El equilibrio de Moliére y Lully

Comedia-ballet "El burgués gentilhombre", de Moliére, con música de Jean-Baptiste Lully. Adaptación del texto: Gustavo Fernández Wolker. Asesoramiento literario: Paulina Goldstein. Dirección de Taller de escenografía: Xavier Barrera Fontenla. Diseño de vestuario: "La trama". Compañía De las Luces. Dirección artística y musical: Macelo Birman. Organizado por la Asociación Cooperadora Amadeo Jacques. Salón de Actos. Colegio Nacional de Buenos Aires. Domingo, a las 18.30, última función. Nuestra opinión: excelente.
(0)
4 de noviembre de 2000  

Teatro, música y danza, unidos en una acción amable, es la comédie-ballet creada por Jean-Baptiste Poquelín (Moliére), con la colaboración de Jean-Baptiste Lully. Los divertimentos musicales de singular belleza y el texto, provenientes del ingenio y capacidad de los dos grandes Baptiste de Francia, representaron el gusto de aquella sociedad en la época de los Luises que, sin embargo, se vio ácidamente retratada. Pero las tradiciones de su interpretación se han perdido. De ahí que el esfuerzo de representarlas sea un desafío al ingenio y al talento musical. Ya al poco tiempo de la muerte de Lully, el abate du Bois escribió: "Quienes han visto representar las obras de Lully, cuando él vivía y cuando enseñaba de viva voz a dóciles actores lo que no podría escribirse en notas, dicen que encontraban en ello una expresión que hoy ya no hallan".

Pero hoy existe en el Colegio Nacional de Buenos Aires el maestro de música y director titular del tradicional coro, Marcelo Birman, dotado del suficiente talento y empuje como para escrutar en ese maravilloso mundo del espectáculo y materializar con la colaboración de un equipo idóneo (todos alumnos o ex alumnos del Colegio) el acontecimiento de presentar nada menos que "El burgués gentilhombre", de 1670, que marca el principio del teatro moderno.

Lograr traducir una pieza de la que fluyen vivaces melodías de corte popular, la gracia de alguna escena precursora de la ópera buffa, los pasajes corales, punto de partida de los grandes concertantes de la ópera italiana, la calma y la intimidad del arioso expresivo, donde la poesía y la música quedan definitivamente unidas en armonía, no es poca cosa.

Fuerzas conjugadas

El joven Birman, en su triple función de director musical, adaptador y clavecinista, como cabeza de la Compañía de las Luces, integrada por los alumnos coreutas que además actuaron como solistas, manejan muñecos del grupo de titiriteros que dirige Roberto Cortizo Petraglia, o son bailarines guiados por Diana Theocharidis, concretó una versión cuyo objetivo básico fue el de incluir casi en su totalidad la música original, con la sonoridad presumible de la época.

Muy bueno el conjunto instrumental, integrado por los violinistas Joelle Perdaens y Alicia Morán; las violas da gamba Federico Yácubsohn y Leopoldo Pérez Robledo, el violone ejecutado por Gustavo Rubin y el mismo Marcelo Birman en el clave. Hubo ajuste, segura afinación y muy bellos momentos de agitación e introspección, ya sea en los interludios o en la música para ser bailada, y desde este último aspecto cabe señalar la belleza y la plasticidad de algunas jóvenes bailarinas. Fue excelente la comprensión sobre los múltiples matices de la escritura de Lully, variada en modulaciones e inflexiones melódicas. Del mismo modo resultó muy segura la intervención de casi todos los integrantes del elenco, cuando intervinieron como coro. También se apreció que la mayoría de sus integrantes asimilan las enseñanzas de técnica vocal que lleva a cabo Alicia Alleránd.

Una actuación relevante tuvieron los cantantes solistas Ana María Moraitis (soprano), Manuela Reyes (mezzosoprano), Pablo Pollitzer (tenor) y Norberto Marcos (barítono), donde además de excelentes condiciones vocales y de musicalidad demostraron poseer una desenvoltura escénica fuera de lo común, nada extraño en el tenor por su reconocida experiencia, muchas veces señalada. En cambio, fue una reconfortante sorpresa apreciar la segura escuela de canto en todos ellos para traducir con claridad los adornos del estilo tan peculiar de Lully, siempre de refinada delicadeza.

Grandeza y elegancia

Además de manifestarse de un modo categórico la seriedad y envergadura del trabajo llevado a cabo en la faz musical y del espectáculo, fue formidable el respeto a las ideas de Moliére, con esa diversidad idiomática utilizada en la escena del Ballet de las Naciones, cuando el protagonista ofrece a una pseudoalteza turca una fiesta, en la que intervienen en su idioma gascones, suizos, españoles e italianos, naturales de Poitou.

El Salón de Actos del Colegio Buenos Aires prestó su atmósfera para estar cerca de la grandeza, elegancia y brillo de palacios de la época del clasicismo y de Luis XIV, el Rey Sol. El público desbordó la capacidad del lugar y fue mucha la gente que quedó sin apreciar la propuesta que se representará una vez más el próximo domingo, a las 18.30, pero que es merecedora de más funciones, no solamente por su alto valor pedagógico al posibilitar estar en contacto con un género poco usual en la vida musical de Buenos Aires, sino porque mueve valorar a una juventud que contradice el pesimismo sobre nuestro futuro.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.