
Ganaron las medialunas: se van las casas de donuts
Después de Donuts Inn, ahora cierran los locales de Dunkin Donuts; no lograron imponerse entre los porteños
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Las donas -la voz con que finalmente la gente llegó a referirse a los donuts, esa mezcla de bollos y roscas redondos tan populares entre los norteamericanos- no pudieron con las medialunas. En otras palabras, no lograron pasar la prueba de la medialuna mojada en la taza de café con leche.
A la salida de la firma norteamericana Donut Inn, en septiembre del año último, ahora le siguió la del rey mundial de las donuts, Dunkin Donuts.
Esta última marca llegó a la Argentina en la década del ochenta, en asociación con la familia Spolsky, que controla el Banco Patricios y otros negocios.
Al principio, fue una novedad, pero poco a poco el gusto argentino volvió a sus fuentes tradicionales.
Según una fuente del sector alimentario, "en enero último se habrían cerrado todos los locales de Dunkin Donuts, que sumaban alrededor de 10, en total. Definitivamente, las donas no pegaron en el gusto de los argentinos a pesar de que los precios no eran caros".
Sus principales locales se encontraban sobre la calle Florida; avenida Cabildo, en Belgrano, Santa Fe y Riobamba, y en algunas estaciones de subtes.
Asoma Delicity
Por estos días, estarían cerrando con la firma Delicity, que compraría o alquilaría todas sus bocas dispersas en Capital y Gran Buenos Aires.
En los últimos años, para ganar un poco en promoción, vendían las entradas para los recitales organizados por la productora Rock & Pop. Pero Daniel Grinbank los abandonó por la firma Ticketmaster.
Dunkin Donuts tampoco en los Estados Unidos puede levantar cabeza en medio de una batalla con los bagels, otros panificados de apariencia similar pero producidos en casi todo lugar de venta de comidas. Al parecer, la caída en el consumo de su clásico producto afectó seriamente sus ganancias. Hay otras causas.
"El norteamericano se está inclinando por la comida light, con menos calorías. Están pidiendo algo distinto", puntualizó un conocedor de la industria gastronómica.
Donut Inn llegó al país en 1996 de la mano de Fernando Bucemi, empresario con intereses también en la construcción, quien tenía la franquicia maestra para la Argentina y Uruguay.
Llegaron a contar con cinco locales propios en Capital Federal tras una inversión estimada en dos millones de dólares que incluía también una pequeña fábrica en un barrio porteño.
Como gran estrategia de marketing, sumaron el relleno de dulce de leche a una de sus variedades de donas para tentar al consumidor local.
Aún así, el negocio no termina de despegar, más aún con un competidor ya instalado que nunca había alcanzado el éxito comercial.
En pleno proceso de negociaciones con un posible franquiciado de Córdoba, Bucemi se entera por Internet que Donut Inn había entrado en convocatoria de acreedores en los Estados Unidos.
El empresario se comunicó con Arthur Pfferfman, presidente de la compañía norteamericana, para pedirle explicaciones. Este le aseguró que viajaría a la Argentina para respaldar su expansión por América latina, pero ese viaje nunca se concretó. Bucemi, para evitar mayores pérdidas, bajó la cortina de sus negocios.
Las donas, hoy sólo elaboradas por los supermercados Wal-Mart, parecen destinadas a desaparecer.
Las medialunas, y en consecuencia los tradicionales panaderos, felices.






