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Algo no salió bien

El general presumido que alcanzó la gloria, pero sucumbió por torpe en la batalla decisiva

Carlos Manzoni
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22 de julio de 2019  • 16:38

Nadie daba una moneda por George Custer. Mucho menos cuando lo vieron graduarse en la Academia Militar: fue el último entre 34 cadetes. Sin embargo, ese rubio presumido, que ingresó al ejército de la Unión casi por descarte, se convirtió en uno de los generales más importantes de los Estados Unidos y fue clave para que los antiesclavistas del Norte ganaran la Guerra de Secesión. Pero, en una batalla decisiva contra los indios, tomó las peores decisiones y lo perdió todo.

George Armstrong Custer, tal su nombre completo, nació el 5 de diciembre de 1839, en New Rumley, Ohio, en el noreste de los Estados Unidos. Era hijo de un granjero y pertenecía a una familia que había emigrado a América a fines del siglo XVII, desde Westfalia, Alemania . Por eso se supone que su apellido original era "Küster".

El joven Custer cursó sus estudios en una escuela normal de Ohio y, mientras se formaba, trabajó transportando carbón para ayudar a pagar su habitación y su educación. Luego, ingresó en la Academia Militar, donde tuvo un paso tortuoso. Estuvo cerca de ser expulsado en varias ocasiones por su escasa aplicación, su indisciplina y las burlas a las que sometía a algunos de sus camaradas.

George Armstrong Custer
George Armstrong Custer

En 1861, se graduó último entre los 34 cadetes de su promoción. Con esa calificación no se le auguraba otro destino que el de un oscuro puesto en un cuartel y una discreta carrera militar. Pero Custer era un hombre con suerte: justo en ese momento estalló la Guerra de Secesión y, como la mayoría de sus compañeros eran sureños y fueron enlistados en la Confederación, él fue incluido en el ejército de la Unión.

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Pronto se reveló como un soldado intrépido y temerario. A tal punto que el 24 de mayo de 1862, convenció a un coronel para que le permitiese dirigir un ataque con cuatro compañías de infantería de Michigan: el ataque resultó un éxito total, fue nombrado capitán y desde ahí comenzó a forjar su fama.

En otra ocasión, también demostró su arrojo y determinación: el ejército se detuvo ante un río y él oyó que el comandante murmuraba a su segundo: "Me gustaría saber qué profundidad tiene". El superior no había terminado de decir eso cuando Custer se lanzó al agua con su caballo y desde allí, señalando el pecho del animal, exclamó : "Es así de profundo, señor general".

Pronto fue ascendido a comandante y en su primera misión exhibió un personal y vistoso uniforme, que lo pintaba al dedillo su personalidad: era excéntrico (decían que se rizaba él mismo el pelo), siempre quería tener el protagonismo y le gustaba mostrar superioridad sobre todos.

Custer con el oficial Alfred Pleasonton
Custer con el oficial Alfred Pleasonton

Como si fuera una forma de compensar su mal paso por la Academia Militar, se regodeaba ante sus tropas menospreciándolas y enrostrándoles su éxito en el ejército. Al exigir a sus hombres, les gritaba: "Mírenme a mí. Fui el último de mi promoción y vean adónde llegué". Por todo esto, no era lo que se dice muy querido por sus soldados. Pero en batalla era magnífico, iba siempre al ataque en primera fila, y por eso lo respetaban.

El 28 de junio de 1863, fue ascendido de capitán a general de brigada de los voluntarios y se convirtió así en uno de los generales más jóvenes del ejército de los Estados Unidos, con tan sólo 23 años. Su actuación fue clave para que la Unión ganara la guerra civil en la batalla decisiva que provocó la rendición del general Robert E. Lee. No solo eso. Estuvo presente en la ceremonia de rendición en el juzgado de Appomatox, y la mesa sobre la que se firmó el documento le fue regalada personalmente como recompensa por su valor.

Luego de un breve tiempo apartado de sus funciones, Custer fue escogido para la misión de dominar a los indios en los territorios que se iban ganando hacia el oeste. Obtuvo las primeras victorias contra tribus Comanches y Sioux, pero además, fue el responsable de confirmar un descubrimiento de oro en Black Hills, las Colinas Negras, enclavadas en lo que hoy es Dakota del Sur. Era, como se dijo, un hombre de suerte.

Pero con la cuestión del oro de las Colinas Negras había un problema: ese era aún territorio Sioux; es más, ellos lo consideraban su tierra sagrada. Tal como se puede ver en la serie The West, que está disponible en Netflix , un jefe indio tomó un puñado de tierra, lo dejó caer entre sus dedos y sentenció: "Ni siquiera esto les entregaré a los estadounidenses".

Luego de agotar todas las negociaciones posibles, al presidente Ulysses S. Grant, no le quedó más remedio que acceder a lo que parte del ejército le aconsejaba hacía tiempo: hay que ir a la guerra contra los indios, terminar de raíz con ese problema y sacar el oro tan necesario para salvar a la alicaída economía estadounidense. Esa misión solo podía recaer en un hombre: Custer.

Custer en un alto, con su perro
Custer en un alto, con su perro

Con solo 35 años, el cadete que se había graduado último en su promoción y por el que nadie apostaba un centavo, era el general más prestigioso del país, estaba bañado en gloria, era amado por el ciudadano común y, si arrebataba las tierras a los Siouxs, se posicionaría como serio candidato a presidente de los Estados Unidos. Estaba tocando el Cielo las manos. Pero... siempre hay un "pincelazo" que lo arruina todo.

El 25 de junio de 1876, Custer llegó con su 7° regimiento a las orillas del río Little Big Horn, donde se libraría la batalla decisiva contra una unión de tribus encabezadas por los caciques Caballo Loco y Toro Sentado. No se sabe aún hoy qué le pasó ese día, pero Custer cometió todos los errores juntos.

En esa aciaga jornada, el excéntrico general subestimó el número de indios, que lo superaban casi diez a uno; dividió su propio ataque, se negó a esperar refuerzos porque quería toda la gloria para él, aplicó una fallida estrategia de pinzas y descartó el uso de sables y artillería pesada. ¿Resultado?: Todo su 7° regimiento fue exterminado y él mismo murió ahí, en la recordada batalla de Little Big Horn, que pasó a la historia como la mayor derrota de un ejército estadounidense a manos de los indios.

* Si querés ver la columna en vivo, sintonizá los viernes a las 23 Lo que el día se llevó (martes a viernes), por LN+: 715 y 1715 de DirecTV, Cablevisión 19 Digital y analógico/ 618 HD y Flow, Telecentro 705 Digital, TDA 25.3, Telered 18 digital y servicio básico y Antina 6 digital.

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