La híper le ganó la pulseada al trueque
Hace un par de años, Gladis Ruiz Díaz se asoció a un club del trueque de su barrio, en Villa del Parque, para completar sus ingresos como empleada de una fábrica textil con la venta de tortas caseras. Los primeros meses su pequeño emprendimiento funcionó en forma casi ideal. Cada torta que vendía la cobraba en los créditos del arbolito -una de las cuasi monedas que circulan en los clubes de trueque de todo el país y que originalmente tenía una paridad de 1 a 1 con el peso-, de los cuales invertía una parte en la compra de materias primas y el resto los utilizaba para llevarse a su casa otros alimentos y ropa.
Pero hace cerca de un año, la ecuación costos-beneficios se le fue de las manos. "El precio de las materias primas se fue por las nubes y me llegaron a pedir 2000 créditos por un kilo de azúcar. Al final para preparar las tortas tenía que invertir en pesos y a mi casa me llevaba papelitos", explica Gladis, que de su paso por el club del trueque conserva, a título de recuerdo, un poco más de 5000 arbolitos.
El caso de Gladis no es muy diferente del de cientos de miles de argentinos que habían encontrado un refugio en los clubes de trueque para sobrellevar lo peor de la crisis económica y social, pero en los últimos meses abandonaron este mercado informal.
En su mejor momento, entre fines de 2001 y mediados de 2002 -que no por casualidad coincidió con uno de las peores crisis de la Argentina- el sistema del trueque se convirtió en una especie de tabla de salvación para cerca de 6 millones de personas.
En forma casi paralela a la explosión de las asambleas barriales (otro fenómeno social de la crisis), los casi 6200 centros de intercambio que proliferaron en todo el país sumaron 1,2 millón de asociados, que contando a su grupo familiar representan a unas 6 millones de personas. Si bien no existen datos oficiales, en la Red Global (la organización pionera en materia de trueques en el país) estiman que en su mejor momento el sistema llegó a mover 400 millones de créditos mensuales.
Un año después el panorama que presenta el mercado de los trueques es apenas un poco mejor que el de las desaparecidas asambleas. De los 6200 centros de intercambio -o nodos, como prefieren llamarlos los organizadores- en el mejor de las casos sólo sobreviven unos mil y el número de asociados activos, con viento a favor, llega a 80.000, aunque los ideólogos del sistema ahora están embarcados en un proceso de relanzamiento del modelo con una nueva moneda.
A la hora de identificar las causas del ocaso del sistema del trueque, los economistas y los organizadores de las distintas redes -en el país existen tres grandes grupos que agrupan a los clubes barriales- no se ponen de acuerdo. Algunos le echan la culpa a la falsificación de los créditos y otros hablan del impacto que tuvo el surgimiento de un competidor de peso como los planes Jefas y Jefes de Hogar. Sin embargo, lo que aparece como factor desequilibrante fue la emisión sin control de los créditos, que terminó desencadenando una hiperinflación.
Hace poco más de un año, cuando la cotización del dólar cruzaba la barrera de los cuatro pesos, uno de los temas que desvelaba a economistas, funcionarios del Gobierno y representantes del Fondo Monetario Internacional (FMI) era cómo evitar que el país cayera en una nueva hiperinflación. Sin embargo, frente a la amenaza de la híper que la economía formal pudo esquivar con éxito, el sistema del trueque no tuvo tanta suerte.
A mediados de 2002, los créditos entraron en una espiral no muy diferente de la que se llevó cargado al austral a fines de los 80, y los precios multiplicaron hasta 30 veces su valor original en créditos.
La hiperinflación impactó de lleno especialmente en los artículos de primera necesidad, que se trocaban en los clubes. De esta manera un kilo de azúcar pasó de costar 3 créditos a cotizar en más de 300 y directamente en muchos nodos se produjo un incipiente proceso de desabastecimiento de los productos más buscados.
"El sistema del trueque fue una buena idea que se frustró por problemas de manejo. El principal error fue emitir sin respaldo. Tendrían que haber mantenido una emisión en relación con el volumen que se intercambiaba, algo que es fácil de decir pero difícil de implementar y que les cuesta manejar aun a los funcionarios del Banco Central", señaló Martín Krause, el economista que es rector de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (Eseade).
Krause no quiere cargar las tintas contra los organizadores del sistema de trueque a los que les reconoce importantes méritos, pero hace un año ya había anticipado que si el sistema no cambiaba estaba condenado al fracaso. "El trueque tal como estaba planteado penalizaba la acumulación de capital, que es indispensable para que haya crecimiento. El ahorro, aun en créditos, es indispensable para que, por ejemplo, una mujer que teje con agujas en su casa pueda un día a comprarse una máquina de tejer y de esta manera incrementar su producción", explicó Krause.
Frente a las críticas del economista, en la Red Global del Trueque prefieren hablar de un complot y del impacto que tuvo en su sistema la aparición de 500 millones de créditos falsificados, que superaban en una relación de 10 a 1 al circulante legal.
"La inflación que se desató dentro del sistema fue provocada por la falsificación que generó un mercado especulativo", señaló Rubén Ravero, quien junto a Carlos de Sanzo y Horacio Covas son los creadores de la Red Global.
Ravera no menciona en forma directa quién pudo estar detrás de la falsificación de los arbolitos, pero desliza una hipótesis. "De entrada el trueque despertó un gran recelo entre muchos punteros políticos, especialmente del conurbano bonaerense, que veían al sistema como un enemigo del clientelismo", sostiene.
Los creadores de la Red Global lanzaron en mayo de 1995 la primera experiencia de un sistema de trueques en la Argentina, que con el paso del tiempo se convirtió en la mayor red del trueque de todo el país. Ahora, Ravera y sus dos compañeros están intentando relanzar el sistema, aunque con algunos cambios. El más importante es la emisión de una nueva tanda de créditos, que cuentan con mayores normas de seguridad para impedir las falsificaciones y que reemplazan a los inflacionados arbolitos.
Para llevar adelante el recambio de la moneda, la Red Global implementó una tablita -que no tiene nada que ver con la del ex ministro Alfredo Martínez de Hoz- en la que se canjean los viejos créditos con nuevos, aunque con descuentos por cantidad.
En forma casi paralela, la Red del Oeste -otra de las organizaciones que nuclean a una gran cantidad de clubes de trueque- también está poniendo en circulación una nueva moneda. "Se cambió el billete y estamos reempadronando a nuestros socios, pero con mucho cuidado de no repetir los problemas que tuvimos en el pasado. Los nuevos créditos se van a ir imprimiento en forma muy controlada y sólo a medida que se vaya sumando gente al sistema", advierte Fernando Sampayo, presidente de la Red del Oeste, que en su mejor momento llegó a contar con 400.000 asociados y 1350 nodos. "Hoy estamos en 30.000 socios y 150 nodos, pero vamos a recuperarnos", asegura un convencido Sampayo.
Sin embargo, la tarea que tienen por delante la Red Global y la Red del Oeste no es fácil y el propio Ravera reconoce que desde la aparición de los planes Jefes y Jefas de Hogar -cuyo lanzamiento coincidió con el inicio de la decadencia del trueque- no será tan fácil recuperar el terreno pérdido. "Muchos socios se fueron cuando aparecieron los planes", admite el fundador de la Red Global.
Escuela de emprendedores
Más allá de las críticas que despertó el sistema, lo que nadie cuestiona son los efectos positivos que tuvo el trueque.
El sistema, que cumplió hace unos meses ocho años, tuvo su momento de mayor auge con la implementación del corralito y la salida de la convertibilidad que obligó a millones de argentinos a salir a la búsqueda desesperada de nuevas fuentes de ingresos. "En el peor momento de la crisis fuimos un refugio para millones de personas que habían sido excluidas del sistema económico formal", explica Ravera.
Los clubes de trueque, además, tuvieron otras consecuencias positivas que perduran hasta el día de hoy. Como señala Sampayo, estas redes se convirtieron en una verdadera escuela de emprendedores para miles de desocupados. "Lo que hacemos es alentarlos para que se conviertean en pequeños productores", sostiene Sampayo.
Por más que la mayoría de los nodos quedó en el camino, algunos de sus aciertos perduran hasta hoy.
En el conurbano se abrieron negocios particulares que venden productos sueltos como lavandina o cloro como se ofrecía tradicionalmente en los nodos. Muchas mujeres que con los trueques se habían ganado una clientela para sus comidas preparadas hoy continúan trabajando pero cobrando en pesos, y, en distintos barrios, los sitios donde funcionaban los nodos fueron ocupados por ferias americanas, donde se venden artículos de segunda mano.
Los clubes de trueque generaron su propio lenguaje específico que a partir de la explosión que vivió el sistema se masificó entre gran parte de la sociedad. De esta manera, en muchos barrios del conurbano se popularizaron términos como prosumidores (una combinación de productores y consumidores) y nodos (el término que se utiliza para designar los centros de intercambio).
En la jerga de los clubes de trueque la moneda con la que se realizaban los intercambios de bienes y servicios se denomina créditos, aunque según la red que los emite. Los más populares son los arbolitos, que son emitidos por la Red Global del Trueque y fueron bautizados así por la gente porque llevaban impreso el dibujo de un ombú.
Los créditos que emite la Red del Trueque del Oeste, en tanto, son conocidos como del "ojito", por una figura que llevan como marca de seguridad. Los clubes de trueque también generaron sus propias internas, que por momento se asemejan a las de un partido político.
De las tres grandes redes, el enfrentamiento más duro se dio entre la Red Global del Trueque y la Red del Trueque Solidario. La ideóloga de esta última organización, Heloisa Primavera (que no contestó a los requerimientos de LA NACION), acusa a la Red Global, desde su página web, de "favorecer el intercambio a través de la generación de una abundante masa de circulante, lo que se produce con la venta de créditos a todos los interesados y en una organización piramidal".
En la Red Global buscan bajarle el perfil a la disputa aunque también responden a las acusaciones de Primavera, a las que definen como "críticas de escritorio". "Heloisa llegó cuando el proceso ya estaba muy desarrollado y en un momento se convirtió en una opositora nuestra. Tiene mucha formación académica, pero poco práctica", sostiene Ravera.
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