
Importaciones y empleo: lo que parece y lo que es
El sentido común a veces juega malas pasadas, porque sugiere que la Tierra es plana y que es imposible volar
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El ministro de economía Luis Andrés Caputo acaba de declarar que él siempre compró en el exterior la ropa que viste. Aprovechando viajes de turismo o de trabajo supongo, porque nadie se traslada hasta Miami exclusivamente para comprar una chomba. A raíz de estas declaraciones, surgió la cuestión de la relación entre las importaciones y el empleo. Porque el sentido común dice que la camisa que Caputo compró en Egipto le dio trabajo a alguien que vivía en El Cairo (egipcio o inmigrante al referido país) y por consiguiente se lo quitó a alguien que vive en San Antonio de Padua, Gran Buenos Aires, donde está radicada una fábrica que produce camisas. Claro que Paul Anthony Samuelson alertó contra la aplicación irrestricta del sentido común, porque también nos dice que la Tierra es plana y que es imposible volar.
Al respecto, conversé con la norteamericana Marina von Neumann Whitman (1935 - 2025), hija única de Johnny von Neumann. Entendible, la autobiografía que publicó en 2013 la tituló “La hija del marciano”. Se casó con Robert Freeman Whitman, profesor de inglés, con quien tuvo dos hijos. Para impresionar a su futuro suegro, Robert fue a la biblioteca Widener (en la universidad Harvard). Como era bueno jugando bridge y poker, se puso a leer Teoría de los juegos y comportamiento económico, que mi padre había escrito con Oskar Morgenstern, pero abandonó la lectura en la página 15, antes de que apareciera un cúmulo de ecuaciones, recordó. Marina estudió en Harvard y en Columbia, y enseñó en las universidades de Pittsburgh y de Michigan.
– Fuera del ámbito académico trabajó en la función pública y en empresas privadas.
– Así es. Durante la presidencia de Richard Milhous Nixon integré el Consejo de Asesores Económicos. Palpé la intrincada red de interacciones que existen entre la economía doméstica y la internacional. Aprendí más de lo que uno podría imaginar sobre las restricciones políticas dentro de las cuales se plantea la política económica. De mi experiencia gubernamental extraigo tres observaciones: 1) no esperemos que los tecnócratas generen cambios dramáticos en las políticas públicas; 2) el éxito depende de tantas personas, que es difícil identificar a sus autores; y 3) muchos de mis logros fueron negativos, es decir, evité males mayores al detener un movimiento en la dirección equivocada. Después trabajé en General Motors, y al volver al ámbito académico me encontré con que la enseñanza se había vuelto un deporte interactivo, y que los estudiantes se habían transformado de una audiencia cautiva a clientes que debían ser satisfechos.
– Más allá del plano politizado, ¿cómo debe analizarse la cuestión de la relación entre importaciones y empleo?
– La apertura, como el cierre de una economía, es un hecho que puede ser mirado desde varios ángulos. Desde uno de ellos, la apertura de una economía es notoriamente progresiva, porque (como decía Juan Carlos Colombres, alias Landrú), la “gente como uno” siempre pudo comprar celulares de última generación, a menores precios, en el resto del mundo, pero las personas que trabajan como servicio doméstico en la casa de cada uno de nosotros no tienen más remedio que adquirirlos en el país, pagando más por modelos tecnológicamente más atrasados. En la versión de Joseph Alois Schumpeter, “la reina siempre tuvo medias; gracias al capitalismo mi secretaria también las puede adquirir”.
– La apertura de una economía genera ganadores y perdedores.
– Exacto, pero no se trata de un juego de suma cero, porque hay ganancias derivadas de la ventaja comparativa, el aprovechamiento de las economías de escala, etc. ¿Le recomendaría usted a Arabia Saudita que frenara las exportaciones de petróleo y se pusiera a fabricar peinetas, porque tienen mayor insumo de mano de obra?
– Está bien, pero hoy me quiero concentrar en el impacto que tiene sobre el empleo.
– El punto de vista individual le importa a cada empresa y a cada puesto de trabajo, pero si nos agotamos en una visión estática, y sobre todo una de equilibrio parcial, vamos a equivocar el diagnóstico y por consiguiente las recomendaciones. Por empezar, y sin dejar el plano estático, con el mismo criterio con el cual se afirma que las importaciones destruyen empleo, debería decirse que las exportaciones lo crean. ¿Seguro que el componente de mano de obra de las exportaciones es menor que el de las importaciones? Es fácil observar que “poca gente” trabaja en los campos, pero ésta es la demanda directa. ¿Cuánta gente trabaja en la creación y producción de semillas, maquinaria, transportes, etc.? A comienzos de la década de 1980 Julio Jorge Nogués analizó esta cuestión, poniendo en duda la creencia de que las exportaciones son actividades menos intensivas en mano de obra que las importaciones.
– Hoy la demanda de trabajo del sector servicios parece ser clave.
– Con más razón todavía cabe plantear la duda. El grueso de las empresas no fabrica un solo producto, sino muchos, por lo cual en el plano estático la apertura de una economía lleva inicialmente a las empresas a reorganizar su producción hacia las variedades del tipo de producto que elabora que menos compiten con las importaciones.
– Pero la realidad es dinámica.
– En efecto. ¿Desde cuándo el gobierno presidido por Javier Gerardo Milei comenzó su política de apertura y desregulación económicas? Desde el comienzo mismo de su gestión. ¿Desde cuándo cada productor local comenzó a tomar nota de esto, para actuar en consecuencia? Hubo y hay de todo, pero esto pertenece a la historia económica.
– ¿Qué es lo que pertenece a la política económica, y por consiguiente a la toma de decisiones, que siempre es prospectiva?
– Que la apertura y la desregulación de la economía llegaron para quedarse, y por consiguiente “resistir” hasta que un nuevo gobierno vuelva a cerrar o regular la economía es una muy mala decisión empresaria. Como lo es concentrarse en la “batalla cultural”, porque simplifica de manera grosera las complejidades de la realidad. La grandilocuencia sirve para deslumbrar a los amigos, pero no para acertar con los diagnósticos. Las protestas son entendibles para desahogarse, pero no modifican la realidad. Por eso el sano consejo profesional consiste en que los afectados por la apertura y la desregulación hablen pestes de las madres de los funcionarios, pero que no agoten sus energías en ello.
– ¿Qué quiere decir?
– Que más allá de lo que cada empresario tenga que hacer con su planta y oficina, por la necesidad de rendir examen en un contexto más competitivo, hay que apurar el resto de los factores externos a las empresas que le complican la vida a éstas. Gasto público, regulaciones, decisiones judiciales, etc.
– Doña Marina, muchas gracias.
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