
En Estados Unidos, la televisión por cable pierde terreno
Es incipiente, pero cada vez son más los que eligen servicios de streaming
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La venta de los emblemáticos Boston Globe y The Washington Post ilustran el cambio de era de los periódicos impresos. De todas maneras, debido a los constantes avances de Internet, la televisión por cable es otro soporte que para muchos en Estados Unidos podría entrar en crisis.
Si bien es incipiente, lo cierto es que cada vez son más los que recurren al cord cutting ("cortar el cable"). Este término se refiere al proceso por el cual una persona cancela su suscripción al cable y la reemplaza por los contenidos audiovisuales que ofrecen los servicios disponibles en Internet.
De hecho, según el informe del último cuatrimestre del año pasado de la consultora Nielsen, la tendencia de los que "apagan" la TV está en crecimiento en los Estados Unidos. El estudio, titulado " Free to Move Between Screens" ("Libre para moverse entre pantallas"), indica que si bien la mayoría de las personas miran la televisión en sus salas de estar mediante suscripciones al cable o satélite, hay un 5% que abandonó esta tradición de sentarse en el sillón frente al televisor y que prefiere consumir los contenidos por otras plataformas. Para poder definirlos, este último grupo entró en una categoría que se definió como "Zero-TV" ("Cero-TV"). Mientras que en 2007 los que no tenían una TV eran poco más de dos millones, en este año son más de cinco millones los hogares que prescindieron de estos aparatos para ver las noticias o entretenerse.
Otro estudio que hizo Craig Moffet, un ex analista de Bernstein Research, una de las consultoras más convocadas en Wall Street, también arrojó un resultado negativo para el cable, aún tímido pero que durante los últimos nueve meses se mantuvo en declive. Según los datos del segundo trimestre de este año, los proveedores perdieron unos 360.000 suscriptores.
Volviendo al relevamiento de Nielsen, el costo (en un 36% de los casos) y la falta de interés (en un 31%) son dos de las razones principales de la existencia de las casas sin televisión. De ellos, sólo un 18% considera suscribirse a algún proveedor.
Como se ve en el informe, el factor de los precios cumple un rol decisivo. Por ejemplo, un servicio de televisión por cable oscila entre los 40 y los 80 dólares mensuales. En cambio, suscribirse a Netflix o Hulu, dos proveedores de transmisión online de series, documentales y películas, cuesta ocho dólares por mes, no tiene publicidades y se puede acceder a sus contenidos desde cualquier dispositivo con conexión a Internet. Además, Netflix no sólo está detrás de dos series exitosas como Arrested Development y House of Cards, sino que el mes pasado anunció que expandirá su producción a documentales y especiales de comedia stand-up . Con esos planes, Netflix ingresó en la arena de competencia con las grandes compañías que venden sus producciones a los canales de televisión.
Para los que no pueden estar desconectados de la realidad pueden suscribirse por US$ 8 mensuales a Aereo. Se trata de un servicio que transmite televisión en vivo en smartphones y otros dispositivos, y que además graba programas para verlos más tarde, cuando el usuario guste. En su lista, incluye canales como FOX, ABC, NBC, entre otros. Si bien el mes pasado la empresa anunció su expansión a otras regiones de los Estados Unidos, por ahora está permitido en pocas ciudades.
Opciones gratuitas
También hay opciones gratuitas y legales como Crackle, un servicio muy similar a Netflix que es administrado por Sony Pictures Entertainment. Transmite películas, series y recitales con cortes publicitarios y, además de la televisión, pueden verse en smartphones y tablets mediante la descarga de una aplicación. Otra alternativa es suscribirse al Instant Video de Amazon.com, que ofrece contenidos de entretenimiento gratuitos y pagos.
En cuanto al soporte, ni siquiera se necesita un smart TV para acceder a los servicios antes mencionados. Consolas como PlayStation, Wii y Xbox o aparatos de streaming como Roku pueden usarse para esos fines y cuestan desde 50 a 400 dólares, versus los US$ 1000, que como mínimo hay que desembolsar en un televisor inteligente.
"Cortar el cable solía ser un mito. Ahora no lo es. Si bien los números no son gigantes, son estadísticamente significativos", concluyó Moffet en su informe.






