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Algo no salió bien

La increíble historia del músico preferido del Rey Sol, que murió al clavarse su bastón de compás

Carlos Manzoni
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11 de octubre de 2019  • 14:03

El músico más destacado del Versalles del Rey Sol se convirtió en amo y señor de cuanta melodía sonara en palacio, manejó a su antojo la suerte de otros compositores y acumuló tanto poder como fortuna. Pero su melodía se salió de tono cuando, en el cenit de su carrera, se clavó su pesado bastón de compás en un pie, se negó a que le cortaran la pierna y murió tres días después, víctima de una gangrena.

Ese músico no era otro que Giovanni Battista Lulli, tal su nombre original, ya que, no había nacido en Francia, sino en Florencia, en lo que hoy es el norte de Italia, pero en su época era parte del gran ducado de Toscana. Hijo de humildes molineros, llegó al mundo el 28 de noviembre de 1632, pero al cumplir 13 años fue llevado a París, para servir como chico de cámara de la Gran Duquesa de Montpensier, que era prima de Luis XIV.

El joven florentino enseguida exhibió sus grandes condiciones para la música, puesto que sabía tocar el violín, la guitarra y el clavicémbalo. "Además, era un gran bailarín. Poco se sabe sobre cómo aprendió a tocar estos instrumentos y a bailar, pero en aquella época se aprendía gracias a artesanos que transmitían su conocimiento a los interesados, por lo que es muy probable que Lulli se haya formado así", explica Gabriel Pérsico, doctor en Arte y flautista, especializado en música barroca.

Hernán Cuadrado, violista da gamba y contrabajista, especializado en Renacimiento y Barroco, dice que se sabe que Lulli llegó a Francia de la mano de Roger de Lorraine, pero todas sus reseñas biográficas se contradicen sobre cómo llegaron a conocerse y por qué Roger intuyó que el joven valía la pena.

"Se habla de su carácter vivo, de carnavales florentinos en los que el Lulli, de temprana edad, se destacaba tocando guitarra y violín, o bailando; de su relación con actores amenizando los entreactos de las obras teatrales, o incluso de su posible vínculo con los círculos de la aristocracia florentina y con la familia Médici. Pero todo tiene un halo de misterio que quizá nunca se llegue dilucidar", afirma Cuadrado.

Tampoco está muy claro cómo llega a Versalles, pero lo cierto es que, tal como cuenta Pérsico, comienza en la función de lo que se consideraba bufón, una palabra que no necesariamente tenía la connotación que tiene actualmente. "Era una figura que estaba encargada de interpretar la música italiana, algo que él conocía a la perfección", subraya el especialista.

Retrato del gran director de música del siglo XVII
Retrato del gran director de música del siglo XVII

Pronto empieza a formar parte de lo que se conocía como "ballet de la corte", llega a bailar con Luis XIV y empieza a construir su figura. No solo es aceptado en la Banda de los Pequeños Violines del Rey, formada por el soberano para quitar protagonismo al viejo gremio de los músicos, sino que en poco tiempo se convierte en el director de este cuerpo.

Coqueto como pocos, para verse menos pequeño usaba unas descomunales pelucas y extravagantes zapatos de tacón alto, que pronto fueron copiados por otros cortesanos. Enseguida entendió lo que le gustaba a Luis XIV, que era un hombre con fuerte inclinación musical, así que logró ganarse su estima hasta llegar a ser nombrado Superintendente de Música.

Su gran sueño era ser francés, por eso, tal como puede verse en la película El rey baila, insistía con su petición al monarca. Le decía: "Soy francés de corazón, cuerpo y espíritu. Solo mi lengua es italiana, mi señor, pero si usted quiere me la corto, no la necesito para componer" (y hacía como que se la cortaba con el arco del violín). Finalmente, en 1661, el Rey Sol le dio el gusto y el gran músico fue naturalizado francés: de allí en más sería Jean-Baptiste Lully.

Lully trabajó regularmente con Molière, creando el género de comedia-ballet, sin por ello renunciar a los ballets de la corte. Después de una fructífera colaboración, Lully y Molière se pelearon y se convirtieron en enemigos irreconciliables. "Durante toda la década de 1660 los dos Baptiste, como se los conocía, interlocutores directos del rey, amigos, hedonistas, compadres (cada uno padrino del primogénito del otro), sin pertenencia a la nobleza pero habiéndose ganado a fuerza de talento y perseverancia un lugar en la Corte, forjaron una asociación de enorme éxito", destaca Cuadrado.

Pero, como se dijo, esa amistad se iba a romper, por culpa del florentino: convenció al rey para que le otorgara el monopolio de la presentación de nuevas óperas en los teatros de Su Majestad, algo que corría de la escena a Molière, ya que las obras que habían escrito en colaboración, pasaban a pertenecer a Lully, por privilegio real. "El hecho a destacar, casi como un sino de la naturaleza humana, es cómo las disputas financieras y de poder pueden destruir una relación personal y artística que por su exuberante producción y genialidad, parecía destinada a perpetuarse hasta el fin de sus días", concluye Cuadrado.

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Cortesano astuto, Lully consiguió mantener el favor real a lo largo de toda su vida, lo que le permitió vivir a cuerpo de rey en el Palacio de Versalles y manejar a su antojo la suerte de otros compositores franceses. En 1672 consiguió el puesto de director de la Academia Real de Música y se volcó a la ópera. "En el sentido moderno, uno puede pensar que cortó la carrera de otros, pero en realidad esa era la estructura de poder de ese momento. Cualquiera que hubiera estado en el lugar de Lully, habría hecho lo mismo", comenta Pérsico.

Ahora, ¿era realmente bueno como músico? "Sin dudas, sí -responde Pérsico-. Él marcó el futuro de la música en Francia y aún hoy sigue muy presente en la escena musical francesa. Durante mucho tiempo él siguió siendo referencia y, es más, desde su muerte hasta la Revolución, su música de Lully debía ser tocada en Francia. Era una especie de identificación con lo francés y el paradigma de la música francesa, a punto tal que siempre se lo mencionaba como el incomparable señor Lully."

Cuadrado ratifica la extraordinaria capacidad de Lully como músico. "Pese a que su origen era italiano, logró convertirse en el compositor más importante de Francia durante la segunda mitad del siglo XVII y en el favorito de Luis XIV", destaca el experto.

Por su posición y por los cargos que tenía, Lully podía, entre otras cosas, cobrar regalías por todos los espectáculos representados con música y ballet. No solo eso: había conseguido un título de nobleza y se había hecho con numerosas propiedades en París y sus alrededores. Como se dijo, era amo y señor de la música en Versalles, donde no sonaba una sola nota que no hubiera salido de sus partituras.

Lully se convirtió en el secretario privado de Luis XIV
Lully se convirtió en el secretario privado de Luis XIV

En 1681, Lully alcanzó el cenit de su carrera al convertirse en secretario del rey. Aquel hijo de humildes molineros florentinos era ahora el músico más importante de Francia, formaba parte de esa mezcla de lujos, placeres y excesos que era el Versalles del siglo XVII y gozaba de la estima del Rey Sol, el soberano más grande de la historia de Francia. Estaba en su mejor momento. Tocando el Cielo con su violín. Pero... siempre hay un "pincelazo" que lo estropea todo.

Estaba dirigiendo el ensayo de un Tedeum que debía tocarse en la corte, para celebrar que el rey se había recuperado de una enfermedad, y empezó a impacientarse porque no conseguía obtener lo que quería de los músicos. Con su característico temperamento explosivo, se puso furioso y empezó a golpear enérgicamente en el piso con su bastón de compás, una larga y pesada barra de hierro de afilada punta.

Golpeó, golpeó y golpeó, mirando fijo a los músicos, hasta que en uno de esos golpes se clavó la batuta en el pie. En unos días, la herida se le infectó y debió ser llevado de urgencia a lo de un médico que enseguida le quiso cortar la pierna, pero él gritó: "¡No! ¡La pierna de un bailarín, no!". El médico le dijo: "Señor, si no la cortamos, la gangrena llegará al corazón". Él le respondió: "Entonces, sáqueme el corazón, pero no la pierna".

Lully murió pocas horas después, el 22 de marzo de 1687. Se terminó así, a los 54 años, la vida del hombre que marcó para siempre la música en Francia y gran parte de Europa, dejando para la posteridad obras como Armida, Amadis, Phaëton, Cadmus et Hermione, Acis et Galatée y Psyché, entre tantas otras.

* Si querés ver la columna en vivo, sintonizá los viernes a las 23 Lo que el día se llevó (martes a viernes), por LN+: 715 y 1715 de DirecTV, Cablevisión 19 Digital y analógico/ 618 HD y Flow, Telecentro 705 Digital, TDA 25.3, Telered 18 digital y servicio básico y Antina 6 digital.

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