
Diego Segura
Su fallecimiento
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Hondo pesar causó en ámbitos políticos, empresariales y periodísticos el fallecimiento de Diego Segura, uno de los jóvenes ejecutivos más reconocidos del país por su actividad en el mundo corporativo. Hace pocos meses, Segura se había instalado en Londres para desempeñarse como responsable de Asuntos Corporativos para América latina y el Caribe de British American Tobacco (BAT), empresa en la que se había iniciado profesionalmente en la Argentina.
Nacido en Buenos Aires el 31 de diciembre de 1963, hijo de Clara Ordóñez y Diego Segura, fue el mayor de seis hermanos. Su infancia transcurrió en Bella Vista, provincia de Buenos Aires, donde cursó parte de la primaria en el colegio Don Jaime. Años más tarde se destacó en el rugby como medio apertura del Club Regatas.
Abogado, cursó sus estudios en la Universidad de Buenos Aires e ingresó a fines de los 80 como becario en la tabacalera Nobleza Piccardo, controlada por BAT. Ejecutivo inteligente y de reconocidas cualidades humanas, se convirtió en poco tiempo en referente de la industria. Pasó más de 13 años en la empresa, hasta alcanzar el cargo de director de Asuntos Empresarios. A fines de 2003 se mudó al sector de los servicios públicos y asumió la dirección de Asuntos Corporativos de Aguas Argentinas, donde trabajó dos años.
En 2005 ingresó en la consultora internacional Burson Marsteller, donde se desempeñó cómo máximo ejecutivo en la Argentina. Desde ese lugar asesoró a funcionarios y políticos como Roberto Lavagna y miembros de Pro. En mayo de este año dejó esa posición para volver a BAT, con oficinas en Londres, donde tenía previsto instalarse con su mujer, Jackie Bausili, y sus cinco hijos.
En todos los lugares que frecuentó dejó una lista extensa de amigos. Sus íntimos de Bella Vista recuerdan su sonrisa "franca y abierta, y un buen humor permanente". También sus habilidades en el rugby y su pasión por el golf, el fútbol y el tenis. En el círculo laboral, muchos lo seguirán llamando "maestro" y recordarán a la persona "que sólo con un saludo podía contagiar entusiasmo".
"Era madrugador por naturaleza. Entraba a las 8.30 con buen humor y nos ponía en marcha a todos. Con la gente siempre fue una maravilla de persona", dice un ex colega con quien creó campañas enteras de comunicación, que agrega: "Era una persona que delegaba y que te animaba a tomar riesgos. Te animaba a dar un salto de fe. Los que trabajamos con él aprendimos a vivir como él: sin miedo y disfrutando de cada segundo."





