En Brasil hay 30 transnacionales
Más de 500 compañías de ese país tienen oficinas en el exterior
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SAN PABLO.- "Tienen que perder el miedo de convertirse en multinacionales". La arenga lanzada en 2003 por el presidente Luiz Inacio Lula da Silva a los empresarios brasileños no dejó dudas: Brasil busca internacionalizar su capital como una forma de robustecer su estructura productiva. La compra del frigorífico argentino Swift por el brasileño Friboi, con crédito estatal, es la demostración más clara de eso.
Sin embargo, querer no es poder -al menos, no inmediatamente-. El Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social, el poderoso Bndes, creó una línea de crédito para aquellas empresas que quisieran internacionalizarse comprando activos en el exterior. La línea fue creada en 2002, pero la primera aprobada para dar el salto al exterior con crédito del banco estatal fue, justamente, Friboi, recién tres años después.
Diversos institutos económicos estiman que son aproximadamente 500 las empresas brasileñas con algún tipo de representación en el exterior. Sin embargo, apenas alrededor de 30 están realmente instaladas con estructuras productivas y pueden ser consideradas efectivamente multinacionales. El resto son representaciones, oficinas comerciales o plataformas de distribución.
¿Por qué tan pocas, considerando que Brasil tiene una de las 15 mayores economías del mundo, el quinto mayor territorio y la quinta mayor población del planeta? Simplemente porque el proceso de internacionalización es algo que llega después de que el país ya tiene un conglomerado de empresas exportadoras de primer nivel, que acumularon experiencia suficiente como para, primero, abrir unarepresentación comercial, y luego, dar el salto siguiente -convertirse en multinacionales productivas-.
Según el Instituto de Estudios de Desarrollo Industrial, de los cuatro millones de empresas brasileñas, apenas 17.000 exportan, algo así como el 0,4 por ciento. Todavía falta masa crítica para que el fenómeno de la internacionalización no sea hecho apenas de excepciones y sí una tendencia.
Hasta hoy, de las empresas que se internacionalizaron, con la excepción de Friboi, lo hicieron sin la ayuda del Estado brasileño. Eran lo suficiente grandes para financiar el emprendimiento con capital propio o tenían peso suficiente para tomar créditos en el exterior.
La historia de Brasil permite inferir que el ambiente no colaboró con la tendencia natural de la internacionalización.
Hasta la década del ´80, el país permanecía cerrado, concentrado en su propio mercado gigantesco e incapaz de producir competitivamente como para enfrentar importaciones y en mucho menor medida, mercados externos. A partir de los años 90, con la apertura, las importaciones comenzaron a impulsar la modernización del capital brasileño -a riesgo de ser devorado-. Pero a partir de la mitad de la década las empresas locales, que pasaron a tener dificultad para competir contra las importaciones -los 10.000 millones de dólares de déficit comercial alcanzados en los últimos años del gobierno de Fernando Henrique Cardoso son elocuentes-.
A partir de que las políticas de incentivo a las exportaciones (misiones comerciales, prospección, mejora de los productos, acuerdos) comenzaron a dar resultados, Brasil comenzó a vivir un boom en su comercio con el exterior. Superó los US$ 100.000 millones en exportaciones el año pasado y este año se espera que llegue a los 115.000 millones, con aproximadamente US$ 20.000 millones de superávit.
Un gran jugador
Es entre las empresas exportadoras que están las futuras multinacionales brasileñas. Friboi, que obtuvo del BNDES 80 millones de dólares para comprar Swift, es una de las diez principales exportadoras de carne, no sólo de Brasil, sino del mundo.
Para acceder a la línea de crédito la compañía tuvo que encajarse en algunos requisitos, que definen cuál es el interés estratégico del gobierno brasileño. Friboi tuvo que comprometerse a enviar a Brasil desde la Argentina como mínimo dividendos equivalentes a una vez y media el crédito concedido por el banco. Puede hacerlo de dos formas: trayendo nuevas tecnologías desde la Argentina, adquiridas junto con el paquete de Swift, lo que le permitiría comenzar a fabricar productos en Brasil que antes no producía; o ampliando el ingreso de lucros a Brasil utilizando la estructura de exportación de Swift, canalizando a través de ella productos fabricados en Brasil.
En un comunicado emitido por el Bndes para explicar su crédito a Friboi, la institución dijo que al apoyar la compra, Brasil evitó que un competidor internacional comprara Swift y le quitara mercado a los productos brasileños.
"Cualquier país que quiera competir en el mercado internacional tiene que tener empresas de peso para enfrentar la competencia externa. Y para alcanzar esa dimensión, es necesario que grupos brasileños se vuelvan, efectivamente, grupos internacionales", justificó el superintendente del área industrial del Bndes, Carlos Gastaldoni.
Un documento reciente de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad) demostró que, a pesar de las deficiencias que todavía enfrenta, Brasil es líder absoluto en internacionalización entre los países de América latina.
Según el documento, en 2003 Brasil poseía en el exterior activos por 53.200 millones de dólares, contra 19.400 millones de la Argentina o 12.400 millones de México. Apenas el año pasado la Unctad contabilizó inversiones en el exterior de empresas brasileñas por 9500 millones de dólares.
Quizás sea injusto comparar con los países asiáticos -a pesar de que también se trata de países en desarrollo víctimas de crisis cíclicas-, pero Hong Kong, por ejemplo, posee en el exterior 370.300 millones de dólares en activos, y Singapur otros 71.300 millones.
Claro que en todos los casos están incluidos en la cuenta las "inversiones" en empresas de paraísos fiscales como las Bahamas.
En el caso de Brasil, se estima que la mitad de los 53.200 millones están en paraísos fiscales -es decir, son multinacionales apenas de la ingeniería contable-.
Brasil concentra su internacionalización en Estados Unidos, la Argentina, España y Portugal. Sin dudas, el Mercosur fue para las empresas brasileñas un laboratorio para practicar la internacionalización en un ambiente razonablemente amigable, antes de dar el salto hacia afuera del bloque de integración.
EE.UU. y la Argentina
La todavía incipiente internacionalización brasileña se concentró, según un análisis del Instituto de Estudios de Desarrollo Industrial, en los Estados Unidos y en la Argentina.
Las inversiones, 85% de ellas usadas para abrir representaciones comerciales, se concentraron en el sector textil -Coteminas, la empresa del vicepresidente de Brasil, José Alencar, fue una de ellas, abriendo una planta en la Argentina-, químico, metalúrgica o minería.
Las primeras empresa brasileñas a internacionalizarse fueron, en su mayoría, empresas cuya competitividad es alta por estar basada en la industrialización de materias primas: minería, cemento, acero o celulosa.
El próximo paso, el de la internacionalización de las empresas medianas de manufacturas es el gran desafío brasileño.





