El Club de París y la negociación por la deuda argentina

Carlos Oliva Campos
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2 de febrero de 2014  

PARÍS.– Según los conocedores, la muy influyente Dirección del Tesoro del Ministerio de Finanzas de Francia no es de izquierda ni de derecha, es liberal y proeuropea. Su director general, Ramón Fernández, es el presidente del Club de París y personaje clave de la diplomacia económica que los socialistas conservan desde 2012, pese a su pasado como consejero de Nicolas Sarkozy. Se cumple una vez más la tradición francesa que indica que los ministros pasan y los administradores de la república quedan. Es respetado por sus interlocutores por su fuerte personalidad y afable trato. El copresidente del Club es el jefe de Asuntos Multilaterales del Tesoro, Anthony Requin, y su vicepresidente es Arnaud Buisse. Las sesiones deben ser presididas por alguno de ellos. El Banco de Francia, mediante el servicio de endeudamiento, administra las acreencias en capital, intereses y punitorios sobre los países cuyas deudas están en mediación.

El presidente desempeña el rol de intermediario entre los acreedores y los deudores. Los 19 miembros trabajan en común para precisar los arreglos y participan de la reflexión sobre los diferentes puntos de vista, pudiendo ser observadores en el momento de la negociación, incluso si no tienen acreencias sobre el país concernido.

El FMI y el Banco Mundial intervienen en las deliberaciones y cuando en las negociaciones hay un país iberoamericano, el BID es observador y no hace uso de la palabra.

Para el análisis es necesario el asesoramiento de un especialista consumado de reputación internacional que indique la ruta en las ignotas soledades, abogue por la iniciativa, apostrofe con inteligencia y convenza por su elocuencia financiera. Ciertos oídos receptivos franceses desearían conocer si la propuesta de escalonamiento descollará por el vigor de la argumentación lógica o flaqueará en el armado de la dialéctica. Es probable que los funcionarios del Tesoro que escucharon la presentación argentina sin la presencia de los acreedores como indica la regla, piensen que no hay un discurso maduro. Antes, por el contrario, podrían surgir inevitables divergencias sobre puntos esenciales. Tampoco diálogos confidenciales para descubrir los pensamientos y secretos reservados de las delegaciones de los prestamistas.

Como consecuencia de credos políticos que luego de decenios no se oyen más en Europa, hay una posición doctrinal contra natura hacia el FMI de parte de algunos países emergentes. Para recuperar la credibilidad, el FMI tendría que brindarles respuestas suficientes. No pocas mentes cartesianas imaginan que la directora del FMI, Christine Lagarde, podría verse sorprendida por la propuesta argentina si se le solicita una carta de patrocinio. Aunque el FMI no garantizaría la viabilidad de que el país cumpla con sus acreedores, la misiva a emitir explicaría las causas por las cuales no se puede acceder a los mercados pagando spreads y obteniendo plazos adecuados. Aún cuando el FMI lo acepte y se pueda concretar el requerimiento dentro de un nuevo programa de acción, no hay que olvidar que la Argentina no es un país pobre muy endeudado. Por lo tanto, con la recomendación del FMI puede adecuar su política para que sus acreedores la ayuden a conseguir créditos en condiciones aceptables. Las condiciones del Club de París para aceptar un escalonamiento, que se concretaría en una reducción de las tasas de interés sobre el monto escalonado y la ampliación del plazo de gracia, es el sostenimiento del FMI.

La solidaridad de los acreedores se exteriorizaría en acuerdos bilaterales lo que haría conocer el costo real de los empréstitos argentinos y permitiría el financiamiento pendiente para obras de infraestructura en el país. El FMI cooperará con la estrategia de los argentinos que deberán coordinar las acciones para alcanzar el objetivo de la reestructuración de la deuda.

Para la deuda de largo plazo no garantizada, pari passu con todas las deudas sin garantías, hay dos transacciones legal y contractualmente separadas, e independientes una de otra. Si el Club de París admite un tratamiento especial para las acreencias a largo plazo no garantizadas de sus países miembros sobre la Argentina, sabe que el mayor de los problemas no está constituido por la deuda bilateral, sino por la multilateral de nuestro país acumulada en ocasión de múltiples escalonamientos.

Los acreedores querrán asegurarse el 100% de la deuda argentina. Aquellos que conocen se preguntan: ¿qué deben hacer los argentinos para tener acceso a los mercados de capitales, con costos y plazos adecuados? La inventiva incorporada indica que para dar respuesta a estas preguntas sería necesario:

a) Constituir un depósito bancario. La Argentina efectuaría un depósito en un banco radicado en el país acreedor y designado de común acuerdo. Su destino ulterior, de aplicarlo al pago de algún vencimiento, estaría condicionado a que no haya un default previo de la deuda externa de la república. La hipótesis a la que los estrategos adhieren se sitúa en un porcentaje de la masa monetaria adeudada. El monto estaría remunerado a la tasa Libor.

b) Que el BCRA efectúe un depósito en los libros de la Fed.

En el mercado de acreencias bancarias sobre la Argentina no hay una referencia de comparación para créditos a largo plazo. Los depósitos previos remunerados atraen a los que han tomado partido contra la Argentina, cuando comprueban que las sociedades de seguros que garantizan a los exportadores los riesgos comerciales y políticos de sus ventas al país, no quieren asumir los riesgos. Dicen que estos criterios de optimización para el financiamiento permiten maximizar la deuda "Senior" que no cuenta con avales y cauciones, y crea además, un benchmark para la deuda de la República no garantizada.

El autor fue gerente del Banco Nación en París y es estratego y consultor independiente en divisas

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