
Historias de premios y luchas
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MADRID (De nuestra corresponsal).- Las huellas de los argentinos que se abren camino son diversas, desde el prometedor quiosco "polirrubro" que parece arrancado de la avenida Santa Fe y transportado a la Gran Vía hasta la cadena de "pastelería argentina", que, con varios locales, hoy hace furor en las islas Baleares.
Cada uno tiene su propia historia de esfuerzo. Dos jóvenes mendocinas acaban de ganar el premio a "la empresa inmigrante de producto original", otorgado por la Cámara de Comercio e Industria de esta capital, por fabricar unos ingeniosos y enormes sombreros de gomaespuma que hacen furor en fiestas madrileñas.
"Jamás pensé que viviría esto", dice a LA NACION Julieta Caccavo, quien fundó junto con su amiga Andrea Anunziata la empresa Shatss, que desde hace apenas un año y medio funciona en un pequeño taller madrileño para producir los sombreros.
Todo empezó cuando Andrea se casó con su novio español en Mendoza. Los familiares que llegaron desde la península quedaron fascinados con los sombreros que Julieta preparó para la celebración y poco a poco la empresa fue tomando forma.
"Estamos creciendo. Formar nuestro propio negocio fue una solución. No es fácil, para nada. Pero pienso que si hubiese buscado un puesto de trabajo en esto mismo difícilmente lo habría conseguido", reflexiona. Con la documentación no tuvo problemas: posee pasaporte italiano.
El sueño del dulce de leche
En eso coincide con Gastón y Ariel Tarbuch, de 26 y 27 años, respectivamente, propietarios de una exitosa cadena de pastelería argentina en las islas Baleares. "Llegué hace siete años, cuando tenía 19, para pasar unas vacaciones de aventura recorriendo Europa. No me quise ir. Palma de Mallorca me enamoró", dice Gastón.
Viene de una familia de reposteros, dueños de la confitería La Orquídea, de Floresta. "Tanto dije que terminamos levantando todo y viniendo a España. No fue fácil, hubo que pagar derecho de piso, pero al final nos va bien", dice. Su empresa se llama Tostus y, además de la panadería, cumplieron el sueño de muchos: vender dulce de leche en Europa.
La gastronomía es un rubro que ha dado lo suyo: en los últimos años los locales de "comida argentina" se multiplicaron en forma ostensible.
Pero no es lo único "folklórico": también proliferan los negocios de artesanía pampa, con alpargatas, bombachas y cinturones, así como el "quiosco polirrubro", verdadera especialidad porteña donde, merced al efecto multiplicador del euro, un alfajor puede alcanzar un precio de venta superior a los diez pesos.
Nadie se hace rico. A nadie le fue fácil. Vieron una oportunidad y decidieron pelearla. Otros todavía sueñan: Angeles Crocce, que trabaja como peluquera en una cadena española, sueña con su propio negocio. "Ya hablé con otros argentinos amigos para asociarnos. Pero todavía nos falta", dice, temerosa.






