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El sur quiere ser el norte del arte

Alicia de Arteaga
Alicia de Arteaga PARA LA NACION
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20 de febrero de 2019  

Créase o no, el Paseo del Bajo tiene una estrecha relación con el mundo del arte. Finalmente, cuando quede inaugurado, habilitará una vía rápida al mundo arty que ha crecido en el sur de forma exponencial. Primero la administración Macri y ahora Larreta pusieron el foco en crear una "nueva milla virtuosa", cuyo destino final es la Fundación Proa en la Vuelta de Rocha, a metros de Caminito.

La fundación, presidida por Adriana Rosenberg, plantó bandera en la zona a fines de los 90, con el impulso económico de Tenaris. El barrio ocupa un lugar en la memoria de los artistas, porque fue ese el paisaje que enamoró a Quinquela y le dio nombre a una escuela de pintura que hizo historia en nuestro país. La Boca, también, tiene el Museo Quinquela y una línea de talleres de artistas que se extiende hasta Barracas. Sin embargo, en la ciudad de Buenos Aires, el eje del arte giró siempre en torno del triángulo de las Bellas Artes, formado por el Centro Cultural Recoleta, el Palais de Glace y el Museo Nacional de Bellas Artes. Allí está el punto de partida de la milla de los museos, que sigue en el Decorativo, el Museo de Arte Popular, el Malba y el Sívori.

Pero nada es lo que era. El Recoleta, con su fachada grafitera, está orientado a una audiencia "joven hip-hop" y ha desmantelado su condición de centro de exhibición de las artes visuales. El lugar que ocupó el CCR en la escena lo tiene ahora la Usina del Arte, que anunció una programación centrada en artes visuales con imanes gigantes de Andy Warhol.

La milla sur arranca en la Usina y tiene escalas en Barro, Casa Suiza, Prisma, Popa, la Verdi y Munar. Obviamente, detrás de esto está el posicionamiento de la zona, que espera inversiones, además de turistas. La relación entre mercado inmobiliario y arte tiene tradición global.

SoHo, Village, Tribeca y Chelsea, en Nueva York; el barrio de Lavapiés, en Madrid; Le Marais, en París, y el este de Londres, recibieron el beneficio de un vecindario de artistas, con una notoria alza en el valor del metro cuadrado.

El derrotero es siempre el mismo. Se mudan porque es barato y se vuelven a mudar porque es caro cuando lo pusieron de moda.

Mirando al sur, la gestión Larreta hizo una importante inversión en el Museo de Arte Moderno, que estuvo décadas esperando la ampliación. La Usina del Arte, en el símil palacio florentino que fue sede de la Italo, ha sido la Pica en Flandes. Hasta ahora, conspiraron para que el sur fuera un norte el acceso y el tiempo de viaje.

Location, location, location es clave. Algo que benefició, sin duda, al Malba, ubicado en el mejor lugar de la ciudad. La Fundación Proa y su sponsor Tenaris tuvieron que remar con la distancia. Abrió en La Boca porque era una tierra de inmigrantes y sumaba al imaginario una geografía simbólica. Organizó muestras excepcionales, desde Rufino Tamayo hasta los Olmecas, Duchamp, Giacometti, Louise Bourgois, Malevich, Ai Wei Wei, Ron Mueck y Calder, un calendario expositivo que no tiene parangón en América del Sur. Logró posicionarse como un centro conectado con los mejores museos del planeta... al que cuesta llegar.

Con el Paseo del Bajo terminado, el sur puede ser, finalmente, el norte del arte.

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