Hollywood, en peligro: China se lanza a la conquista del negocio del cine
Tencent Pictures se puso al frente del movimiento con el que el país asiático busca presentarles batalla a los grandes estudios norteamericanos
1 minuto de lectura'

De un lado está Bumblebee. El valiente, adorable, simpático y siempre amarillo miembro de los Transformers (seres mecánicos alienígenas que vienen a la Tierra a defender a la especie humana de los también aliens, pero malvados, Decepticons), que conoce a una joven mujer en la película del mismo nombre, se hace amigo de ella, y comienza su trabajo de "primer protector" en el planeta Tierra.
Del otro está Venom. Otro alienígena, traído por una corporación de tecnología, con base en San Francisco, manejada por un CEO "indio-americano" que llega a la Tierra secuestrado, toma posesión del cuerpo del periodista Eddie Brock (Tom Hardy) y se transforma en su "simbionte", una especie de parásito que aparece y desaparece del metabolismo de su anfitrión involuntario.
No es casualidad que esta dupla esté en la gran pantalla casi al mismo tiempo y en todo el mundo. Venom y Bumblebee no son más que una parte, pero una parte clave, de un movimiento cultural de pinzas con el que China está poniendo su maquinaria de producción tecnocultural frente a millones de personas en todo el planeta. Sí, busca en un primer nivel éxito de taquilla, y ambos films lo logran con US$419 millones de recaudación la primera y US$290 millones la segunda. Pero debajo hay algo más.
Y ese hilo conductor que corre en medio de ambas es Tencent Pictures, la productora filmográfica del gigante tecnológico chino. Creada en 2015, Tencent Pictures ya lleva financiados nueve largometrajes, con una inversión total aproximada de US$1200 millones y ganancias aproximadas de US$2200 millones. Entre ellas están "blockbusters" como Warcraft, dirigida por Duncan Jones (el hijo de David Bowie), que recaudó US$433 millones; La Mujer Maravilla, con la actriz israelí Gal Gadot, que recaudó US$821 millones, y las planeadas para 2019 y 2020, Terminator 6 y Top Gun 2.
Y la pregunta qué hay detrás de estas cifras y éxitos es: ¿Por qué Tencent, un conglomerado tecnológico con operaciones en más de cien mercados, con inversiones en áreas de alto crecimiento como e-gaming, inteligencia artificial o conectividad, y con US$21.000 millones de ganancias anuales, está interesada en tener un pie hollywoodense?
Es más, ¿por qué le interesa esto a China, un país de capitalismo planificado, que tiene en su haber a nueve de las veinte empresas de tecnología más grandes del mundo, las cuales, junto a sus empresas de producción de contenidos –dos industrias intrínsecamente relacionadas–, suman anualmente más de dos billones de dólares de capitalización financiera?
La respuesta es simple. Tencent Pictures y sus films son una parte de la avanzada cultural del dragón chino hacia Occidente. No es una avanzada de autoproclamación, o de exaltación de su propia cultura, como en las películas de Karate Kid, Jackie Chan o Kung Fu Panda.
Este avance no es una contraofensiva, para desterrar el mito del "chino mafioso", de films como Chinatown, La Tormenta Blanca o Arma Mortal 4.
"Desde hace un tiempo que los chinos no son malos en el cine. No son más tipos sucios ni ladrones. Es verdad que están evitando ser los malos. Pero no están empujando cultura china tampoco", dice Fernando Beretta, vicepresidente ejecutivo del Grupo Grey para América Latina.
Se trata de una táctica de conquista, pero no de conquista en términos militares, sino amorosa. El dragón está mostrando su mejor cara cultural, financiando a un Occidente que ve deshilachado, empobrecido y triste, con hechos culturales atractivos y divertidos. Es una forma de abrir la puerta, de entrar, pero sin invadir. Es mucho más parecido a una jugada de Go que de ajedrez.
Eso, hasta que un día, las cosas cambien. "Uno de los procesos más fuertes en los 5000 años de historia de China fue la Revolución Cultural. Es un país que sabe hacer aparecer y desaparecer culturas. En Hong Kong, donde yo viví, se habla cantonés. Es un idioma que no tiene nada que ver con el chino estándar ("putonghua" o mandarín estándar). Y con el tiempo, el cantonés va desapareciendo. En Hong Kong, también el inglés va desapareciendo. China es un país que sabe imponer cultura sobre otras. Me sorprende que estén en un tono tan amigable. Evidentemente han aprendido después de tantos años de guerras, brújulas, pólvora, flechas incendiarias y murallas", agrega Beretta.
Es decir, mientras Occidente se fascina con estas producciones, el logotipo de Tencent Pictures va apareciendo en pantallas, detrás de actores, en la red carpet de los Oscar, en escritorios de productores, y en los planes de representantes de starlets.
Es que, aun en un mundo de redes sociales, la pantalla de plata sigue siendo una propaladora a la hora de crear identidad y proyectar cultura. El cine es un ritual, y lo que ocurre en la pantalla es una liturgia que crea otros rituales, y a partir de ellos se crea cultura.
A la hora de crear nuevas identidades globales, China le está entrando al mundo –y especialmente a Occidente– con lo que necesita culturalmente: ocio y alegría. Los países y las culturas que piensan en milenios tienen tiempo para vender sus ideas.
Patricio Cavalli






