La argentina que se la jugó por amor y hoy vende helados con impronta porteña en Marruecos
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Los años 2001, 2004 y 2012 fueron bisagra en la historia de vida de Mariana Ambrueso. En el primero, su padre cerró la fábrica de helados que tenía en Buenos Aires . En el segundo, viajó a Marruecos y encontró el amor en el país africano. En el tercero, los tres puntos temporales finalmente se fusionaron cuando inauguró su propio emprendimiento y les dio nueva vida a las máquinas paradas post- crisis .
Hoy, instalada en Casablanca y casada con un marroquí con el que tuvo tres hijos, la licenciada en Ciencias Políticas lidera una marca de helados artesanales que se comercializan en supermercados, autoservicios y empresas gastronómicas. Su firma, Ambrueso, le compite a la ultraconocida Häagen-Dazs.
Su padre, figura clave en su historia emprendedora, fue quien primero le dejó las máquinas para fabricar helado luego de cerrar su planta de producción. Unos años después, se fue a vivir con ella a Casablanca y hoy conducen la compañía de manera conjunta.
Mariana Ambrueso asegura que vio la oportunidad de darles una nueva vida en Marruecos a las máquinas cuando se dio cuenta de que podía unir su know how heladero con el paladar exigente del público de Casablanca. Así creó una línea de helados gourmet con gustos como el limón con albahaca, té de menta y frambuesa con litchi (o ciruela china), entre otros.
Jura que, desde que llegó, no sintió el choque cultural entre sus costumbres argentinas y las marroquíes. Se comunica con todos en francés y puede decir algunas palabras en dialecto árabe marroquí, el que hablan sus empleados.
Dice que tener un marido local, y por ende, un grupo de amigos que pertenecen también a la comunidad, la ayudó a navegar las diferencias que iba encontrando con más facilidad.

Como empleadora, sin embargo, tuvo que adaptarse. Por ejemplo, en el mes de Ramadán (el período de ayuno diurno que realizan los musulmanes), tiene que modificar algunos ritmos de producción porque sus empleados están muy cansados durante la jornada laboral.
También se encontró con algunas trabas burocráticas de tinte más cultural: cuando tiene que hacer algún trámite en una dependencia del Estado, prefiere acercarse con su marido "por costumbre" y también para ayudarla con el árabe.
Un "coup de foudre", un amor a primera vista, responde Ambrueso cuando habla de su primera impresión sobre Marruecos y sobre su marido. Pero el encantamiento no eliminan la nostalgia: caminar por Buenos Aires, poder ver a la familia seguido y los amigos de la infancia son las tres razones por las que todavía extraña sus días en el barrio porteño de Flores.
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