Héctor Torres: "Fue un error presidencial haber dividido las decisiones económicas"

Estudió derecho en la UBA, pero siempre se enfocó en temas económicos, sobre todo luego de realizar la carrera de diplomático en el Instituto del Servicio Exterior; fue representante argentino ante el FMI en dos oportunidades y estuvo una tercera vez por pedido de Brasil; desde 1994 vive en el exterior y actualmente trabaja como consultor para McKinsey &Company
Sofía Diamante
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18 de agosto de 2019  

Héctor Torres bien podría ser el argentino que mejor conoce el funcionamiento del Fondo Monetario Internacional (FMI). Fue director ejecutivo en representación de la Argentina en dos oportunidades y también estuvo como director alterno por Brasil. Residió siete años en Washington. Su primera misión económica en el exterior había sido como enviado de la misión argentina ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), en Ginebra. Allí conoció al actual candidato a presidente Roberto Lavagna, que estuvo en esa ciudad como embajador ante los organismos económicos internacionales. De esa relación nació una gran amistad y, en 2004, siendo Lavagna ministro de Economía de Néstor Kirchner, Torres fue nombrado representante argentino ante el FMI.

-Después de haber estado como representante ante el FMI, en 2016, el entonces ministro de Economía Alfonso Prat-Gay lo volvió a nombrar. ¿Cuáles eran los objetivos en ese entonces?

-Los objetivos eran dos. Uno era normalizar las relaciones con el FMI y volver a hacer las revisiones del artículo IV después de 10 años. Y la segunda era que el Fondo levantara la moción de censura que nos había puesto por falsificar estadísticas. El último artículo IV que se había hecho era en 2006 y yo era el director en el Fondo en ese momento.

-Lo había propuesto Lavagna...

-Correcto. La relación con el Fondo siempre fue complicada. Los artículos IV se habían suspendido también en ese entonces, el último había sido en 2001. En 2005 hubo revisión, pero fue muy raro, porque el ministro Lavagna decidió que no fuera el staff del FMI a Buenos Aires, porque la situación estaba todavía muy explosiva y había que proveerles seguridad física a los funcionarios, lo cual no era muy sencillo: ellos tienen que moverse, consultar con el sector privado, con la oposición. Se propuso excepcionalmente que fueran funcionarios argentinos del Ministerio de Economía y del Banco Central a Washington. El directorio lo aceptó a regañadientes. En 2006 sí se hizo una revisión normal, con funcionarios del Fondo en la Argentina, y salió bastante bien. Pero en 2007 decidí interrumpir las revisiones porque el Indec fue intervenido y los actores privados, empresarios, inversores, trabajadores y ciudadanos ya desconfiaban de las cifras y usaban alternativas un poco inventadas, para suplir lo que a todas luces era una mentira. Si llevaba al staff del Fondo para las consultas del artículo IV, el staff iba a usar estadísticas no oficiales, aproximadas, lo cual iba a ser una situación muy violenta e iba a ser respondida de mala manera por el gobierno de entonces. Con lo cual, pensé que era mejor no cumplir con la obligación todos los años, antes que generar una batalla bochornosa con el Fondo Monetario.

-Diez años después volvió al FMI.

-Alfonso Prat-Gay, antes de asumir, me llamó y me dijo: "Vos interrumpiste los artículos IV hace 10 años; me gustaría que vuelvas al Fondo y normalices la situación". Yo estaba viviendo en Ginebra [Suiza]. Era mi tercera vez en el Fondo, porque la segunda fue como representante por Brasil.

-¿Le sorprendió cuando, en 2018, la Argentina volvió a pedirle un préstamo al FMI?

-Me sorprendió que llegáramos a esa situación más que el hecho de que fuéramos a pedir un préstamo. No me sorprendió, porque ya había tenido varias consultas informales por parte de funcionarios del Gobierno sobre qué tipos de préstamos se podían tomar.

-¿Cuánto tiempo antes del 8 de mayo, el día que se hizo efectivo el pedido, lo habían consultado?

-Empecé a escuchar consultas muy informales en diciembre de 2017.

-¿Cuando fue la conferencia conjunta con el entones presidente del Banco Central en la Casa Rosada?

-Antes de esa conferencia estuve en Buenos Aires por una reunión de la OMC y aproveché para reunirme con funcionarios del Gobierno, a los que conocía por tareas en el Fondo. En esas conversaciones surgieron preguntas sobre qué tipo de programas había accesibles, particularmente que no fuera el stand by, que todo el mundo sabe que existe. Las preguntas estaban vinculadas a un programa de bastante prestigio en el Fondo, que se llama Flexible Credit Line (FCL) [línea de crédito flexible], que es para países que tienen macroeconomías sólidas y que en realidad no necesitan el dinero, sino que requieren una red de seguridad por si se da un shock externo. En ese momento se estaba pensando que podía haber un shock externo y que convenía tener la red de seguridad. De hecho, en aquel momento tres países tenían ese crédito: México, Colombia y Polonia. En los tres casos el mercado reaccionó muy bien y en ninguno de los tres se tomó el dinero. Para nosotros era impensado eso. No creía que podíamos calificar para ese crédito en ese momento, y nuestra macroeconomía estaba bastante mejor que en 2018. A la vista, los problemas estaban ahí.

-Poco tiempo después, en enero, el entonces ministro de Finanzas, Luis Caputo, colocó un bono importante en el mercado porque se venía un aumento de tasas de interés. Ya se insinuaba que se venía un cambio en el contexto internacional.

-Sí, en realidad el problema no era el shock externo, que efectivamente hubo, el problema mayor era que teníamos un tipo de cambio absolutamente apreciado y un déficit de cuenta corriente arriba del 6%, justamente por la apreciación. Todo era caro en la Argentina, menos el dólar. Me acuerdo de que volví a Buenos Aires en diciembre de 2017 y me encontré que los precios eran los mismos que en Suiza; era desolador. Teníamos también un déficit fiscal muy alto, de 3,9%. Teníamos un agujero muy grande y los mercados en algún momento se dieron cuenta. Creo que Caputo se lo veía venir y por eso salió a tomar dinero. Lo que me sorprendió es que se hubieran cometido tantos errores como para llegar a la situación que llegamos, y particularmente que no aprendiéramos de lo que nos viene pasando siempre. Cuando me preguntan qué es lo que pasa con la Argentina, les digo que cada vez que la economía crece, el país entra en un déficit de cuenta corriente, que lo financia con crédito. Tenemos iluminados que creen que pueden domar la inflación con altas tasas de interés y nada más, con lo cual termina siendo una fiesta de carry trade. De repente nos sentimos riquísimos, salimos a viajar por el mundo, todo nos parece barato afuera y empezamos a criticar que nuestros precios parecen un espanto, y ese es el preludio de la nueva crisis. Y así es una cosa recurrente.

-¿Por qué los funcionarios repiten el error cada vez que llegan al poder?

-No todos los funcionarios comenten el mismo error. Este fue un error de muy mal manejo a nivel presidencial, de haber dividido enormemente el tema de las decisiones económicas. Hasta que normalice la situación con la moneda, la Argentina no está en condiciones de jugar con un Banco Central que se dedica exclusivamente al tema de inflación y usa solamente la política monetaria para eso. Lo que pasó fue que Federico Sturzenegger se enamoró del sistema de metas de inflación. El Fondo, en 2016, le dijo claramente por escrito que eso era un error, que la Argentina no estaba lista para empezar con metas de inflación. Teníamos una inflación, medida a mano alzada, de aproximadamente entre 25% y 27%. Además había un enorme atraso en las tarifas de los servicios públicos y en ese marco se decidió que en cuatro años íbamos a bajar la inflación a un solo dígito. Para eso, el Banco Central se iba a dedicar a tener una política restrictiva. Entre la tasa de interés altísima y las necesidades de financiamiento del Gobierno, tuvimos una entrada de capitales fenomenal.

-¿Cómo ve la relación actual con el Fondo? El objetivo del organismo es que se lleven adelante las reformas estructurales luego de las elecciones, ¿se podrán realizar si Alberto Fernández termina siendo elegido?

-Creo que Fernández va a ganar con una mayoría muy importante, probablemente mayor al 47% [que obtuvo en las PASO]. Con lo cual tendrá mucho poder, también legislativo, si logra consolidar su propio espacio político. Ahí hay toda una pregunta, porque su espacio tiene variantes bastantes grandes: entre el peronismo tradicional y La Cámpora hay muy poco en común. Pero si él lograra eso [consolidar su propio espacio], entonces tendría la capacidad de promover reformas estructurales que exigen un fuerte liderazgo. Exigen también una capacidad de explicarle a la sociedad por qué lo está haciendo. Además exige un buen timing, porque hay reformas estructurales que pueden hacerse en un determinado momento y en otro, no. El caso de la laboral es claro: si se dedica a agregar flexibilidad en plena recesión, no se transformará en más empleos, sino en más despidos, con lo cual rápidamente perderían el capital político que usaron para eso.

-¿Por qué los mercados reaccionaron tan mal ante la victoria de Alberto Fernández en las PASO? ¿Hay fundamentos para pensar que puede haber un default?

-No creo para nada eso. Ciertamente hay una memoria del gobierno de Cristina [Kirchner]. La gente se acuerda y los inversores también. Eso no se puede cambiar. Cuando Alberto Fernández dice que no se va a pelear nunca con Cristina, yo digo que ojalá sea así, porque lo último que queremos es que Cristina se transforme en una oposición dentro de un gobierno. Lo que yo quisiera es que él mantuviera a Cristina a una distancia prudencial, particularmente de las decisiones económicas. Dicho esto, que es la parte por la cual hay miedo respecto a la llegada de Alberto Fernández al gobierno y que hasta cierto punto efectivamente está justificado, acá hay un Presidente que quiere ser reelecto y que basa su campaña en la estigmatización de su opositor. Eso se puede entender en la campaña, pero tiene sus consecuencias. Si baso la campaña en decir que si no soy yo es el diluvio y me creen, estoy echándole leña al fuego.

-¿El actual acuerdo con el FMI ya está caído?

-No creo que el acuerdo con el Fondo esté cerrado, pero hay una pregunta para hacerse: ¿cómo afectan las medidas anunciadas a las metas fiscales? Si por esto va a descarrilar el acuerdo con el Fondo, hoy no tengo una respuesta muy clara, pero no me parece que sea el problema más grave. El problema más grave es que el acuerdo está hilvanado sobre un supuesto: que el Gobierno puede reconducir los vencimientos de la deuda pública tanto en pesos como en dólares y este supuesto está hoy de bruces con la realidad.

¿Cuáles son sus cinco libros favoritos?

Sobre héroes y tumbas, Ernesto Sábato

Fuente: LA NACION

Development As Freedom, Amartya Sen

Fuente: LA NACION

The Selfish Gene, Richard Dawkins

Fuente: LA NACION

The Basic Writings, Bertrand Russel

Fuente: LA NACION

Sapiens, Yuval Noah Harari

Fuente: LA NACION

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