Los controles sobre el tipo de cambio y las dudas sobre el futuro

Pablo Salvador
Pablo Salvador PARA LA NACION
Mientras rigen las medidas para contener el dólar, falta conocer un plan integral
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9 de febrero de 2020  

Entre agosto y octubre de 2019 el Banco Central (BCRA) perdió reservas por US$23.331 millones. A su vez, en estos tres meses el tipo de cambio mayorista tuvo un salto de $15 (de más de 35%) y el minorista avanzó $18 (más de 32%).

Para frenar este drenaje de reservas y atenuar la volatilidad del tipo de cambio, el BCRA implementó en septiembre el control de cambios (el cepo). Se atacó la demanda de dólares permitiendo a las personas comprar hasta un límite de US$10.000 mensuales y transferir fondos hasta ese monto a cuentas del exterior no propias. A las empresas e instituciones se les impidió comprar dólares para atesorar. También se apuntó a la oferta de divisas, obligando a exportadores de bienes y servicios a liquidar sus dólares en un plazo máximo de cinco días hábiles después del cobro (abriéndolo en enero para las empresas que quieran girar utilidades al exterior).

El Banco Central logró, así, mantener la estabilidad cambiaria durante el último trimestre de 2019, aunque siguió perdiendo reservas, US$4443 millones de dólares en setiembre y US$5228 millones en octubre. En ese mes se endureció el cepo, porque se limitó la compra mensual con débito a cuenta bancaria a la suma de US$200. Y, antes de finalizar diciembre, el nuevo gobierno añadió un gravamen del 30% sobre la compra de moneda extranjera.

Estas medidas le han permitido al Banco Central no solo frenar el drenaje de reservas, sino también recomponer parte de su stock. La recomposición fue posible gracias a la mayor liquidación de divisas por parte de los agroexportadores. Según la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina y el Centro de Exportadores de Cereales, las empresas del sector liquidaron en el último bimestre de 2019 un total de US$4400 millones de dólares, 140% más que en el mismo período de 2018.

La contracara de esta compra de dólares fue la emisión de pesos, a la que hay que añadir la emisión para financiar al Tesoro en forma de adelantos transitorios, sobre todo durante noviembre y diciembre, y la expansión monetaria por intereses de las Leliq.

Esta mayor emisión se vio en parte reflejada en la inflación de noviembre. No así en los dos meses siguientes, debido a la suba estacional de la demanda de dinero en el verano. Sin embargo, de acuerdo con sus lineamientos de política monetaria, el Central seguirá asistiendo excepcionalmente al Tesoro "tanto en la eventualidad de pagos de deuda al exterior como, de ser estrictamente necesario y bajo límites prudentes que respeten el equilibrio en el mercado monetario, en financiamientos en moneda local", a la vez que promoverá "una expansión prudente de los agregados monetarios, evitando desequilibrios que afecten en forma directa o indirecta al proceso inflacionario".

El Banco Central apuesta a estos lineamientos y a las políticas del Gobierno para definir "un nuevo encuadre macroeconómico sustentado en la recuperación del mercado interno y el crecimiento de las exportaciones, induciendo aumentos en la inversión y la productividad, lo que permitirá conjugar la expansión de la demanda y el empleo con la transformación productiva necesaria para darle continuidad en el tiempo".

Sin embargo, se termina el verano y con ello cae la demanda de dinero. El Central tuvo que vender reservas en los últimos días de enero para contener la cotización del dólar. Urge que el Gobierno anuncie un plan económico, integral y consistente. Un plan que despeje dudas, elimine la incertidumbre y genere confianza. De lo contrario, difícilmente se produzca un cambio de tendencia en la demanda de dinero y en los próximos meses el Banco Central continúe perdiendo reservas, siga ampliándose la brecha cambiaria entre el dólar oficial y las cotizaciones alternativas, y se acelere la inflación.

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