Funky Business
POR JONAS RIDESTRÀLE Y KJELL NORDSTRÖM Prentice Hall, 266 Págs.; 21 pesos
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La capacidad para crear riqueza mediante el conocimiento antes que por la utilización de recursos naturales, trabajo físico o capital obliga a incentivar nuevas opciones e innovaciones en los negocios. Las empresas ya no son lo que eran antes: ni trabajadores, ni empresarios pasarán el resto de su vida en ellas. Este imperativo marca un rumbo signado por el cambio constante y la diferenciación. Se premiarán ideas novedosas y creativas.
En Funky Business se plantean esas nuevas exigencias que deberán afrontar quienes pretendan mantener sus productos o servicios vigentes en el mercado.Funky significa en inglés divertido, espontáneo o alocado. Los autores aplican este término a los negocios para diferenciar actitudes conservadoras de otras más arriesgadas. Según la experiencia vivida por muchas empresas, esta segunda opción sería la triunfante. Los negocios funky son aquellos que premian actitudes innovadores, nuevas ideas y creatividad. De nada sirve fusionarse o diversificarse si las estructuras permanecen inmóviles.
La organización está basada en proyectos, estructuras flexibles y liderazgo cimentado en habilidades y competencias. Además, como los mercados tienden a ser virtuales se centran las decisiones en las preferencias de los clientes.
El marco de referencia de las empresas es diferente al de las compañías tradicionales. Las relaciones interpersonales son difusas, las instituciones flexibles y los valores familiares mutables. Esta multiplicidad de opciones lleva a replantearse acciones en la faz directiva. No es posible obtener respuestas con amenazas ni motivar suponiendo que las necesidades son similares. Los directivos de estas nuevas empresas sabrán tolerar errores, aceptar el caos creativo, guiar antes que ordenar y potenciar los talentos de las personas a su cargo.





