La cadena de ropa Yagmour pidió el concurso preventivo
La devaluación afectó sus importaciones
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Los Yagmourian llegaron de Armenia a principios del siglo pasado. Su hijo Rubén nació hace 55 años y llegó a cursar algunos años de la carrera de Economía. De sus padres heredó el olfato para el comercio y el 12 de diciembre de 1971 inauguró un negocio de ropa femenina en el barrio porteño de Mataderos. Era el primer local de la cadena Yagmour, que después de 31 años de vida se presentó ayer en convocatoria de acreedores para renegociar su deuda, de $ 7,2 millones, ante la Justicia y evitar así la quiebra.
La devaluación del peso supuso para Yagmour y sus competidores un duro golpe, según reconocen fuentes conocedoras del sector textil. Sucede que esa empresa, hasta la salida de la convertibilidad, importaba el 90% de los productos que comercializaba en sus 19 locales.
La devaluación la obligó a elevar su fabricación local, que con las décadas se había ido reduciendo del 100% al 10% de sus productos. Pero Yagmourian, que sigue al frente la compañía, se encontró con escollos para sustituir las importaciones: quedan pocos talleres de indumentaria en pie y faltan determinadas telas.
La industria textil argentina quedó prácticamente pulverizada a partir de la competencia con productos extranjeros que trajo la apertura económica. La actividad sigue cayendo, pese a que la devaluación aniquiló las compras externas: el mes pasado, el sector se desmoronó el 39 por ciento, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).
La escasez de prendas argentinas y extranjeras se ha reflejado en las sucursales de Yagmour y las de los demás competidores del rubro. La falta de crédito y el cuarto año de recesión también golpearon a esta sociedad de responsabilidad limitada, según fuentes del sector. La firma prefirió guardar silencio.
Las ventas de los comercios de tejidos e indumentaria se redujeron a la mitad el mes pasado, según un informe de la Coordinadora de Actividades Mercantiles Empresarias (CAME). La facturación de Yagmour bajó de $ 30 millones en 1998 a $ 15 millones en 2000, el último año del que se informó.
Yagmour tal vez sea la cadena de ropa femenina más antigua de la actualidad. Su éxito se basó en lo que su dueño llama “democratización de la moda”: vender prendas de buena calidad, para todos los usos y todas las clases de mujer, a un precio accesible.
Desde 1971, Rubén Yagmourian se dedicó a la compra de telas, el diseño y la confección de las prendas. En los ochenta se instaló en Barrio Norte. En los noventa incorporó una gestión profesional a la empresa familiar.
La cadena cuenta con 10 locales propios, después de haber cerrado dos durante el año pasado. En 2002 ofreció franquicias y así se inauguraron nueve negocios más, cinco de ellos en el interior: en Nueve de Julio (Buenos Aires), Córdoba, Rosario, Mar del Plata y Bahía Blanca.
La empresa emplea a 250 personas. Actualmente cuenta con talleristas propios, pero no los suficientes como para producir la mercadería que hasta hace poco se importaba.
Sus mayores competidores son las cadenas Ver y Comma. Antes lo fue Etam. En ciertos productos también compite con otras tiendas que apunta a segmentos más altos, como Vitamina. Esta cadena de ropa, al igual que John L. Cook, Chocolate, Lacoste y Coniglio, ya se presentó en convocatoria de acreedores. Yagmourian decidió que la situación no iba más y el 3 del actual se declaró en cesación de pagos. Con una empresa con activos por $ 10,2 millones, intentará sortear la bancarrota.
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