
La biotecnología agrícola aportó al país US$ 20.000 millones
Lo hizo mediante el ahorro de costos y la expansión de la soja transgénica
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Desde ayer, la Argentina tiene cuantificado el beneficio económico que ocasionó en el último decenio la incorporación de la biotecnología agrícola: más de US$ 20.000 millones, según un trabajo realizado por los especialistas Eduardo Trigo y Eugenio Cap para el Consejo Argentino para la Información y el Desarrollo de la Biotecnología (ArgenBio). El informe se conoce a 11 años de la irrupción de la biotecnología, disciplina que permite modificar características de los cultivos con genes que les confieren resistencia a plagas, enfermedades y agroquímicos, por ejemplo.
Según el informe, desde que, en 1996, se aprobó la soja transgénica resistente al herbicida glifosato, los beneficios por la biotecnología en esta oleaginosa ascendieron a los US$ 19.700 millones. Dentro de esa cifra, hay 1763,24 millones que correspondieron al impacto por la reducción de los costos de producción -entre otras razones por menor uso de agroquímicos y labores- en este cultivo, el principal del país, con poco más de 16 millones de hectáreas.
Los US$ 17.973,81 millones restantes de beneficio fueron consecuencia de la fuerte expansión del área sembrada con soja transgénica, que a diferencia de los 16 millones de hectáreas actuales hace diez años sólo ocupaba alrededor de 370.000.
"Se consolidó un cambio de tendencia definitivo en la agricultura argentina", explicó Trigo. En la actualidad, en la Argentina hay 10 eventos transgénicos aprobados para su comercialización: además de la soja resistente a glifosato, hay siete maíces, con resistencia a insectos y al herbicida glifosato, y dos cultivos de algodón.
De los 90 millones de hectáreas con cultivos transgénicos que ahora se siembran en el mundo, los Estados Unidos son el principal país productor, con el 55% de esa área, y la Argentina es el segundo, con el 19 por ciento.
Otros cultivos y empleo
Según el trabajo de Trigo y Cap, sin la soja transgénica la evolución de la superficie sembrada con este cultivo no hubiera llegado a los 16 millones de hectáreas actuales: habría llegado sólo hasta no más de 8 millones de hectáreas, aproximadamente. La biotecnología no sólo aportó ventajas con la soja: en el caso del maíz resistente a insectos el beneficio llegó entre 1998 y 2005 a los US$ 481,7 millones.
Además, en el caso del algodón con resistencia a insectos, entre 1998 y 2005 el beneficio que aportó la biotecnología trepó a los US$ 20,8 millones, según el informe de Trigo y Cap. En ganadería, rubro que perdió unos 8 millones de hectáreas ante el avance agrícola, un beneficio claro del uso de diversas tecnologías fue el mantenimiento de la producción.
Aparte del impacto económico, el trabajo calculó qué ocurrió a nivel de la creación de empleo. En este sentido, el informe sostiene que la liberación de los materiales de soja tolerante a herbicida habría ayudado a la generación de casi un millón de puestos de trabajo. El dato surge a partir de la contribución de la adopción de la oleaginosa transgénica al producto bruto interno (PBI).
Además de ponderar la biotecnología, Trigo llamó a resolver "las asignaturas pendientes" para que la Argentina pueda seguir disfrutando sus beneficios.
Entre otros aspectos se refería a la marginalidad en el mercado de semillas, que sólo tiene el 20% de semillas certificadas. El resto del mercado se reparte entre el uso de la semilla propia que se guarda el productor tras cosechar y el mercado informal.
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