El 82% para jubilados, tan lejos como Luxemburgo
La aplicación de las reformas jubilatorias que propone la oposición no implicaría que en la generalidad de los casos, los jubilados y pensionados -ni los actuales ni los futuros- cobren 82 pesos por cada 100 de su último salario percibido en la vida laboral. En rigor, lo que se está proponiendo es un ingreso mínimo garantizado para los pasivos, y esa suma está definida como el 82% del salario mínimo, vital y móvil.
Por eso, sonó desacertada la comparación que hizo ayer el ministro de Economía, Amado Boudou, cuando en el discurso con el que se propuso desacreditar los proyectos, dijo que el único país del mundo que logra pagar el 82% a sus jubilados es Luxemburgo. Salvo para el caso de alguien que se jubile ahora tras estar cobrando el sueldo básico, no sería ese el efecto de las iniciativas, que según el análisis de Boudou, llevarían a "la quiebra del sistema".
En todo caso, podría haberse hecho una comparación con los haberes mínimos de otros países en relación con alguna variable. Pero más allá de ese punto, lo importante y necesario es que exista un debate (y que no se pretenda anular esa posibilidad) sobre cómo mejorar el sistema en la Argentina, poniendo todos los números sobre la mesa y evitando que los argumentos aporten confusión respecto de qué se está hablando.
Actualmente, para calcular cuánto va a cobrar quien se jubila en el sistema gestionado por la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), se utiliza una fórmula que toma como base el salario promedio de los diez últimos años con aportes, previos a la fecha de pedir el beneficio. El 1,5% de esa cifra se multiplica por la cantidad de años trabajados y al monto resultante, se le suma una prestación básica, que en la actualidad es de $ 422. Como el 1,5% de un monto multiplicado por 30 (que es la cantidad mínima de años con aportes requeridos), da el 45% de ese monto, podría pensarse que la fórmula garantiza una jubilación siempre superior a ese porcentaje del salario, dado que también se suma el pago básico ya mencionado.
En la práctica, ello puede no ocurrir, porque es común que el promedio salarial de los últimos años, aún con los índices de actualización que hoy usa la Anses, no coincida con el último ingreso laboral de la persona.
Así, si el promedio de los salarios da $ 4000 y se trata de una persona que aportó durante 30 años, el pago sería de $ 1800 (60 por 30), que sumado a la prestación básica, daría un total de $ 2222 equivalente al 55,5%, pero de ese promedio de los ingresos, y no del último obtenido.
En un caso real, ocurrió lo siguiente: Antonio S., que al final de su vida laboral cobraba un salario de $ 6730 y que trabajó durante 35 años, obtuvo una jubilación inicial de $ 2278, que equivale solamente al 36% de su último ingreso como activo. En el ejemplo, el haber se depreció fuertemente porque el trabajador -por estar en un gremio que logró buenas negociaciones de su convenio para hacer frente a los efectos de la inflación-, había obtenido en los últimos años subas salariales más elevadas que la evolución del índice considerado en la fórmula de actualización.
Es una cuestión clave, justamente, la manera en que se actualiza el valor histórico nominal de los sueldos de los diez años. En ese sentido, el proyecto que obtuvo dictamen en Diputados, si bien no se propone modificar la modalidad del cálculo, sí prevé ordenar que se redefinan los haberes iniciales que cobran muchos de quienes obtuvieron su beneficio en los últimos años, porque la Anses no siempre se utilizó un índice de actualización.
Otro punto importante de los proyectos es la disposición de que la Anses pague en forma generalizada, a todos los jubilados que les corresponda, los haberes ajustados de acuerdo con el criterio establecido por la Corte Suprema en el fallo Badaro. Según esa sentencia, todas las jubilaciones y pensiones debieron haber subido, entre 2002 y 2006, un 88,5 por ciento.
La política oficial, que dispuso durante ese período incrementos sólo para algunos pasivos, provocó una fuerte pérdida de poder adquisitivo para muchos, a quienes hoy, para cobrar lo que les corresponde, no les queda otra que recurrir al largo camino del reclamo judicial.
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