Joyas con diseño propio, un nicho que siempre tiene mercado
Delgè apunta al turismo y al público local de buen poder adquisitivo; prevé facturar 1 millón
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Es abogado y licenciado en Ciencias Políticas, pero hace cinco años descubrió un arte que lo atrapó por completo. "Me despertó una creatividad implícita en mí", dice Ignacio Patanian, de 35 años, cuando explica cómo descubrió que el derecho, acotado y rígido, no le iba a dar la posibilidad de diseñar y crear que le dan las joyas.
Patanian abrió Delgè, su primer local de joyería, en octubre del año pasado en el lujoso hotel Sofitel Buenos Aires de la calle Arroyo.
Trabajó como abogado en varios estudios jurídicos en la Argentina y en España, donde hizo un máster en Derecho en Barcelona.
Cuando su hermano abrió una agencia para representar jugadores de fútbol se unió al negocio encargándose de los temas jurídicos. "El hace más la parte comercial y yo, la jurídica, aunque a veces también hago lo comercial", explica Patanian, que asegura ser un gran comerciante por tener sangre armenia por parte paterna. Del lado de la madre, Delgè -que le da el nombre a la joyería-, de origen francés, adquirió la creatividad que supo sacar a la luz gracias a un cliente que conoció como representante de jugadores.
"Cuando fui a trabajar con mi hermano, un par de clientes me pagaban para que les diera asesoramiento jurídico general. Uno tenía una joyería y ahí, en 2005, se me despertó la vocación por las piedras, la joyería y todo lo que es la creatividad", afirma el emprendedor, que no tardó mucho en zambullirse en el tema con una inversión inicial de 50.000 pesos. "Me gusta hacer las cosas rápido", confiesa.
Estudio de las piedras
A mediados de 2005 comenzó. "Hice cursos de diseño y de gemología, que es el estudio de las piedras, y empecé a diseñar. Arranqué comprando algunas piedras, algunos diseños, y fui diseñando cosas propias. Abrí mis primeros puntos de venta en exhibidores que tengo actualmente en el Free Shop y Shop Gallery de Aeroparque y Ezeiza y en algunos hoteles en el sur argentino. Ahora, hace ocho meses que inauguré mi primer local de joyería donde los diseños son míos", dice Patanian.
El joyero trabaja en tres grandes líneas. "Una es con la piedra rodocrosita, que es la piedra nacional argentina, con diseños en oro y plata. Otra línea es con piedras de colores, como aguamarina, topacio, amatistas, zafiro y rubíes que son de acá, de Brasil y de la India, con oro y algunas con plata. La tercera es con pieles exóticas de cuero de lagarto, cocodrilo y manta raya con los que hago brazaletes, anillos y gemelos", detalla.
Patanian se da cuenta de que competir con grandes joyerías a nivel internacional es muy complicado, entonces le busca la vuelta e intenta ofrecer un diseño diferente. "Esto no lo ves en ninguna parte del mundo", dice.
"En otros países sí hay sobres o carteras de lagarto, por ejemplo, pero este tipo de joyería no existe. Esto a los extranjeros les fascina porque están comprando cuero exótico", sostiene. Pero en la línea de cueros no está solo, dado que tiene un socio, Hugo Borgstrand, joyero de larga data de quien Patanian reconoce haber aprendido mucho sobre el oficio.
Especies protegidas
El cuero de manta raya lo importan del Indico, mientras que los de cocodrilo y lagarto los desarrollan acá. Todas estas pieles responden al criterio de especies protegidas por la convención Cites (Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Fauna and Flora), que fija las condiciones de viabilidad para el comercio mundial de pieles.
Patanian abrió el local en el Sofitel en octubre y se dedicó, aprovechando la temporada de turismo, a abastecer la demanda del extranjero, pero ahora quiere fortalecer el marketing local, en el cual ve un crecimiento.
Como buen comerciante no deja de pensar en sus próximos pasos: exportar a Estados Unidos, Europa y países de América latina antes de fin de año y abrir más locales en el país. El objetivo: llegar a una facturación por encima del millón de pesos este año.
Su gran desafío ahora es consolidar las ventas a nivel nacional. Sabe que el mercado argentino, por un tema de inseguridad o cultural, no es un público tan demandante, pero por eso también espera atraparlo con joyas de plata de gran diseño y precios accesibles.
De todos modos, los puntos de venta siempre limitan entre los dos perfiles, el de los extranjeros y el de los argentinos de alto poder adquisitivo, por eso seguirá estando en hoteles, centros turísticos importantes y avenidas como Alvear.
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