
Hay que pasar del dicho al hecho
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El ministro de Economía, Carlos Fernández, ratificó verbalmente el modelo económico y su eje, el tipo de cambio competitivo. Algo lógico, ya que el gran éxito del reciente lustro económico se debió al modelo competitivo productivo y a ese eje.
Ahora corresponde que no nos quedemos en el déjà senti, al que aluden los franceses: el poner la actual atención en lo que ya pasó. Es que desde hace un tiempo, los fundamentales de aquel modelo se destiñeron, hasta el punto, hoy, de hacer arduo el reconocerlo.
La competitividad cambiaria se esfumó. Sólo es "competitivo" el simulacro denominado "tipo de cambio real multilateral" que mide el Banco Central. Así, el ariete dinámico y la señal básica se deterioraron, y, de paso, se pierde recaudación fiscal, mientras parece más difícil sostener las retenciones.
Con una puja de salarios y precios sin encuadre; con una inflación apremiante (sin olvidar el factor logístico del índice de precios), en tanto se reiteren los aumentos salariales anuales del 20 al 25% en dólares, tenderemos a reciclar el altísimo costo laboral en dólares de los 90, con lo que peligraría, entonces, la gran mejora laboral reciente.
En lo fiscal, recuérdese que la severa disciplina en ese frente es clave como ancla antiinflacionaria central del modelo y por su nexo de ida y vuelta con el cambio competitivo. En el andar, el superávit fiscal se debilitó nítidamente, algo evidente en 2007.
La Presidenta captó la sensibilidad del tema y dejó entrever ahora, lo que es acertado, que este año iríamos hacia un superávit superior. Sin embargo, dados los vencimientos y las exigencias varias que perfila el 2009, con un gasto público difícil de domar (la doma también depara costos), expuesto a los subsidios y a una virtual indexación, sumando el "revoloteo" de recursos admisibles pero que pintan como extraordinarios, más la incidencia acrecida de las retenciones, se levantan fuertes inquietudes.
Naturalmente, círculos financieros externos hostiles a la estrategia de estos años aprovechan la instancia y esparcen semillas de desasosiego. Más que alterarse por eso, lo importante es que no le "regalemos pasto".
Revalidemos los fundamentales desgastados. Ataquemos con rigor la inflación, tanto en su sustancia como en su factor logístico, apelando al sistema de metas de inflación plurianuales descendentes, y alineando de modo acorde la política fiscal y de ingresos en general.
Que sea ya, adelantando el perfil del 2009, evitando lo inverso, que ocurre ahora: que las dudas de cara a ese año nos fastidien hoy. Hay que retonificar expectativas y la demanda de dinero; como segundo paso podremos desandar la matriz monetaria y cambiaria del BCRA, montada al conjuro de la crisis rural, la que redobla la pésima señal de ancla del tipo de cambio, posible preludio de un cepo, y que confirma tasas de interés -en dólares- muy altas.
Un tercer paso sería la aplicación de un crawl cambiario. Esta es una estrategia ratificatoria del rumbo, de tenor minimalista, políticamente presentable. Pero ¡cuidado! No es fácil, tanto más si se demoran las decisiones. Sin éstas, los rasgos de anomia que ya pesan se acentuarán, con un menor rendimiento de la economía y más inestabilidad general y cada vez más expuestos a un maximalismo que se imponga de facto. Celebremos, pues, la expresión de Fernández. Y, desde aquí, vayamos del dicho al hecho.





