Emiliano Kargieman: un argentino suelto en el espacio

Los creadores explican las claves de su éxito
David Feliba
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1 de marzo de 2017  

Mini bio

  • Emprendedor: Emiliano Kargieman
  • Estudios: Cursó estudios avanzados de Matemática, aunque no se recibió. También estudió Filosofía
  • Inicios: A los 15 años diseñó un software de contabilidad para vender a pymes. Después trabajó en seguridad informática para la AFIP
  • Desarrollo: En 2010 crea Satellogic, que hoy cuenta con cinco satélites en órbita y proyectos para muchos más
  • Perspectivas: El objetivo de Kargieman es colgar en el espacio una red de 300 satélites (de tamaño pequeño) que provean a sus clientes de información planetaria con una velocidad muy cercana al tiempo real

Emiliano Kargieman
Emiliano Kargieman Crédito: Martín Lucesole

La frase no es nueva: “A todos nos interesa el futuro, pues es ahí donde pasaremos el resto de nuestras vidas”. Ahora Emiliano Kargieman, fundador de Satellogic, parece haber llevado ese concepto un poco más allá. En 2010 creó una fábrica argentina de nano satélites y se puso como objetivo colocar unos 300 en órbita terrestre. ¿Con qué fin? Generar información planetaria en tiempo cercano al real para poder tomar decisiones “inteligentes”. El negocio, podría decirse, es vender servicios desde el espacio.

“La mejor manera de predecir el futuro es inventarlo. Es una máxima con la que traté de guiarme siempre”, dice Kargieman. Hijo de psicoanalistas, de chico consumió mucha literatura de ciencia ficción y decidió operar su destino. Su principal herramienta fue la tecnología.

La primera empresa la armó a los 15 años. Junto con sus compañeros del secundario diseñaron un software contable que luego vendían a pymes que incorporaban PCs. Ducho para sacudir sistemas hasta darlos vuelta, desde el área de seguridad informática de la AFIP lo sumaron para hacer lo inverso: protegerlos. Con ese expertise, y mientras estudiaba Matemáticas en la UBA, fundó Core Security. Tenía 19.

Hoy, desde los Estados Unidos, la compañía es uno de los líderes globales de la industria. Kargieman, sin embargo, partió de ese barco hace tiempo: decidió virar hacia el sector espacial.

La propia naturaleza de Satellogic se forjó con vistas a futuro. El programa que lo convocó en un Centro de Investigaciones de la NASA tenía una agenda clara: estimular soluciones que mejorasen las vidas de, por lo menos, 1000 millones de personas en los próximos 10 años. De allí nació Satellogic, en 2010, la empresa que fabrica satélites mil veces más baratos que los originales.

El destino económico de su empresa está, también, atado al futuro: hoy se encuentra en etapa de validación comercial. Kargieman está en California acompañando clientes y afinando procesos. Es que después de cinco años de investigación y desarrollo, la compañía colocó con éxito cinco satélites en órbita: dos prototipos iniciales y otros tres que prestan servicio. La validación técnica, explica, está hecha. Se puede hacer. Se está haciendo.

Con un equipo de 76 personas, Kargieman explica que se buscó “ubicar cada cosa en el lugar que hiciera más sentido”. Las piezas se reparten así: la oficina de investigación funciona en Buenos Aires, mientras los satélites se fabrican en Montevideo. A su vez, en Israel hay personal de desarrollo de software y desde San Francisco se despliegan los nuevos negocios.

En una época, Kargieman estuvo del otro lado del mostrador. Al frente del fondo Aconcagua, escuchó como inversor de empresas de riesgo las propuestas de jóvenes emprendedores. Aquí, cuatro consejos de su experiencia:

1 - Entender cómo funciona la tecnología

“Creo que la única manera de dominar la tecnología es destripándola”, dice Kargieman. La elección de palabras no es casual: se pasó, describe, más de 20 años usando y abusando de sistemas. Su perspectiva a la hora abordarla es, cuanto menos, interesante y simplista a la vez.

El objetivo es reencontrarse con la tecnología detrás de cada producto. Cuando joven, tomaron de punto un teléfono público. Lo abrieron con una llave, lo estudiaron, relevaron sus componentes. Luego, extrajeron un pequeño chip y analizaron su código. Lo modificaron y lograron, en última instancia, que hiciera muchas más cosas que sólo llamar. “Si uno puede dar vuelta la tecnología y pensarla como una herramienta, entender que puede hacer más allá de las etiquetas que se le ponen y explorar todo su potencial, son entonces muy pocos los problemas que no estamos en condiciones de atacar”, resume.

2 - Plantearse las preguntas imposibles

Acaso sea el sano ejercicio del pensamiento lateral el que haya llevado a Kargieman a diseñar soluciones tan radicales como construir un satélite en meses y a una milésima de su costo original. “Es cierto que hay cosas realmente imposibles, pero existen muchas otras que creemos que lo son y, en realidad, son imposibles sólo en el marco en que las estamos pensando”, dice Kargieman. ¿Cómo fomentar el razonamiento lateral? A la hora de contratar personal, por ejemplo, se ocupó de traerlos “descontaminados”. Sólo una persona de su equipo estudió ingeniería aeroespacial. ¿El objetivo? Despejar de la mesa las autolimitaciones que la propia industria se rubrica a sí misma.

3 - Cuestionamientos sin fondos

Con todo, no puede caérsele a familiares, amigos o colegas de Kargieman por intentar disuadirlo: no se propuso levantar un café ni abrir un comercio tradicional. Su idea fue armar una fábrica de satélites. Algún llamado a la reconsideración era, quizás, algo esperable... Pero aun así, someter las observaciones ajenas a un análisis fue siempre un ejercicio emprendedor. “Cuando uno empieza un proyecto ambicioso, es natural que un montón de gente te diga que no se puede. ¿Pero por qué? El porqué es, precisamente, lo que hay que entender. Hay veces que uno quiere llegar al fondo de la cuestión y se da cuenta de que no hay fondo. ‘Porque siempre lo hicimos así’, o bien, ‘por qué así nos lo enseñaron’. Ese es un momento súper fundacional”, dice.

4 - La empresa como vehículo

Kargieman asegura que nunca tomó una decisión formal de convertirse en empresario. Más bien, siempre le pareció “el modo más natural para desarrollar las ideas y llevarlas al mundo para que impacten en la vida de la gente”. El propósito al frente de Satellogic es el de “democratizar el acceso a la tecnología espacial”. Quienes lo conocen alegan que su interés trasciende el negocio: es la tecnología en sí, la capacidad.

Con distintas palabras, la mayoría de los emprendedores consultados comparte una visión similar: más allá de números y del resultado empresarial, debería existir algo más. Un móvil adicional. Quizás una idea, una convicción o, simplemente, una mera voluntad de cambiar un poco el mundo.

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