El líder accesible: una virtud que incentiva la colaboración

Pablo Barassi
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4 de marzo de 2018  

Liderazgo y accesibilidad son sinónimos. O deberían serlo. Un líder accesible es aquel con quien se puede entablar fácilmente una conversación, cuya variante más profunda es el "intercambio". Son aquellas conversaciones profesionales o personales que "nos cambian la vida": modificaciones de rumbo y trayectoria. Esto confirma que no hay liderazgo sin accesibilidad.

Esa accesibilidad puede no ser inmediata, puede necesitar una agenda y hasta un plan de intercambios, pero parte de la disposición de ánimo para que el espacio se concrete, abriéndose la posibilidad de influencia real. Es cuando el líder, más allá de la inevitable cercanía que genera, hace que el colega o colaborador se sienta cómodo al solicitarlo.

Otros aspectos como el sentido del humor (cuando no es impostado) se retroalimentan con esa disposición de ánimo. El líder puede ser accesible, cercano y también divertido.

Para tener tiempo, primero necesitamos entender el sentido de por qué es importante tener tiempo y luego ser paciente. La paciencia inteligente controla la propia ansiedad, las presiones -reales o ficticias- y es parte de la accesibilidad. Sobre todo con las personas con las que por problemas de agenda o de afinidad nos cuesta interactuar socialmente.

No es posible sin esa paciencia generar accesibilidad, pues el apuro sigue rigiendo desde nuestra necesidad de generación de resultados. Pero hay que tener en cuenta que la creación de ambientes armoniosos favorece el compromiso y la productividad.

Entrenar la escucha activa también colabora con la accesibilidad y la accesibilidad se enriquece cualitativamente con la escucha.

El líder accesible obtiene la información que necesita para tomar decisiones y para solucionar problemas u orientar en ello en el tiempo justo.

También hay una correlación directa entre la accesibilidad y la adaptabilidad; ambas son claves en los procesos de transformación y evolución organizacional.

Sin exagerar

Como toda aptitud o competencia de liderazgo, la accesibilidad no solo tiene una alta carga emocional, sino que conlleva la posibilidad de abuso. Se observa cuando el líder pasa demasiado tiempo en lo informal en reuniones, haciendo culto extremo a la vida El apuro social o forzando que en ellas se den los momentos de "vestuario" que deben ser otros. Otro comportamiento de este "sobreuso" es cuando detenta un enorme deseo de agradar o ser aceptado por los demás, vinculándoselo a ser fácilmente influenciable y hasta trivial o ligero.

Por contraste, el líder no accesible -y por ende más líder en estructuras que en los hechos concretos- es distante, siempre está ocupado, abrumado, con un nivel de "acelere" que paradójicamente lo hace desaprovechar aún más el tiempo. Curiosamente, al ser percibido como persona fría, la solemnidad de sus comunicaciones dejan de ser tomadas en serio. Quizá con algún rasgo de timidez, no encuentra comodidad con quien no conoce... y no conocerá pues para ello debe vincularse y para vincularse debe ser accesible. No conoce y no deja que lo conozcan, por lo cual suele ser percibido como desinteresado y poco transparente.

Comportándose como líder que solo se focaliza o concentra en los resultados, hace que estos no tengan sustentabilidad, que está dada por el cultivo de la red de vínculos que no se dispone a atender. Como ya afirmamos, el líder no accesible no escucha y la no escucha refuerza su inaccesibilidad.

La accesibilidad es una condición central en el liderazgo, que necesita una actitud y un cambio de comportamiento consciente, más allá de las palabras. Como alguna vez dijo el especialista Ernesto Tacchi, "la gente no quiere jefes y líderes, la gente quiere gente que trabaje y sea accesible; eso los hace líderes".

CEO de Integrar Recursos Humanos

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