
La industria del juego se duplicó en dos años
La fabricación de equipos mueve US$ 100 millones anuales
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No se ve un solo billete en la fábrica Cirilo Ayling, en Avellaneda. Pero hay máquinas como para contar millones de pesos, en billetes y monedas. El responsable de esta empresa que provee equipos y sistemas de pago a salas de juego de todo el país, Derek Horton, recorre una planta que tiene 40 años y no para de ampliarse.
"El mercado del juego está cada vez mejor", dice. Y señala la última máquina desarrollada en la planta: "Cuenta un millón de monedas por fin de semana". Cuesta 2000 dólares y está funcionando hasta en un casino de Montreal.
Como director ejecutivo de la Cámara Argentina de la Industria del Juego de Azar (Caija), entidad que preside el empresario Miguel Cóppola, Horton le pone cifras al sector: anticipa que este año los fabricantes que representa van a facturar más de US$ 100 millones. "Ya son más de 2500 los puestos de trabajo vinculados con la industria del juego", resalta.
Los fabricantes consultados por LA NACION dan testimonio del crecimiento de la demanda de máquinas para casinos y bingos, que en algunos casos superó el 100% en los últimos dos años.
El presidente de la fábrica de ruletas electrónicas Dayco Gaming, Daniel Cuacci, monitorea la etapa final de una máquina de US$ 80.000 que parte al casino de San Luis. Por experiencia propia (hace 20 años que está en el mercado) define el crecimiento de los últimos años como "interesante". Y contrasta: hace 5 años eran apenas 5 personas trabajando en su planta; hoy son 25.
"En los últimos dos años pasamos de facturar 15.000 a 300.000 pesos", reconoce el empresario. Aunque apunta que los costos también se le encarecieron por los componentes importados que requieren las máquinas. "Son productos de gran valor agregado", asegura.
Explica que en su empresa crece exponencialmente la inversión en desarrollo: más de la mitad del personal se dedica a los sistemas electrónicos y de software.
Su colega de la fábrica de ruletas electrónicas Montalay coincide en destacar el nivel alcanzado por la industria nacional, que le está abriendo las puertas de los grandes casinos del mundo. "El mercado local va creciendo de manera constante, y en el internacional cada vez somos más competitivos", señalan en la gerencia.
Aumento de costos
Montalay es una evidencia contundente del cambio: la fábrica nació en Perú, hoy produce en la Argentina y exporta no sólo allí, sino también a Colombia, Chile, Guatemala y Panamá, donde ya tiene oficinas de distribución. "Comercializamos un volumen de 100 ruletas en promedio", calculan en la empresa. "El año pasado vendimos 80 y hace dos años, unas 30", contrastan.
Según los balances de la compañía, por los aumentos de costos de componentes importados, la ruleta electrónica de 12 posiciones se encareció bastante y hoy cuesta US$ 124.000. Sin embargo, explican que tuvieron que reducir márgenes de ganancia para no perder competitividad. Ahora -aclaran- logran sostener la rentabilidad por la optimización de los procesos y las mayores ventas.
La fábrica de tragamonedas R. Franco Argentina aporta un ejemplo del crecimiento exponencial del mercado del juego. Hace 4 años que iniciaron el desafío de competir con las slots importadas desde Estados Unidos, lanzando un modelo desde la Argentina. No se arrepienten.
El responsable de control de gestión de la empresa, Cristian Fogelberg, señala que la demanda no para de crecer: hoy le parece mentira cuando anuncia que la fábrica produce unas 100 tragamonedas mensuales, máquinas que cuestan entre 10.000 y 20.000 dólares.
Para el industrial, un momento crucial en el repunte del sector fue la puesta en vigor, en la provincia de Buenos Aires, de la legislación que obliga a las salas de juego a tener un sistema de administración online, es decir, todas las máquinas deben estar conectadas en red. Esto, al tiempo que transparenta los volúmenes de recaudación de las empresas, para la industria significó desarrollar máquinas con software que permitiera esa interconexión.
"Muchas salas tuvieron que renovar las tragamonedas. Eso fue un impulso de demanda importante", comenta Fogelberg, y aclara que a su industria le implicó invertir para potenciar el área de desarrollo y sistemas. Agrega que, además, el pasado fue un "muy buen año" porque se renovaron por 15 años las licencias de todos los bingos. "Esto fomentó aún más la inversión fuerte en el sector", concluye.





