¿Dónde se aprende economía, pero en serio? En Venezuela
No es necesario moverse físicamente, sino que basta con plantear en el aula que no todos los problemas se deben a la escasez, el maldito imperialismo o la mala suerte
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Propongo cerrar las facultades de ciencias económicas de la Argentina durante un par de semanas para que los estudiantes se puedan trasladar a alguna ciudad de Venezuela y palpar las dramáticas implicancias que genera ignorar los principios económicos más elementales.
Venezuela es un país cuyo subsuelo está lleno de un recurso muy valioso y su suelo vacío de bienes. Lo explicó Adam Smith en La riqueza de las naciones cuando dijo que no es la benevolencia del carnicero la que nos proporciona el alimento, sino que el referido comerciante se gana la vida prestando un servicio.
Hace algunos años se supo que, con respecto a lo que ocurría antes de que Hugo Chávez llegara la presidencia, Pdvsa (la empresa petrolera de Venezuela) había disminuido su extracción de petróleo, y elaboración de derivados a la tercera parte a pesar de –o gracias a– haber multiplicado por diez su nómina salarial.
Alrededor del 25% de la población de Venezuela migró, reinsertándose con rapidez en los países que la aceptaron. ¿Qué pasó con el mozo venezolano que me atendía en el bar de la esquina? Dejé de verlo porque escaló en el plano laboral.
China es el contraejemplo de Venezuela. Gracias a Deng Xiao Ping el agricultor encontró que el primer repollo que producía era para el Estado y los demás para él. En la época de Mao Zedong ocurría lo contrario y sólo cultivaba un repollo; ahora, del mismo terreno, con las mismas herramientas, salieron varios. Como bien dice Dany Rodrik, los chinos no descubrieron ningún principio económico, sino que los aplican todos.
Simón Kuznets, en la década de 1960, clasificaba a los países en cuatro “categorías”: los desarrollados, los subdesarrollados, Japón y la Argentina. Hoy quitaría a Japón y, junto a la Argentina, colocaría a Venezuela. Ojalá dentro de algunos años a nosotros nos saque de la lista.
Si no queremos llevar a los estudiantes de economía a Venezuela, desde la caída del Muro de Berlín ya no nos queda mostrar el contraste entre Berlín Occidental y Oriental; pero todavía nos quedan Corea del Norte y del Sur.
No es necesario moverse físicamente: basta con plantear en el aula que no todos los problemas se deben a la escasez, el maldito imperialismo o la mala suerte. También se pueden deber a la importancia de que a los seres humanos les convenga hacer cosas que les aportan a los otros seres humanos, con los cuales pueden intercambiar en paz.
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