
Florerías boutique: un rubro que se sube a las redes para no marchitarse
Mientras los puestos en la vía pública se disputan a los transeúntes, los modelos de locales cerrados y los flower trucks crecen catapultados por Instagram para conquistar a un público con mayor poder adquisitivo
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Hay postales de Buenos Aires que parecen suspendidas en el tiempo. Los puestos de flores recuerdan que, a pesar del aluvión de cervecerías artesanales y hamburguesas caseras, los porteños conservan tradiciones de antaño. Pero como nadie escapa a la obligación de aggiornarse, a los quioscos se les sumaron los locales y ahora las ventas impulsadas por las redes sociales. Instagram multiplicó las imágenes de ramos y así el mercado de las flores se vuelve cada vez más boutique y especializado.
De acuerdo con un estudio presentado en el XIII Congreso Internacional de la Pequeña y Mediana Empresa, el valor bruto de la producción de flores y plantas ornamentales a nivel nacional se estima en US$220 millones. El sector genera más de 19.000 puestos de trabajo directos, según las autoras del informe, Mariana Farray y Carolina Morisigue.
El negocio tradicional involucra a productores, mayoristas y minoristas, que pueden vender en locales o con un puesto en la vía pública. En el último caso, un clásico de la ciudad de Buenos Aires, el Ministerio de Ambiente y Espacio Público porteño se encarga de otorgar y renovar permisos, y también de regular los cambios de titularidad. Desde la cartera afirman que se otorga un permiso por año y que actualmente se encuentran vigentes unos 322. Para mantenerlo -según los valores de 2017- se debe pagar un canon semestral de aproximadamente $3250 si el quiosco está ubicado en Microcentro o Recoleta y de $5070 para aquellos que están en un radio de 200 metros de distancia de un cementerio, entre otras opciones. A ese monto hay que sumarle los impuestos.
El negocio no está en su mejor momento. "La demanda está bajísima -comienza Víctor Da Silva Sequeira, vicepresidente de la Cooperativa Argentina de Floricultores, que desde el mercado ubicado en Barracas provee a distribuidores y minoristas-. En 2016 y 2017 sentimos la depresión en las ventas, pero todavía sigue la caída porque mientras no haya dinero en la calle, y como vendemos un bien que no es de primera necesidad, va a ser difícil".
En el Mercado de Buenos Aires, que se mudó de Almagro a Barracas en 2004, se concentran 500 productores que venden sus flores desde las 6 hasta las 10 de la mañana. Un día cualquiera, se calcula que el espacio puede recibir hasta 3000 compradores. "Tuvimos una época de esplendor desde los años 60 hasta los 80, cuando la demanda estaba mucho más sólida. Después sufrimos mucho con la campaña contra los floreros por el dengue", admite Da Silva Sequeira.
Los minoristas tampoco lo tienen fácil. Gabriel Osorio, encargado comercial de Flores Maru, asegura que su trabajo es cada vez menos rentable. Su padre se instaló en Avellaneda hace 40 años y llegó a tener casi cinco negocios en zona sur. En el presente, la pyme mantiene la ubicación original y suma una en Gerli, junto a cuatro sitios web donde concentra el 50% de sus ventas.
Osorio explica que, debido a los costos elevados y una caída en la demanda, el trabajo pasó de ser las 24 horas a turnos de comercio tradicionales. A su juicio, el negocio de los floristas dejará de tener un lugar físico: "Los locales van a pasar a ser depósitos sin atención al público y las ventas en línea crecerán cada vez más", dice. Cada vez hay menos intermediarios "humanos", detalla, porque el servicio de asesoramiento personalizado, que se cobra aparte, es muy costoso.
"En lo que menos se gasta en esta actividad es en las flores -detalla-. Sin embargo, aproximadamente la mitad del costo del ramo se va en impuestos". Osorio señala que, además, para dedicarse al rubro hay que planificar mucho. Es un negocio que tiene picos de ventas en San Valentín, el Día de la Mujer, el Día de la Primavera y el Día de la Madre, y meses muy malos, como enero, abril, mayo y noviembre. En esa época, dice, es mejor aprovechar para posicionar la marca para la temporada de eventos.
Floristas e instagrammers
Las redes sociales son terreno fértil para desarrollar nuevos negocios. Instagram, la plataforma donde la imagen es todo, catapulta emprendedores del sector. Camila Gassiebayle suma casi 12.000 seguidores en su cuenta, @blummflowerco. Con US$25.000 de inversión inicial, hace tres años abrió su local en Casa Cavia, un espacio en Palermo que concentra también un restaurante y una librería. "Había una movida de arte floral en el mundo que no estaba reflejada acá: faltaba un producto más de lujo, una propuesta más moderna", detalla.
Gassiebayle asegura que quiso "sacar las flores de la mesa de Mirtha Legrand y de los velatorios" para que se convirtieran en un objeto de diseño para regalar. Llenó su cuenta de Instagram de contenido visualmente atractivo para "crear comunidad" y disociar las flores de la muerte y asociarlas a la vida.
Otra florista que aprovecha Instagram es Gabriela Carozzi con su emprendimiento Flores Porque Sí. La expublicista acondicionó una casa rodante para crear el primer flower truck del país (como los food trucks, los carritos de comida ambulantes, pero con flores). Hace poco menos de un año invirtió $100.000 para crear su local móvil.
Carozzi recibe pedidos vía redes sociales y teléfono y acude a las casas particulares a hacer arreglos personalizados. También ofrece un servicio de suvenires en eventos y cursos in situ para los invitados. "La casa rodante es publicidad en sí misma", destaca.
La creadora de Flores Porque Sí reflexiona sobre el futuro del negocio: "A veces aclaro que no uso el estilo de los puestos convencionales porque no envuelvo mis ramos en papel celofán sino en materiales más rústicos y acordes con los gustos del cliente actual. Todos los que trabajamos en florería deberíamos estar más atentos a las tendencias y las tradiciones deberían resignificarse", concluye.
220
Millones de dólares
Es el valor bruto estimado de la producción anual de flores y plantes ornamentales a nivel nacional, según un estudio privado






