Discriminación en el trabajo

Según la OIT, hay más xenofobia y rechazo por cuestiones raciales o religiosas
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18 de mayo de 2003  

A pesar de los esfuerzos normativos por erradicar la discriminación laboral, el problema persiste. Si bien algunas de las formas más aberrantes se redujeron, muchas continúan siendo un elemento cotidiano, y otras están adoptando nuevas y más sutiles fisonomías.

"Por ejemplo, el efecto combinado de la migración, la redefinición de los límites nacionales, los crecientes problemas económicos y las desigualdades han exacerbado problemas como la xenofobia y la discriminación racial y religiosa", explica Juan Somavia, director general de la OIT, que agrega que también están avanzando otras relacionadas con enfermedades, la edad u orientación sexual.

Así, el informe que lleva el título La hora de la igualdad en el trabajo responsabiliza de la discriminación a "los prejuicios y estereotipos que han resistido a décadas de esfuerzos legislativos y medidas adoptadas por los gobiernos, los trabajadores y los empleadores contra la desigualdad de trato en el ámbito laboral".

Además, la investigación elaborada por la OIT demuestra que muchas de las personas que sufren la discriminación, especialmente por sexo o raza, se enfrentan a una persistente brecha de igualdad social.

"Es necesario salvar esta brecha -dice Somavia, en el informe-. El fracaso en la eliminación de la discriminación en el trabajo afecta gravemente la paz social y la democracia y conlleva una mayor dificultad para enfrentar los desafíos planteados por la creciente migración, los cambios tecnológicos y las consecuencias sociales de la globalización."

Algo más que techo de cristal

Las mujeres son claramente el grupo más numeroso objeto de discriminación. Si bien cada vez más mujeres tienen acceso al mercado de trabajo, aún queda mucho por hacer. Además del techo de cristal, las diferencias salariales entre hombres y mujeres siguen siendo significativas en la mayoría de los países. Además, es más común encontrar mujeres en los empleos peor pagados y con menores condiciones de seguridad.

La discriminación racial también persiste y afecta, entre otros, a los migrantes, a las minorías étnicas, y a los pueblos indígenas y tribales. La migración internacional ha alterado los modelos de discriminación racial. La percepción de estos trabajadores como extranjeros, incluso cuando no lo son, puede generar discriminación contra ellos, sin evaluar que la diversidad cultural enriquece el intercambio dentro de las organizaciones.

Otra de las formas de discriminación que tomó impulso en los últimos años es contra las personas que padecen enfermedades, especialmente HIV, y los discapacitados. En el caso de las personas afectadas por el virus, los empleadores les exigen realizar exámenes médicos que puede derivar en una negativa de contratación, despidos, descenso de categoría, denegación de prestaciones del seguro de salud y reducciones salariales o acoso.

A los discapacitados, que representan del 7 al 10 por ciento de la población mundial, se les niega oportunidades, tanto en el mercado de trabajo como en la educación y la formación profesional. La tasa de desempleo alcanza entre ellos el 80 por ciento en muchos países en desarrollo. Y los que están empleados, perciben bajos ingresos, no calificados y de escasa importancia o sin protección social alguna. El informe también advierte sobre dos formas de segregación que aumentaron durante la última década: la religiosa y la etaria. La discriminación por la fe puede incluir la conducta ofensiva de colegas o de personal jerárquico hacia miembros de minorías religiosas, la falta de respeto hacia las costumbres religiosas, así como también la obligación de trabajar en días festivos o feriados religiosos.

La exclusión del trabajo por edad se manifiesta en fijar límites etarios para la contratación, un desigual acceso a la formación profesional y condiciones que prácticamente obligan a los trabajadores a jubilarse en forma anticipada.

Soluciones

En el informe se afirma que el lugar de trabajo, ya sea la fábrica, la oficina, la plantación o la casa, es un lugar estratégico para comenzar la lucha contra la discriminación. "Cuando se reúnen personas con diferentes características y se las trata de manera equitativa, se contribuye a combatir los estereotipos y a remediar la fragmentación social, los conflictos raciales y étnicos, y las desigualdades de género."

Para Somavia, "no existe una única solución para erradicar el problema. La eliminación de la discriminación laboral es responsabilidad de todos. El Estado tiene la obligación de prohibir las prácticas discriminatorias, y establecer leyes y políticas encaminadas a promover la igualdad de oportunidades. Y, a su vez, empleados y empleadores deberían identificar y combatir las prácticas discriminatorias en el trabajo. Es importante que puedan escucharse las voces de los trabajadores discriminados sin importar dónde trabajen", concluye.

Diferencias por genero

En la Argentina, Brasil y México, las mujeres se concentran en cuatro categorías ocupacionales: servicios, administración, comercio y profesionales y técnicos. En los tres países, ellas representan entre el 42 y el 45% de los trabajadores insertos en actividades de comercio y venta. Su participación también es significativa en la categoría de los profesionales y técnicos, en donde ocupan el 39%, 49% y 36% del total de los trabajadores, respectivamente.

Cabe señalar que, en los tres países, las mujeres ganan menos que los hombres que ocupan la misma posición, con la sola excepción de la Argentina en lo que hace a los trabajadores de servicio. En los tres países, sin embargo, la brecha de ingresos por sexo presenta variaciones importantes, según el grupo ocupacional. Mientras que en la categoría relativa a comercio y ventas, el diferencial de ingresos varía entre 68% y 74%, en la categoría de profesionales y técnicos, las mujeres ganan el 81% (Argentina), 64% (Brasil) y 74% (México) de lo que ganan los hombres del mismo grupo ocupacional.

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