 25 años por el gusto a la buena literatura, el arte y la gastronomía, en 2011 empezaron en la oficina con la idea de hacer una birra casera. Les picó el bichito y se convirtieron rápidamente en homegrowers (cultivadores caseros) animándose a experimentar distintos gustos cada fin de semana.

Con cervezas cada vez mejores, sus amigos les pedían que les guarden botellas de sus producciones, a la vez que les insistían para que participen en el concurso Somos Cerveceros. Debían ponerle un nombre y surgió Lumpen. Así llamaba Carlos Marx a los grupos sociales marginales. "Fue un nombre que marcaba una de las primeras cosas que nos unió como amigos: mirar las cosas desde otro lugar", cuenta a LA NACION Pablo, de 48 años.

En 2014 obtuvieron el primer premio y fueron elegidos Cerveceros del Año, máxima distinción para los cerveceros artesanales caseros. Ese fue el quiebre: había que lanzarse al mercado.

Pablo Sobrino y Germán López cuando ganaron el primer premio como homegrowers en Somos Cerveceros
Pablo Sobrino y Germán López cuando ganaron el primer premio como homegrowers en Somos Cerveceros

Con "esa chapa ganadora", en 2016 comenzaron a cocinar fuerte para vender a los bares. Sumaron más litros, pero continuaban en el quincho, para no agregar costos extras. Tadeo, que hasta entonces acompañaba todo el proceso desde afuera, se sumó a la movida.

Como crecían los pedidos a la par de que se abrían bocas de expendio en la ciudad, pensaron que era un buen momento de dejar el quincho para los asados y profesionalizarse. Buscaron otros cerveceros que estaban en la misma situación y en un local en Almagro empezaron a compartir el espacio de cocción y los gastos de alquiler.

Enseguida les volvió a quedar chico el lugar y se mudaron solos a un galpón en el barrio de Pompeya. Compraron un equipo nuevo de 1500 litros. "Con una demanda en aumento, había que crecer", recuerda Tadeo.

Jueves por medio organizan un taproom y abren la fábrica para que los clientes puedan probar nuevas variedades
Jueves por medio organizan un taproom y abren la fábrica para que los clientes puedan probar nuevas variedades

Llegaron a producir más de 6000 litros al mes, pero esta última crisis económica, sumada a las dos devaluaciones y a costos dolarizados, afectó su producción y hoy solo fabrican 4000 por mes.

Venden a más de 80 bares que se reparten entre Buenos Aires, Ushuaia , Rosario , Entre Ríos , Córdoba , Santa Rosa, Puerto Madryn , Río Negro y Chubut, entre otros.

Tienen cuatro variedades fijas además de las cocciones especiales. Siempre que piensan en ponerle nombre a un nuevo producto buscan algún personaje de la música, de la literatura o del cine cuya marginalidad les agrade. "Por suerte está lleno de artistas con esta característica: Jaco, Iggy, Miles, Amy, Dude, Quiroga, Symns", cuenta Pablo.

"Una de las variedades es la Guaica, en honor a un bar venezolano dónde una vuelta nos pidieron que hagamos una cerveza para ellos. Creamos una cerveza con un toque caribeño: le pusimos hibiscus, que es una flor que se utiliza para tés de hierbas en Venezuela", agrega.

Hace unos meses, un jueves, crearon un taproom con el fin de darle a la gente la posibilidad de probar cervezas frescas y a la vez que conozcan dónde se cocinan sus productos. También lanzaron latas de medio litro, con el doble del valor de una cerveza industrial, a $160.

Los fines de semana del año, los tres amigos se dedican a fabricar cervezas en el barrio de Pompeya
Los fines de semana del año, los tres amigos se dedican a fabricar cervezas en el barrio de Pompeya

Todos los fines de semana del año, los tres amigos dejan el traje de bancario en Microcentro y se ponen el overol en Pompeya. Allí, hasta la medianoche buscan que "caóticamente" la creatividad fluya. "Creemos que la cerveza artesanal llegó para quedarse. Seguimos apostando. Sé que estamos lejos, pero no dejamos de soñar que algún día podamos vivir de esto", concluye.

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