El Tejar, un sueño real
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En 1987, Oscar Alvarado convenció a su padre, dueño de un establecimiento de cría de ganado de la provincia de Buenos Aires, de que había que hacer algo fuerte para salir de la situación de falta de crecimiento. "Tenía mucha visión de futuro y era muy convocante, se tenía mucha fe para lograr algo más grande, para hacer crecer a su familia y a todos los que fueron y son parte de la empresa", recuerdan en la Asociación Argentina de Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (Aacrea).
Así, empezó a convocar a distintas familias a sumarse al sueño y formó lo que es hoy El Tejar, siempre sobre la base de las personas y el largo plazo como eje central.
El crecimiento fue emblemático. Hasta 2006 sembraba sólo en campos alquilados y a partir de allí comenzó a comprar tierras. Después convocó a inversores, con la idea de inyectar capitales para incrementar su presencia en campos del país y del exterior.
No estuvo exento de los problemas que afectaron al campo en estos años, como la sequía y la falta de financiamiento. Fue así que el año pasado vendió el 40% de la compañía a inversores europeos y de los Estados Unidos. Aunque se supone que los inversores no habrían aportado ese capital si no hubiesen visto atractivo su modo de producir y gestionar.
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