El impuesto inflacionario también daña al Estado
Bailey advierte que los gobiernos pierden cuando los impuestos se cobran con rezago o cuando suben los subsidios
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Que un rey o un presidente pueden financiar parte de los gastos públicos reduciendo el poder adquisitivo de la moneda que circula en su país lo explicó de manera brillante en latín el obispo francés Nicole Oresme (1320-1382), en su obra Sobre la moneda, que conocimos en castellano gracias a la traducción de Habib Basbus.
Pero en la literatura económica, el término "impuesto inflacionario" sólo surgió a mediados del siglo XX.
Para aclarar dudas, me contacté con el norteamericano Martin J. Bailey (1929-1997), profesor en las universidades de Chicago, Maryland y Emory, y autor de un libro publicado en 1962, que tuvo gran impacto porque introdujo la variabilidad del nivel de precios en el análisis macroeconómico, cuando "reinaba" el texto publicado el año anterior por Hugh Gardner Ackley, que lo suponía fijo.
–En 1956, usted publicó una monografía proponiendo que la inflación fuera visualizada como un impuesto. En el mismo año, Philip D. Cagan dio a conocer otra, referida a las hiperinflaciones europeas de la década de 1920, en la que aparece la misma idea.
–Como bien aclaró Ephraim Kleiman, la idea anduvo en el aire durante la primera mitad del siglo XX. En particular, cabe destacar la estimación que durante la primera mitad de la década de 1920 realizó el ruso Tadeusz Szturm de Sztrem, referida a Polonia.
–¿Qué es esto de la inflación como impuesto?
–¿Qué diferencia existe entre que en un país, durante cierto período, los precios se dupliquen y, por consiguiente, con el dinero que sus habitantes mantienen en efectivo al final del período sólo pueden comprar la mitad de lo que podían adquirir al principio, y que en otro país exista estabilidad de precios, pero sus habitantes tengan que pagar un impuesto igual a la mitad del dinero que mantienen en sus bolsillos? Ninguna.
La "alícuota" del impuesto es la tasa de inflación; la "base imponible" está constituida por aquellas variedades de dinero que al Estado no le devengan interés.
–Se dice que el inflacionario es un impuesto regresivo, es decir, que proporcionalmente lo pagan más los pobres.
–Hay mucha evidencia al respecto. Hildegart Ahumada, Alfredo Canavese, Pablo Sanguinetti y Walter Sosa Escudero analizaron los efectos distributivos del impuesto inflacionario en la Argentina, y encontraron que entre 1980 y 1990 el 20% más pobre de la población pagó tres veces el impuesto inflacionario que abonó el 20% más rico.
–La inflación no es una política; es más bien el fracaso de una política. Pero vista como un impuesto, ¿cabe pensar que este "tributo no legislado" forma parte de la estrategia del gobierno?
–No desde el punto de vista de los ingresos públicos, por el denominado efecto Olivera-Tanzi. Julio Hipólito Guillermo Olivera y Vito Tanzi puntualizaron que cuando los impuestos se cobran con cierto rezago, el valor real de los ingresos públicos disminuye a medida que aumenta la tasa de inflación. De manera que la recaudación por impuesto inflacionario debe sumarse al "valor ajustado" de la recaudación del resto de los impuestos. Pero nótese que, vía retenciones y anticipos, los gobiernos aprendieron a disminuir la cuantía del referido efecto.
–¿Y qué pasa del lado de los gastos públicos?
–Quienes así piensan prestan atención a que, por las demoras en ajustar los salarios públicos y las jubilaciones superiores a la mínima, el aumento de la tasa de inflación disminuye el valor real del gasto público (esto fue muy claro en 2002). A propósito, Juan José Llach y Silvia Montoya mostraron que, a fines del siglo XX, más de la mitad de los ingresos que recibía el 20% más pobre de la población provenía del gasto público social.
–¿Y entonces?
–Pero hay que hacer las cuentas, porque cuando el gobierno no ajusta las tarifas congeladas, el aumento de la tasa de inflación eleva los subsidios que le tiene que pagar al sector privado, si quiere que los ómnibus sigan circulando y no se corten los suministros de gas y electricidad.
–Don Martin, muchas gracias.
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