
La banca discute el rol de Sedesa
La seguidilla de suspensiones y el impacto que tiene en la confiabilidad del sistema financiero llevaron a los banqueros a revisar sus últimos pasos. A dos años de haberle permitido al Banco Central (BCRA) asumir la titularidad -con derecho de veto- de un comité directivo cuyas decisiones no puede desconocer el Seguro de Depósitos SA (Sedesa), les llegó la hora de los arrepentimientos y las desilusiones.
Cuando Pedro Pou aún estrenaba la presidencia del BCRA, consintieron un decreto reglamentario (1292/96) que, en los hechos, modificó el papel de Sedesa. "Pasó de garantizar las colocaciones, a ser el asistente para el traspaso de carteras, es decir, funcionar como hospital de bancos", señalan. El BCRA tuvo la posibilidad de fijar el destino de los fondos que aportan los bancos a Sedesa (unos $ 23 millones por mes), con lo que "el dinero de los privados quedó a merced de lo que defina un funcionario público".
En aquel entonces, la modificación hecha por decreto tuvo el aval de los banqueros, que ahora dicen que accedieron porque Pou les había prometido a cambio una rebaja en la alícuota de aportes al Sedesa. Pero la reducción jamás se hizo efectiva y, mientras tanto, Sedesa repartió entre los bancos compradores casi 400 millones en distintos fideicomisos que debilitaron sus finanzas (hoy cuenta con poco más de 200 millones para garantizar los depósitos).
Para colmo los banqueros ahora también descubren que el sistema creado da "incentivos incorrectos" para hallar solución a problemas con las entidades. En este sentido, plantean que, de aquí en más, será imposible interesar a cualquier entidad en la compra de otra que afronte problemas. "¿Para qué poner dinero en procura de adquirir un paquete si lo que conviene es esperar a que le apliquen el artículo 35 bis de la ley de entidades financieras. La fórmula es después pedirle ayuda a Sedesa para asumir sus activos y pasivos privilegiados sin costo", razonan.
El planteo se ha extendido en los últimos días entre los banqueros y podría alcanzar el tono de un recurso formal cuando la crisis del Mayo encuentre salida y las aguas se hayan calmado un poco más en el mercado.





