
En la batalla de Arthur Andersen contra Andersen Consulting, hubo un duelo de gigantes en el que ganaron los consultores
Los contadores resignaron dinero y los analistas deben dejar de usar la marca.
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Washington (The Economist).- terminó la carrera y ambos bandos ganaron. Por lo menos eso es lo que dicen. El 7 de agosto un árbitro de la Cámara de Comercio Internacional dio su veredicto respecto del divorcio entre Andersen Consulting, una consultora, y Arthur Andersen, una firma de contadores. Arthur Andersen, que consideró este veredicto una "inmensa victoria", resignará los US$ 14.500 millones que exigió como pago por la separación. Andersen Consulting, que declaró "un triunfo total", debe ceder el nombre de la marca.
Estas victorias resonantes marcan el fin de una larga pelea. Arthur Andersen separó su división de consultoría en 1989. Juntas, las dos sociedades formaban una organización nebulosa llamada Andersen Worldwide, gobernada por un acuerdo de asociación general. En esa fase, las dos eran lo suficientemente similares como para compartir el sobrenombre de Androides en honor a sus supuestas cualidades robóticas. Para mediados de los noventa, Andersen Consulting resultó tan exitosa que ya había superado en tamaño a su progenitora. Pero no todo estaba bien.
El acuerdo requería que Andersen Consulting pagara a Arthur Andersen una suma anual y estipulaba una multa prohibitiva si los consultores buscaban separarse. Para 1997 a los consultores se les agotó la paciencia: Andersen Consulting declaró que quería la separación y pidió un arbitraje. Sostuvo que Arthur Andersen había roto el acuerdo de asociación al crear una división de consultoría en competencia directa con sus antiguos asociados. Y agregó que la competidora, llamada Arthur Andersen Business Consulting, se había financiado con sus pagos anuales. Los contadores negaron haber actuado mal y sostuvieron que los consultores desde hacía tiempo buscaban separarse.
Una alianza que no anduvo
El árbitro declaró lo que todos sabían desde hacía años: Andersen Worldwide es un invento y la asociación entre las dos firmas dejó de funcionar hace mucho. Arthur Andersen se quedó con el derecho exclusivo de uso de la marca Andersen y 30 meses de honorarios que estaban congelados por el juicio. Pero a Andersen Consulting se le permitió irse sin hacer el pago mucho mayor de terminación que exigían los contadores. Jim Wadia, el socio gerente de Arthur Andersen, renunció a las pocas horas de conocerse el veredicto, sosteniendo que es "el punto más alto de mi carrera".
En realidad son los consultores los que salieron bien parados. Han escapado a un oneroso acuerdo de participación en los ingresos. Abundan los rumores de una posible fusión, quizá con la consultora de PricewaterhouseCoopers. Sin embargo, es perjudicial la pérdida del nombre Andersen. Los consultores se han congraciado con las agencias publicitarias del mundo entero con una campaña publicitaria multimillonaria para promover su marca.
Por su parte, Arthur Andersen tiene algo más de qué preocuparse que la escasa compensación. Cuando decidió separar su consultoría en 1989 se adelantó a su tiempo. Ahora los eventos la superan. En su preocupación por el juicio a Andersen Consulting parece haber dedicado poca atención a los vínculos con su propia consultora. Al crecer la oposición a la existencia conjunta de empresas de auditoría y consultoras, puede verse obligada a iniciar otra vez juicio por divorcio.





