La Argentina, entre el ajuste y las elecciones de 1999
El semanario The Economist señala las contradicciones que enfrenta el país por la necesidad de más reformas cuando ya asoman las urgencias electorales
1 minuto de lectura'
BUENOS AIRES (The Economist).- ¿Al oscurecerse el panorama económico la economía de más rápido crecimiento en América latina puede desacelerarse sin sufrir un colapso? Quizás, si sus políticos hacen lo que tienen que hacer.
Por propio derecho, la Argentina debiera estar ante la perspectiva de un período de prosperidad y tranquilidad política, el premio por casi una década de reformas radicales de libre mercado y un amplio consenso en favor de mantenerlas. Pero no es esa la perspectiva. Aunque insisten en que la economía puede navegar por varios años con un crecimiento del 5% o más, las autoridades miran ansiosamente por sobre el hombro al Asia y por sobre el otro a las incertidumbres de Brasil. Y aunque aún faltan 15 meses para la elección presidencial, un comienzo prematuro de la campaña ha liquidado las expectativas de importantes avances con nuevas reformas.
Primer ajuste
La señal más tangible de este estado de ánimo fue el ajuste el mes último de la política económica. Primero, Roque Fernández, el ministro de economía anunció la suspensión de un plan de US$ 10.000 millones en inversiones en caminos defendido calurosamente por el presidente Carlos Menem y la postergación de un esquema para aumentar los salarios de los docentes.
Entonces Menem anunció un recorte de US$ 1000 millones en el gasto oficial para este año y apoyó un nuevo esfuerzo por lograr que el Congreso apoye un paquete impositivo para acabar con distorsiones que afectan negativamente a las empresas.
Esta nueva orientación viene después de meses en los que el gobierno públicamente desestimó llamados del FMI a enfriar la economía, que creció un 8,6% el año pasado. El acuerdo crediticio de la Argentina con el FMI (necesario para dar seguridad a los mercados más que por el dinero) impone un déficit fiscal en 1998 por debajo de US$ 3500 millones; una meta "razonable" dice Fernández, que actúa en consonancia con ella.
La evasión crónica significó que el crecimiento récord no fue acompañado por una correspondiente recaudación fiscal, que quedó US$ 1000 millones por debajo de la meta en el período enero-mayo. Pero en el período enero-marzo el gasto fue US$ 775 millones menos que lo presupuestado; los recortes prometidos por Menem ya se están aplicando.
El objetivo de fondo es tranquilizar los temores del mercado por el déficit de cuenta corriente, que el FMI calcula que apuntaba a un 4,8% del PBI este año, todo un punto porcentual por encima de la meta acordada.
Hay mucho en juego. Fue central para la recuperación de la Argentina de la hiperinflación al comienzo de la presidencia de Menem en 1989 un esquema que los argentinos llaman "convertibilidad" y que los economistas denominan tabla de divisas. Por ley el peso está atado al dólar y es libremente convertible, mientras que la oferta monetaria está atada al nivel de reservas en divisas. Este arreglo rígido ha producido estabilidad de precios y crecimiento (y renuentemente es apoyado por la Alianza opositora de centro-izquierda conformada por dos partidos).
Pero el éxito ha tenido su precio: en 1995, al irse los capitales extranjeros drenando la liquidez local, luego de la crisis de México, la economía cayó y el desempleo saltó a un 18 por ciento.
¿La Argentina ahora va rumbo a otra caída de este tipo? Los funcionarios oficiales insisten en que sus defensas contra el contagio externo son mucho más fuertes que en 1995.
El sistema financiero endeble ha sido fortalecido, cerrando los bancos más débiles y muchos de los grandes fueron vendidos a extranjeros. El gobierno ha postergado los vencimientos de la deuda externa, con un promedio de plazos de nueve años. Una fuerte inversión privada está aumentando la eficiencia de las empresas. Aunque las exportaciones dejaron de crecer recientemente, no han caído, pese a lo que Pedro Pou, el presidente del Banco Central, llama "una combinación única de circunstancias negativas": baja de precios de los commodities, el alza del dólar seguido por el peso, problemas climáticos, inundaciones y el estancamiento en Brasil, el principal mercado comprador para la Argentina.
Pero los economistas independientes dicen que la actividad se está reduciendo rápidamente y prevén un crecimiento para 1999 del 3,5% o menos. Para que las cosas vayan mejor, sostienen, se necesitan mayores reformas, reduciendo los costos empresariales. Y Menem se ha mostrado poco interesado en ello últimamente. Notoriamente, ha permitido que su ministro de Trabajo presente un proyecto de ley que consolida el poder de los sindicatos, liquidando medidas provisionales que permiten a los empleadores ofrecer empleos temporarios libres de problemas burocráticos. Eso ayudó a crear 800.000 puestos de trabajo el año último y bajar el desempleo al 13,7 por ciento.
La política pesa
¿Por qué? Política. Se esperaba que este año fuera una pausa entre las elecciones legislativas de octubre pasado, en las que ganó la Alianza y la elección presidencial de octubre de 1999. En cambio, las dos fuerzas políticas principales están enfrascadas en batallas internas. Dentro de su Partido Justicialista, los partidarios de Menem están maniobrando para lograr una (dudosa) interpretación de la Constitución que le permita postularse para un tercer período. Al menos apunta a mantener el control del partido en un congreso por reunirse este mes y liquidar las aspiraciones a la candidatura, en retroceso, de su rival Eduardo Duhalde, gobernador de la provincia de Buenos Aires. Para esto necesita la ayuda de los dirigentes justicialistas de los sindicatos, que se oponen a las reformas del mercado laboral.
Sin embargo, luego de nueve años de menemismo, los argentinos parecen estar abiertos al cambio. La mayoría espera que la Alianza gane en 1999, siempre que logre mantenerse unida a pesar de una disputa potencialmente dura en noviembre para elegir su candidato presidencial. Fernando de la Rúa, de la Unión Cívica Radical e intendente de Buenos Aires, parece estar mejor ubicado para ello que Graciela Fernández Meijide, del Frepaso, el componente más joven y más pequeño de la Alianza. Ahora la preocupación del Frepaso es comprometer a la Alianza con reglas que le den una participación justa en los puestos más altos si De la Rúa gana la presidencia.
¿Y qué haría un gobierno de la Alianza? Enfrentar la corrupción, dice Fernández Meijide, y poner énfasis en las reformas que Menem ha dejado de lado, notoriamente en el sistema judicial y la política social.
En cuanto a la economía, probablemente retocaría un poco las reformas de Menem, no las eliminaría.
La mezcla de política liberal y economía al estilo Blaire de la Alianza podría resultar en un bálsamo para las heridas infligidas por la mezcla de economía liberal y política siciliana de Menem. Pero para que ello entre en vigor aún faltarían como mínimo 17 meses. Mientras tanto la Argentina y su peso fijo enfrentan los peligros de un mundo donde otras divisas se devalúan día tras día.
Traducción de Gabriel Zadunaisky




