
Argentinos por elección
En contra de la corriente migratoria, varios extranjeros quieren vivir y trabajar en el país
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Buscar empleo en la Argentina puede ser difícil, pero se complica cuando no se conocen los códigos. Adaptarse a una cultura organizacional nueva lleva su tiempo, pero suele ser el doble cuando antes hay que acomodarse a un estilo de vida distinto.
Los extranjeros que trabajan en el país no son ajenos a las dificultades que tienen los nacidos acá. Encima, se suma el desconocimiento -y en algunos casos el desconcierto- de lo nuevo. Lejos de desanimarse, muchos consideran estas complicaciones verdaderos desafíos y aceptan gustosos el reto de trabajar en la Argentina pero sin renunciar a sus raíces, porque el ámbito laboral está relacionado con su cultura.
Muchos llegaron por amor a una persona. Otros, porque se enamoraron de la ciudad. Algunos siguiendo órdenes de la compañía o por convicción personal. Todos son conscientes de que nadan en contra de una corriente de argentinos que buscan una vida mejor fuera del país. Y, sin embargo, eligen quedarse con la idea de construir un futuro en estas tierras.
Todo por amor
Kira Silvander llegó en un momento, cuanto menos, inoportuno. Faltaban pocos meses para que las cacerolas y los gritos de protesta inundaran las calles de Buenos Aires. Nunca antes había sido testigo de algo parecido en su apacible Finlandia natal. "Me enamoré de un argentino y decidimos probar suerte acá", explica en un castellano perfecto. Pero enseguida salta a la vista, con su pelo casi colorado, los ojos claros y su tez pálida, su condición de visitante.
Ni bien aterrizó en Buenos Aires quiso integrarse a la cultura local. "Hice un curso intensivo de español y empecé una tecnicatura en Turismo", cuenta. Después, llegó el momento de buscar trabajo. Aunque recorrer empresas y consultoras parece una práctica habitual, para Kira era una novedad. "Es que en Finlandia, los que están desocupados van directamente a una oficina de empleo y esperan a que los llamen", describe.
Hasta que una nota publicada en una revista le abrió inesperadamente las puertas de un empleo en el restaurante del Club Sueco. "Mi suegra llamó para preguntar si necesitaban a alguien, y como yo hablo sueco y estoy relacionada con la cultura nórdica me tomaron", comenta.
Kira no es la única extranjera que elige un ámbito familiar para trabajar en la Argentina. También lo hizo Corinne Petrelli, responsable comercial de la Cámara de Comercio e Industria Franco Argentina. Cuando llegó en 1993 siguiendo el llamado del amor, fue directamente al Consulado francés a pedir asesoramiento laboral. "No fue difícil insertarme porque con una maestría en literatura conseguí dar clases en un colegio francés. Mientras tanto, aprendí a hablar castellano, aunque nunca logré disimular mi acento".
Después de siete años en el ámbito educativo, quiso retomar su viejo camino profesional vinculado con el comercio internacional. "Estuve un tiempo en la Fundación BankBoston, hasta que en 2002 volví a París porque mi marido consiguió una beca de estudio y nos fuimos". Desde junio, está de vuelta en la Argentina.
"A pesar de las dificultades, este país es maravilloso -dice sin dudar-. La gente es abierta y muy cálida". Otra vez, Corinne consiguió empleo en tiempo récord por medio de la Cámara de Comercio. "Ya tenían mi currículum. Cuando volví había una vacante acá, en la cámara, y justo en el área comercial. Fue una suerte."
Alejados del miedo
En su primera vista a la Argentina, Luc Girard no tuvo tanta fortuna a pesar de que es un experto en Recursos Humanos. Pero eso no evitó que sucumbiera ante los encantos de Buenos Aires. "Vine desde Quebec con la idea de tomarme un año sabático. Pero el año se transformó en tres."
Durante los primeros meses se dedicó a aprender español y el resto del año a encontrar trabajo. "Fui a varias entrevistas, pero nunca me llamaban. Era muy decepcionante. Allá, si te citan quiere decir que hay un interés serio. Acá eso no significa nada y me llevó tiempo comprenderlo."
Aunque no consiguió trabajo, hizo una pasantía en el departamento de Empleo y Formación de la Cámara de Comercio e Industria Franco Argentina, donde decidieron aprovechar sus conocimientos para organizar el sector. "Estuve ahí unos meses y me volví a Canadá, pero seguía pensando en la Argentina. Hasta que me llamaron para ofrecerme el puesto de responsable de Empleo y Formación de la cámara.Volví a pocos días del cacerolazo." Ahora asesora a franceses para que puedan integrarse y conseguir empleo en la Argentina.
Otro que no se asustó con el ruido de las cacerolas fue Dylan Williams, norteamericano de Nueva Jersey y actual gerente general de la agencia de publicidad McCann-Erickson Argentina. Llegó al país cuando tenía 12 años, y emigró a los Estados Unidos en 1989 en plena hiperinflación. De regreso en 1994, jura que no se irá más.
"Este es el lugar donde quiero que crezcan mis hijos y donde más cómodo me siento trabajando." Y amplía: "Acá existen más posibilidades de hacer negocios porque tratás directamente con el director de la compañía, mientras que allá, por una cuestión de escala, hay que derribar barreras. Además, en la Argentina hay más libertad para romper moldes", concluye.
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