Mi reino por un dólar

Martín Redrado
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28 de julio de 2013  

A la Argentina le faltan los dólares que le sobran a América latina. El Gobierno busca que aparezcan a través de atajos y medidas improvisadas: blanqueo, venta de bonos de la Anses, apriete a los exportadores, freno a los importadores y represión financiera son instrumentos que no dan en el blanco de la solución.

Desde que el Gobierno le impuso al Banco Central el uso de reservas para pagar todo tipo de deudas, la institución se quedó sin municiones para cumplir un objetivo central: proveer estabilidad, previsibilidad cambiaria a todos los argentinos. Más allá de la coyuntura de reservas debemos estar alertas a su tendencia, inexorablemente descendente en el marco económico en vigor; se complica así la transición hacia 2015.

En lo que va del año se dieron una conjunción de factores permanentes y transitorios que llevaron a una caída de reservas de casi 6000 millones de dólares. Entre los primeros, están los pagos de deuda pública y privada y la dinámica comercial (energía) y de servicios (turismo), pero más de la mitad de la pérdida estuvo relacionada con eventos puntuales como la caída en la cotización del oro y la cancelación del tramo restante del préstamo contingente con el Banco de Francia (garantizado con depósitos del Banco Central), lo que generó un cóctel dañino.

El segundo semestre tampoco se presenta alentador, ya que aminoran los dólares comerciales (única fuente genuina de divisas), hay un fuerte vencimiento de deuda en septiembre (Bonar VII) y los diversos artilugios pensados por el Gobierno (Cedin y Baade) parecen tener resultados anémicos. Con alguna que otra "ayudita" es probable que el año finalice en alrededor de 35.000 millones de dólares de reservas.

El Gobierno, que es rústico pero no es tonto, está ante la caza indiscriminada de dólares que anden dando vueltas, en el trayecto hacia la carrera electoral en la que se juega mucho más que una renovación legislativa. Su abordaje de esta problemática es confuso y errático y como nos tiene acostumbrados extremadamente discrecional. El intento con el Cedin primero, ahora con el Baade sumado al acuerdo a medida con la petrolera Chevron muestran que son capaces de ceder su reino por un dólar. Más aún, las "llamadas telefónicas" para limitar canillas formales para hacerse de dólares como el contado con liquidación y el dólar MEP, la generación de un mercadodeep blue, son todos ejemplos de una realidad que se impone al relato voluntarista y que obligan al Gobierno a correr detrás de los acontecimientos.

El resultado electoral de octubre no será inocuo, ya que terminará marcando la agenda de política económica de los próximos dos años. Dada la situación actual, vamos hacia una pérdida de reservas acumulada por aproximadamente 17.500 millones hasta finales de 2015 (tan sólo contando deuda con privados, tomando que superávit mercancías se netea con déficit en servicios), cerrando el fin de mandato bien por debajo de los 20.000 millones. Resultado: alta inflación, pobre crecimiento económico y del empleo.

Tras las elecciones legislativas, este esquema de agotamiento enfrenta el escenario de una profundización hacia "más de lo mismo", de la mano de un manejo casi diario a prueba de aciertos y errores de un gobierno que se muestra reactivo en términos cambiarios y proactivo en cuanto a la búsqueda de nuevas cajas.

Brecha cambiaria creciente

Hacia 2015 se consolida la vigencia del esquema tripartito: cepo-caída de reservas-brecha cambiaria, pero con una salvedad: en un mercado con escasez de divisas pero que opera con un exceso de pesos estructural (por la emisión al Tesoro), la brecha cambiaria sólo puede ser creciente, más allá de intentos de parches financieros esporádicos cuyos resultados no son más que un par de gotas en el océano.

Existe otro camino posible para el país: un trayecto virtuoso hacia la expansión y no hacia mayores restricciones. No resulta tan difícil acordar un programa económico integral y sistémico que impulse una integración productiva con el mundo. Sólo se necesita voluntad política que vaya acompañada de una estrategia profesional con un serio y cohesionado equipo técnico. Retomando este esquema superador, generaremos una rápida reversión de expectativas y podremos atraer los dólares que abundan en la región y hoy escasean en la Argentina, para, de esa forma, ir retirando gradualmente las restricciones del mercado cambiario. Esta vez, el escenario de mayor credibilidad de políticas públicas es posible.

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