"España necesita un plan estratégico de nación"

Alex Rovira es un escritor español que combina sus conocimientos de Economía con su pasión por la filosofía; en esta entrevista da su visión sobre la crisis que afecta a su país y a todo el continente europeo
Guillermo Pereira Poizon
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2 de diciembre de 2011  • 07:58

Escritor, consultor y emprendedor, Alex Rovira aplica su experiencia en diversos ámbitos a la gestión empresaria desde un punto de vista multidisciplinario. Licenciado en Administración y Dirección de Empresas, pero apasionado desde pequeño por la filosofía y la psicología, Rovira escribió una decena de títulos , cuyas ventas ascienden a las cinco millones copias, orientados a la formación de un buen equipo de trabajo y de recursos humanos utilizando herramientas de la psicología positiva. De paso por Buenos Aires, donde participó de un seminario sobre gestión del capital humano organizado por el Grupo Rhuo, dialogó con LA NACION.

La referencia a la situación de su país es casi obligatoria, triunfó Mariano Rajoy y todos parecen creer que la normalización económica de España sólo puede llegar por la vía del ajuste económico ¿Qué piensa usted?

En España ha pasado lo que tenía que pasar. En Europa todos los gobiernos, sin importar su signo, están cayendo por efecto de la crisis. El gobierno anterior reaccionó tarde y tímidamente, lo hizo recién cuando recibió las llamadas de Angela Merkel y Barack Obama, y pagó por caro por ello. Independientemente del ajuste, que deberá venir, porque tomar porque no hay posibilidad de refinanciar, la deuda está carísima, España debe pensar en el largo plazo. Necesitamos un plan estratégico de nación, en el que debemos plantearnos dónde queremos estar posicionados como nación en el escenario político global en 20 años y, por supuesto, un plan estratégico educativo

¿Y es posible pensar en el largo plazo cuando la coyuntura parece ser tan agobiante?

Pues lo que no se haga por convicción deberá hacerse por compulsión. Hay indicadores de España que son preocupantes como, por ejemplo, el fracaso escolar del 36% cuando la UE admite un máximo del 10%; o la productividad de algunos sectores de la economía española que es equivalente a la que tenía Suecia en 1975. Está claro que más que una crisis económica, lo que tenemos es una crisis de valores. Debemos tener una visión como nación a futuro, como lo hizo Finlandia después de la caída de la URSS, y un plan estratégico educativo ¿Queremos ser un país que ofrece el turismo al mundo? ¿Queremos ser los mejores en diseño industrial? ¿En tecnología? Hay regiones en España que ya lo hicieron, por ejemplo el País Vasco, que hizo una apuesta muy fuerte por la economía productiva y la mitad de la tasa de desempleo del resto de España

Usted dijo que "el crecimiento sólo vendrá de la formación, de la innovación, del talento" ¿Cómo cambia la gestión del capital humano en un contexto de crisis como el que atraviesa hoy el Viejo Continente?

Hace cuatro años en el mundo había más dinero disponible que talento disponible, hoy es al revés, hay más talento disponible que dinero; el talento se ha convertido en una commodity. Si uno dice: "Yo tengo un título universitario, un posgrado y hablo cuatro idiomas", le contestan: "Bien, como usted hay 2 mil más, ¿qué más me ofrece?". Y ese "qué más me ofrece" tiene que ver con lo aptitudinal, con la postura ante el otro, con la confianza, con el optimismo, en fin, con la visión sistémica. La gestión va en ese sentido.

Usted calificó en su momento a la "dimensión emocional" como la asignatura pendiente en las grandes compañías en la gestión del recurso humano ¿Ésto tiene con eso?

Por supuesto. Históricamente el director de recursos humanos de la empresa cumplió funciones eminentemente administrativas, pero hoy lleva adelante una tarea más relacionada con la "gestión del talento o activo", tanto cuando se busca un recurso como cuando éste ya forma parte de la empresa. Algo similar ocurre con las escuelas de negocios que antes se enfocaban en las enseñanza de competencias técnicas y operativas, hoy, incluso en los programa de posgrado de alta dirección, se pone el acento en las competencias intrapersonales o interpersonales; eso que doy en llamar la "inteligencia emocional o social"; incluso las más pioneras ya hablan de una "inteligencia espiritual". Ha quedado probado que de nada nos sirve generar un beneficio económico sino hay, además, una rentabilidad social. Probablemente debido a la crisis, se está entrando en una fase que cuyo objetivo es "humanizar la humanidad", y yo soy muy optimista respecto de ello. Pero además, como antes dije, lo que no cambiamos por convicción lo cambiaremos por compulsión

En Argentina se vive un fenómeno conocido como "el boom de la espiritualidad". Autores como Bernardo Stamateas o Claudio María Dominguez, brindan en sus libros claves a la gente para vivir mejor ¿Sería justo decir que Alex Rovira escribe sobre espiritualidad aplicada al ámbito empresarial?

Algunos me caracterizado como un autor de filosofía, otros como de management y no pocos como un escritor de autoayuda. Yo no sé lo que soy, si tuviera que ponerme una etiqueta no me definiría en función de una estructura. Siento gran pasión por lo que hago, desde pequeño me ha angustiado el sufrimiento ajeno y mi obsesión ha sido siempre comprenderlo y, a partir de esa comprensión, trabajar en mecanismos, desde la dimensión espiritual no dogmática, para aliviar ese dolor.

Administrar su empresa, enseñar y escribir son actividades muy demandantes ¿Qué ha tenido que sacrificar para poder forjar su carrera?

Es la primera vez que me hacen esa pregunta. Es cierto, yo solapé dos profesiones: la de emprendedor, porque tenía mi negocio, y la de formador, ya que daba clases en la escuela de negocios. El sacrificio más fuerte fue pasar muchas noches en vela para poder escribir. Yo durante el día me ocupaba de ver clientes y producir el servicio, por la tarde enseñaba y escribía de noche. Sin duda ha habido un factor de azar para que las cosas me hayan ido tan bien, pero yo he llegado a trabajar 18 horas al día los 7 días de la semana.

¿Es verdad que vendió su casa para poder escribir?

Sí (se ríe). La tenía en hipoteca y la vendí y me fui a alquilar para poder escribir. Y hoy, si bien me compré una casa, no tengo residencias de fin de semana ni un auto caro. Yo sólo pienso en formación como mi patrimonio intangible y es el mensaje que les transmito a mis hijos. No les voy a legar un piso o una gran mansión, sino la mejor educación posible.

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